Sécate las lágrimas negras del alma
que yo bebí de ese veneno
mientras esas perlas oscuras
recorrían impacientes el sendero de tu cara.
Sécate las lágrimas
porque no mereces vestir diamantes,
ni ser estrella fugaz
con las pupilas dilatadas.
Eres dueña de una sombra de luz.
Eres sal marina en mis heridas
eres el dolor de mis entrañas
y esa... y esa de ahí, eres tú.
Pero sécate las lágrimas negras del alma
porque yo marché en silencio
y en mi espalda pesan demasiado
las piedras que llevo colgadas.
No pierdas ni un segundo
en llorar esmeraldas por mi,
no merece la pena ser uno más.
No pierdas el tiempo
pensando si voy a venir,
vendré cuando tenga que ir,
pero ten claro que entonces,
no vendré por mi.
Mientras tanto olvídate de pensar,
mientras tanto duerme tranquila,
que pase lo que tenga que pasar,
y sécate las lágrimas negras
que tus pupilas incendien la noche
hasta que lo apaguen de nuevo
las rizadas olas del mar.
Hay lugares donde escapamos sin necesidad de movernos del sitio, este pretende ser uno de ellos. Disfruten de su estancia y sientan las palabras.
viernes, 13 de julio de 2012
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