Cazadores de rayos.
Vendedores de hipocresía.
Desde la primera mirada honesta
la mano que te tendieron vendías.
Envuelves con lazos rojos
los oídos de quien te escucha.
Predicas la verdad
pero tus actos cobardes
abrazan la crueldad.
Intentas seguir sincero
el camino de la franqueza
pero los demonios envidiosos
aniquilaron al ángel
que dormía al lado de tu cabeza.
Ahora que caíste al bando vendido,
ahora que abriste las ventanas al rencor,
ahora que duermes con tu enemigo
ahora que el odio se viste de rumor,
susurras miedos, incapaz de pedir perdón.
Cuando la envidia se sienta a la mesa,
la amistad sale por la ventana.
Antes mirabas a los ojos,
las espaldas reposan silenciosas
como puertas que se miran frente a frente.
El tiempo transforma los halagos
en ironías vestidas de cortesía.
Soflo miras de lejos
para aplaudir una caída.
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