sábado, 29 de septiembre de 2012

Princesas de Septiembre

Hay princesas que aparecen en Septiembre
vestidas de niebla y de abrazo,
de mujer de sonrisa florecida
cuando el otoño se empeña
en ponerte el vestido ocre,
cuando el silencio del frío empieza
a comerle terreno al ruidoso verano.

Tu sonrisa iluminará
los días cortos de luz,
mientras que yo te contemplaré
desde la distancia
esperando a que la noche
no caiga eternamente.

El brillo de tus ojos
centelleará más que las estrellas
y la Luna saldrá insomne
y volátil a buscarte.
Yo intentaré sujetarte,
me gustaría pedirte
que te quedases aquí,
conmigo a mi lado,
en la misma baldosa de vida y respirar
la misma molécula de oxígeno que tú.
Pero mis dudas me asaltaran
y se cubrirán de ligeros parpadeos
entre el si y el no,
entre el cielo y la tierra.

Me gustaría que te quedases aquí, conmigo,
porque aquella noche en que te vi,
una runa se colocó de forma
que me dibujó el futuro
y allí pude verme,
no sé si fue deseo o realidad,
pero lo vi contigo
entre jardines de rosas frescas,
entre aromas de azahar,
conquistando distintas ciudades y países,
subiendo a la Torre Eiffel,
y desde allí divisar
a todos aquellos que un día
nos robaron la alegría.

Nuestras carcajadas serán
la banda sonora de un telefilme que acabará
con una inmensa lluvia de pétalos sobre ti,
y con el Sol entregado a todo aquello
que soñé algún día
y por supuesto a tus siluetas
que serán el mapa que dibujará
el camino que debemos andar.

Seremos fieles al norte
e insensatos con el sur,
seremos sonrisas con lágrimas
porque al fin somos aire,
y volamos sobre todos
y nadie puede alcanzarnos,
nadie excepto el miedo
del que quiero alejarte
porque seré ese que merece
llevarte a cruzar eternamente la inmensidad
de los distintos tonos del color azul.

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