miércoles, 28 de noviembre de 2012

Titánicos

Todo se hundirá como el Titanic, todo quedará en el fondo del mar, sumergido dentro de un gélido recuerdo tras chocar con miles de icebergs en forma de realidad. Ya nada ni nadie puede salvarnos, ya nada es tan cálido como lo fueron besos que nos dimos. No quedará ni un reducto de lo que fuimos, no quedará nada, sólo hielo y agua por los cuatro costados.

En el trayecto de la superficie al fondo intentaremos agarrarnos a cada valioso momento que se hunde con nosotros. Intentaremos que sea lo menos doloroso posible, pero el poco oxigeno de nuestros pulmones hace que nuestro cerebro cada vez trabaje más lento. No somos nada, solo un cuerpo, un misero cuerpo que cae sin intención de volver a subir. Ya nadie puede salvarnos. El arrepiento ahora no sirve de nada.

Nuestro cuerpo golpea lento contra el suelo, nuestros ojos echan un vistazo por última vez a lo que nos rodea. Apenas un atisbo de claridad, solamente el cristalino de otros ojos, otras gentes, otros iguales. Paradójicamente, a escasos metros de donde descansa nuestra espalda, las llamas esperan llenas de la vida que nos falta y que ansía recibirnos. Otros mundos, otras historias, otros espectros, pocas glorias.

El infierno, es el lugar que nos espera después del frío, del suspiro y del hielo. Con su dueño, con su empeño en poner chispa a una nueva vida. Con su ironía y su mentira. Allí nos empadronaremos eternamente, allí viviremos. Ese que llamamos Dios se cansó de salvar nuestro pellejo. Ya nadie vendrá a salvarnos, ya no tenemos remedio, no conoceremos la palabra consuelo.

Paisajes oscuros marinos se adueñan del cuerpo, infiernos en llamas se visten cielo, y ni tú ni yo nos quisimos, ni nos querremos; ni tú ni yo venceremos. Seremos herederos del silencio y breves prisioneros de lo frágil del tiempo. Seremos el fracaso de El Creador, seremos puñeteros hasta decir basta por no ser sinceros, y el agua sera quien nos desnude de cada uno de nuestros vestidos falsa moral, el agua nos disfrazará de misero esqueleto, y ahí al fondo, por fin descansaremos.

Nadie se acordará de nosotros. Nadie ni nuestros enemigos ni los acreedores que yacerán en el mismo infierno. Seremos parte del hundimiento del Titanic, seremos quien hundió el cielo, seremos acero, seremos indestructibles pero nos mató la fragilidad del agua en forma de sentimiento y hielo.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Marlene

De vacíos jarrones,
flores de colores y luces,
a polvos en camas flotantes.
De bendiciones innecesarias,
mochila de incoherencias
y vinilos de canciones raras.

De falso cinismo liberal
a ideas brillantes y mediocres.
De amarillos cerezas,
entre sueños de Heidi dormir
y ser inconscientemente feliz.

De otros creerse extraterrestres
con dos cabezas volátiles pensar,
una la que aguanta los hombros
otra vive anclada en gritos
y en su falsa realidad.

De estrellas sin brillo,
de gloss y carmín,
de mortal, arsenal y postín.
De reinas de las noches,
de taconazo y Drag-Queen.

De Madrid a Barcelona,
semáforos en rojo y alta velocidad.
De Barcelona a París,
gaviotas olvidadas emigran sin ti.
De vuelta a Malasaña,
experimentar de geisha
en un antro llamado Pekín.

De aliento a café y petas,
y siluetas de humo de tabaco,
a whisky, cristal y anfetas.
Billete de droga blanda,
para flotar, o explotar,
o viajar cerca y llorar.

De imágenes aturdidas,
a niño cisne en obra teatral.
De adolescente plebiscito,
abusan recuerdos cargados
de contenido sexual.

De márgenes negativos.
De menos por menos es más,
a ¿Dónde están tus amigos
si es que llegaron a estar?
De Celestina sin nadie que amar.

De neones a leds,
de "por mis cojones"
a indomable Marlene.
De inocente timidez
a papelina, a Le Femme.

De chica Almodovar
a vivir a cuenta de otro
varias noches de espera.
De piernas abiertas
hasta que se acabe la dignidad
que sirvieron de cena.

De nadar en el hielo de un glaciar
a "otra copa que se vuelve a aguar".
De vírgen maestra en artes de cama,
a traviesa gata de peep-show,
gimnastas de barra vertical o ama.

De sumiso carnal,
a puta de bajos fondos
en el mugriento baño
del peor garito del Bronx
de una olvidada ciudad.

De paisajes escondidos
a paraíso vulgar e infernal.
Las canciones de amor de entonces
lloran por otro gramo más.
La vida que acaba pronto,
sin llegar a la fecha de caducidad.

De Marlene vuelta a Javier.
De irreverente personalidad son
los ultimos deseos a conceder.
Epitafio en plata sobre mármol,
mensaje escrito al revés.

Espejo y líneas blancas paralelas.
Viaje eterno a los miedos
vestido de noble nogal.
Estrella en el Salón de la Fama,
en el suelo de la Cañada Real.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Hoy te eché de menos, amigo.



Hoy te eché de menos, amigo. Hoy necesité de ti y no te encontré, bien porque no busqué lo suficiente, o bien porque te escondiste bajo la cama de mi olvido. Hoy necesité de ti, pero ya no estabas. Te habría contado tantas historias, que todas las cervezas que nos hemos tomado juntos a lo largo de esta vida, habrían sido pocas porque hoy me pasaron muchas cosas; porque hoy necesité de ti y no estabas. Prometimos con sangre que seriamos hermanos siempre, pero hemos incumplido la premisa y ahora tu sangre me quema en la cicatriz que dejaste a la altura de mis muñecas. Hoy te eché de menos, pero no estabas. Hoy te eché de menos mientras que descubrí en el suelo que tu sombra seguía cerca y tu ausencia era algo más que sentir tu brazo por encima de mi hombro.

Ya no recuerdo si te fuiste o, por el contrario, me fui yo. Ya no recuerdo ni tan si quiera si lloré. Sólo recuerdo que hoy me ahogué en el mar de las lágrimas que desembocaron en mi boca, y tú no viniste a darme aire, a sacarme del río de pena tóxica en el que me estoy bañando. Ya no alcanzó a divisar en la vaga memoria la última fotografía que el destino me disparó a tu lado. Seguro que entonces sonreíamos juntos, seguro que entonces el dolor del otro era el dolor de uno. Hoy te eché de menos, y un poeta escribió que la distancia no es cuan lejos estemos, la distancia es más cuando el silencio se hace dueño de nuestros misterios, la distancia es si no nos vemos.

Otra vez más que necesité de ti, amigo; otra vez más que me sentí solo rodeado de multitudes que me gritan, feroces, salvajes, indomables e incalculables. Otra ocasión más para enmendar los errores. Otra vez que me acosté vacío a mi lado izquierdo, tras actuar en el teatro de los horrores de los que se escudan en los lamentos de otros. Quizás matar no sea suficiente si hay que salvar la cara de uno mismo para después sin escrúpulos bañarse en el odio derramado de los corazones rotos. Otra vez más, otra vez menos, otra vez que eres angustia por dentro porque hoy te eché de menos, e inconsolablemente lloré. Innegociablemente viajé a orillas de la oscuridad tenue y lúgubre, y allí solitario, me senté. Vagabundos flotaron mis pensamientos alrededor de mi cabeza, pidieron la escasa limosna a mi alegría, y repentinamente mi respiración se quedaba sin aliento, sin ganas, con penas que ardían en llamas junto con un puñado de mis misterios sin resolver, Vomité las barbaridades que se clavaban en los nervios que duermen en mi estomago.
 
Hoy ya no es ayer, y volví a necesitar de ti, amigo. Hoy sentí que el mañana no va a volver cuando mañana sea ayer, Cuando todo pasé, vendrás, cuando el dolor haya cicatrizado, y mi alma descubra que no estuviste cuando debiste estar. Para entonces, es posible que yo no sea quien debo ser. El ayer caerá en el olvido, y el futuro será, para mí, volver a sentir vacío el hueco en que ayer hubo, sangre, vísceras y un corazón latiendo al ritmo de la felicidad. Hoy ya no es ayer, pero la pena me llena el estomago y me quita las ganas de comer porque ya no formas parte de este minuto que ha pasado desde la última vez que te eché de menos.

¿Cuántas veces me pregunté que sería de ti, amigo? ¿Cuántas veces deseé volver a recorrer contigo el camino de la vida? ¿Cuántas veces maldeciré nuestra mala suerte? ¿Cuántas veces bendecí tu fortuna, en otro tiempo mía? ¿Cuántas veces, cuantas? ¡Cuántas! Hoy te eché de menos, y tú por desgracia para mi espalda, no estuviste ahí para elevar mi mochila, mientras subía los peldaños de esta longeva y eterna escalera. ¿Dónde estarás? ¿Por qué camino de piedras vagabas? Todo era más fácil cuando los dos tirábamos de las riendas de las decisiones establecidas por la sociedad. Mientras repartíamos el peso, sonreíamos, bromeábamos. El sol nos daba en la cara y sentíamos como sentíamos porque una mirada nos valía para saber lo que pensábamos.

Te imagino ahondando en otros lares, descubriendo nuevos caracteres. Te imagino sonriendo en brazos de mujeres que también me enamoran a mi, te imagino rodeado de éxito. Te imagino guardando en cajas cada uno de los libros de cuentos que escribimos juntos, clasificándolos por años, por géneros literarios, por artes, por dramas, por ensayos. Recuerdo del noventa y seis, reza la etiqueta de la última caja que soñé que colocabas en las estanterías del trastero de los momentos vividos. Te imagino recordando, te imagino imaginando donde estará el tiempo, y porque ya no estamos y nos empeñamos en pensar que no se ha acabado cuando la realidad es nos sentimos como dos extraños.

La pena y el desconsuelo, son hoy mis dos compañeros de piso. La soledad y la tristeza se convirtieron en amantes huidizas en mi cama. Las lágrimas fueron grafitis en la explanada del tiempo y mientras, yo clamo al cielo la clemencia que merece un injusto condenado a muerte. El drama se cebó conmigo, y yo no hago más que echarte de menos amigo. El rojo pasión se convirtió en fuego y arrasó vidas nonatas. Juveniles sueños se diluyeron en el café amargo y mi voluntad parió miedo. Bebí del pequeño frasco de veneno del odio.

Quizás te expulsé yo, amigo. Quizás te abrí la puerta para que la cerrases por fuera, y ahora fruto del arrepentimiento, te añoré como a quien se le antoja un último beso de despedida y es negado porque todo tiene un final igual que tiene un punto de partida. Aun así te echo de menos mi hermano, mi amigo. Ven a buscarme cuando te canses de tu camino, porque aún no comencé a andar el mio. Te echo de menos, tanto que cuando vuelvas, o cuando te encuentre, lo más probable es que seamos dos desconocidos, y entonces tendremos que volver al punto de partida. Cincos dobles y saldremos a la casilla de salida. Tomaremos la barra de un bar, y nos sentaremos en las altas banquetas verdes, y allí diseccionaremos momentos y vidas. Beberemos tanto que el ácido de nuestras lágrimas quemará nuestras mejillas. Las dejaremos correr hasta el corazón, para que la cicatriz quedé cerca de donde reside el sentimiento y sepamos mirando hacía arriba cual es el camino hasta la razón. Lo que si sé seguro, es que por nada en este mundo, ni tú ni yo, nos guardamos rencor.

Hoy te eché de menos amigo.
Hoy te eché de menos,
aunque espero que vuelvas 
a mi lado, a sentarte conmigo,
porque ayer te eché de más,
y hoy me ahogó
a manos llenas el olvido.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Suele ocurrir

 
                Suele ocurrir que caemos en el olvido antes que en el recuerdo, entonces los guarismos no cuadran y las adicciones se convierten en sustracciones de sangre para regalárselas a tus enemigos antes de que varios ángeles negros vengan a buscarlos con las alas gastadas de tanto agitar, con la mirada nublada del absurdo humo que se escapa del vacío infernal, con las deudas escritas en un papel que la conciencia aún conserva bajo aquella botella de vino que nos hizo olvidar cualquier problema que viene a sentarse en la mesa con nosotros para intentar indigestarnos.

                La ventaja de caer en el silencio y en la oscuridad de los que un día te quisieron, es que la vida te regala una nueva oportunidad para volver a reinventarte. La ventaja de la penumbra es que te puedes reír de todo cuanto quieras que ni siquiera tus amigos verán tu irónica sonrisa al pasar. La ventaja del silencio es que oirás a quien venga a hacerte daño por muy sigiloso que sea su caminar. La ventaja del olvido es que no trascenderá sobre el resto de los mortales, el asesinato de sus recuerdos contigo porque no supones nada para ellos.

                Suele ocurrir que a orillas del corazón, entre los ríos de lágrimas, crecen las semillas de la frustración, dando fruto a las inmensas llanuras de las cosechas de odio que se recogen en las jornadas de ocho horas. El resultado es que hay más hectáreas que segar que frutas prohibidas que recolectar. Pobre bagaje, pobre estomago que alimentar. El mundo sufre una ola de hambruna y todo es debido a las envidias, todo se debe a las veces que nos hemos mirado a la cara, carentes de cualquier ápice de sinceridad, carentes de fidelidad.

                Sucede a veces, que cuando te das cuenta de que empiezas a sentir, los sentidos te abandonan, y tú, te marchas tras ellos. Te marchas y emigras hacia el exilio del alma, hacía ese alejado país vallado en la frontera y vigilado por ejércitos invencibles de soledad. Donde cualquier dictador es bien recibido siempre que el miedo sea su carta de presentación, siempre que temamos pronunciar en nuestros labios un te quiero incontrolado. Siempre que tengamos miedo a que nuestro corazón sea desahuciado tras ser terriblemente hipotecado.

Suele ocurrir que cuanto más sincero eres contigo mismo, más sordo se queda el mundo, más mudo parece uno. Suele ocurrir que el pasado pesa más que el presente, y que por eso el presente escribe en letras grandes y oxidadas el futuro que vendrá. Ocurre cuando decimos te quiero, que el silencio nos conteste con cara de incredulidad. Aunque hoy en día, cuando confiamos haberlo visto todo, el guión a manos de cualquier ser humano se altera con una extraña facilidad; como quien traza líneas sin ordenar sobre un lienzo en blanco, con la única intención de manchar.

Ocurre a menudo que somos humanos y que estamos obligados a confundir la fantasía de la realidad, sin más ánimo que tener una ilusión que nos empuje a caminar. Somos un pedazo de risa, somos un trozo de vida, pero si no prendemos una cerilla no somos mas que un pedazo de papel liviano en medio de una tormenta, arrastrado por el huracán de la infelicidad. Pasemos los lunes al sol, que mañana martes Dios dirá. Seamos sinceros, seamos limosna de domingo en aras de volver a empezar sin tener mirar hacia detrás.