domingo, 28 de junio de 2015

Ayúdame

Ayúdame a volar con las alas rotas.
Ayúdame a llegar lejos.
Quise seguir al viento,
y me tuve que conformar
con mantener el aliento.

Tuve que poner pie a tierra,
descansar un segundo,
antes de comenzar de nuevo
mi viaje a tus paraísos desiertos,
alejándome de antiguos recuerdos.

Tuve que descansar,
escuchar el silencio del alma.
Tuve que sentarme
a ver a unas gaviotas volar.
Tuve ganas de gritar.

Y ahora me elevas a una nube,
para que vuele sin miedo
a si caer me dolerá.
Caeré sobre el algodón de azúcar,
que disfrutas sin lágrimas de sal.

Tu me diste fuerza sin preguntar,
donde quiero llegar.
Poco te importó el destino,
solo quisiste que volviera a soñar,
a sonreír, a cantar.

Tus alas serían las mías,
cuando no lograse volar.
Mi carga sería más liviana
si entre los dos compartimos
el peso de esa estrella de mar,
si nos acariciamos antes
del beso que aún falta por dar.

Tus alas son mis alas y tu piel
un vestido de seda que acariciar.
Tus sueños son infinitos,
ahora que queremos soñar.
Solo me engancho
a tu sonrisa de felicidad.

Ayúdame, te dije...
Ayúdame a encontrar el tiempo
que nos falta para amar
sin miedo a que se pueda acabar.

El Sol del Viernes

Que el puzzle de dos piezas de tu boca,
se torne en una sonrisa al verme.
Que dos ojos tristes
se conviertan en el Sol del viernes.

Que una gaviota robe una rosa,
para que se posé en tu ventana
para cuando despiertes.
Que los besos sean dulces,
y el amor sea quien gobierne.

Que el silencio sea sincero,
y el amor llegue sin esfuerzo
para que siga siendo el primero
de los motores de nuestro sendero.

Que Dios se apiade de nosotros,
cuando llueva y el odio nos moje.
Que el tiempo se haga infinito
cuando al fin te abrace,
y al final del sueño
este loco de atar por ti
se estrelle, kamikaze.