domingo, 19 de diciembre de 2010

Canción de muerte

Un piano muere lento a orillas del mar,
su teclas caen ahogadas una a una,
como cayeron notas
decadentemente tocadas aquella noche.
No quedan claves melódicas,
no quedan emociones que nazcan
ni queda nácar en su tapa.

Aquella guitarra se golpeó con el rompeolas,
resquebrajó su caja,
y sus cuerdas saltaron por el aire.
Un alarido salió de ella,
un crujido que aún retumba
en los oídos de los sordos,
un llanto eterno imposible de rellenar.

Retumbaron fúnebres tambores,
al redoble del crujir de las olas
sobre la piel muerta que le recubría.
Se deshicieron las partituras,
se ahogó en el agua
la realidad de mi musa,
la madre de la música.

La más armoniosa voz del mundo
se quebró al acecho de las olas,
y dejó inerte su cuerpo.
Nunca más nacieron emociones,
y todos lloraron,
todos menos su asesino
conocedor del malicioso destino.

La canción de muerte
fue tocada por el agua,
los acordes son menores y desconocidos,
y sus notas no son siete.
En esta armoniosa nana
no hay lugar para los detalles...
Nos lleva y nos trae,
nos embelesa, nos duerme,
nos humilla y nos mata.

La música murió entonces,
ya nadie se atrevió a acercarse a ella,
¿Quién la hechizó?
¿Quién formuló el conjuró
para sacarla del paraíso
y llevarla al infierno?
Nadie hizo nada por ella,
simplemente la dejamos ir lentamente,
simplemente se marchó.

Adiós recuerdos, adiós

Estás ahí, estás en mi cabeza,
pero no puedo escribir sobre ti,
ya no puedo, no puedo más
el olvido ha ganado la batalla a mi corazón,
ha borrado los recuerdos de mi mente
y ahora toca recoger
las pocas cosas que quedaron por el suelo.

Seremos felices...
Cuando esta historia empiece de nuevo
yo estaré sentado
a merced de lo que decida la marea,
y me dejaré llevar...
Ese pensamiento
ha manejado mis días a su antojo,
ha jugado con mi realidad
y ahora ya no queda nada.

Confieso que en parte me alegro
de este vacío que se ha quedado por dentro,
es complicado de entender,
es posible que, sólo yo, le de sentido a todo,
pero el sentimiento se ha caducado.

Por otra parte,
la tristeza se apoderó de mi
porque ese recuerdo,esa sensación
fue algo que nunca quise que desapareciera...
¿Tiene algo de masoca mi comportamiento?
Nunca me gustó la vida fácil,
pero ahora ya no queda nada,
no queda una carta, ni una foto,
no queda ni un rasguño,
ni tan siquiera un minuto...

Adiós recuerdos, adiós,
no volváis cuando suba la marea...
Adiós sentidos, adiós,
me quedaré en este suicidio de sentimientos,
buen viaje compañeros,
fue un placer intentar retenerles
pero ustedes quisieron irse.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Abrázame

Abrázame...
Esta noche tengo el corazón frío
y la sangre que recorre mi cuerpo está caliente.
No me dejes solo
que necesito compañía.
Tus cálidas manos,
el roce de nuestra piel sin temor,
pueden salvar mi espíritu
y llenar de motivaciones
mi última expiración,
romper las cadenas de mis deseos,
lograr mi penúltima liberación.

Abrázame,
que no siento la candidez del alma.
Siempre intenté
que mis acciones no fueran en vano,
pero no me queda mas
que un rayito de Sol
para alumbrar mi próximo verano,
desvelaré la mentira de mi cuento
para cuando entregue las llaves
de las puertas de mi cruel infierno
y navegue entre mis sueños profanos.

Abrázame,
que los días pasan rápido
pero mis años son eternos.
Abrázame
porque mi memoria quedó anclada
en la silueta de sus voluptuosos senos,
y hoy yazgo aquí entre sus recuerdos,
agitado a la par que cansado
y con los sentimientos
que forman los cuadros de mi camisa rasgados.
Hoy déjame llorar contigo
porque a la luz de la luna del mañana
celebro el funeral por los sentimientos
que se quedaron encallados
en el puerto del olvido.
Abrázame,
sólo abrázame y cuídame,
porque mi corazón ha muerto de frío
y aún tengo la sangre caliente.

martes, 14 de diciembre de 2010

¿Quién se ve reflejado en el espejo?

¿Quién se ve reflejado en el espejo?

Esa fue la primera pregunta que me hice al levantarme aquella mañana... Mi rostro parecía desfigurado, irreconocible. Aquel no era yo. Debía haber sido una posesión, una abducción extraterrestre que al devolverme a la Tierra se había confundido al enviarme de nuevo al planeta azul. Mire a mi alrededor, y efectivamente, aquella era mi casa. Tan bien decorada, con tanto gusto. El estilo minimalista, estaba presente en todos los lados. O no, porque hoy en día a lo que llamamos decoración minimalista es más bien a no tener apenas decoración. La sociedad de hoy en día, camina en líneas rectas, intentando complicarse lo menos posible la vida. Somos la herencia de generaciones que han sufrido por sacar adelante a los suyos y posiblemente, ante tanto trabajo y sufrimiento, nosotros nos hayamos aburguesado.

Me volví a la habitación y allí estabas tú, semidesnuda, con el pelo ligeramente enmarañado por el roce de la almohada, y tu hermosa cara, pálida, ligeramente hinchada por una noche entera durmiendo del tirón, a pierna suelta. Te diste la vuelta, me miraste y me dijiste:

- Buenos días, cariño.

Me sorprendió que no te asustases, aquel no era yo y a ti no te importaba, aquel era otro disfrazado de mi. Entonces me vestí como si nada, intenté aparentar normalidad, intente comportarme como si fuese yo. Nos marchamos a trabajar. Al entrar en aquel edificio, todo el mundo me saludó como si nada. Todo era normal. El jefe seguía siendo el mismo, mis compañeros y las mismas charlas de siempre, las mismas dudas, todo seguía igual pero mi incertidumbre iba en aumento. ¿Cómo podía ser que nadie se diese cuenta de que aquel no era yo?.

A medida que pasaba el día menos entendía lo que me estaba pasando. No era normal que nadie se diese cuenta que mi cuerpo había sufrido una mutación, que tenía algo distinto. Había dos opciones, o todo era un mal sueño o había estado viviendo durante años en una mentira, una burda mentira de la que todos habíais sido cómplices y de la que ahora no os resultaba extraño el seguir el juego aún a pesar de mi enajenación mental. Estaba viendo fantasmas en todos lados, estaba asustado.

Tomé el camino fácil. Llegué a casa y busqué entre los recuerdos de días pasados. Me puse el viaje de novios, aquel viaje que hicimos a las Seychelles, en ella se nos ve tan felices, apasionados, ingenuos, enamorados. Pero... ¿Quién es ese rostro? ¿Quién es? Ese no soy yo, ese que te abraza mientras paseamos, ese que se ríe contigo, ese que te... Enfadado me fui al álbum de fotos, todos nuestros recuerdos, en todos aparecía otro, en todos lados, no era yo. ¿Qué podía hacer? Esta locura me estaba matando por dentro. Nadie entendía que me estaba pasando. Me tumbé en la cama boca abajo, y lloré. Lloré tanto que note la humedad en las sábanas, tantas lágrimas cayeron que levantaron tu perfume sellado en aquella ropa de cama, lloré por tu vuelta, lloré. Te eché tanto de menos que te necesitaba cerca. Era posible que ella tuviese la solución así que, me fui a buscarla.

Agarré el coche y me dirigí trescientos kilómetros al sur. Sin mirar atrás. Sólo esperaba que los fantasmas no me siguiesen, esperaba que se quedasen tras las cuatro paredes que envolvían la casa. Así que para confirmar que era así, que el hechizo se había roto al abandonar aquella ciudad baje el parasol y me miré en el espejo. Aquella seguía sin ser mi mirada. Un ataque de íra, me hizo romper el espejo de un golpe. Las lágrimas inundaban mis ojos. Arranqué el espejo retrovisor, y seguí conduciendo, cada vez más rápido, de forma más temeraria a pesar de la fina lluvia que empezaba a caer. Hasta los elementos se ponían en mi contra, era probable que estuviese firmando mi condena a muerte. Tras dos horas y veinte minutos de conducción llegué a mi destino. Lo que menos pensé al levantarme aquella mañana era ir a aquel lugar.

Paredes de cal blanca, y macetas colgadas en las rejas. Aparqué delante de la puerta, y salí del coche. La lluvia que me había acompañado en la parte final del viaje, se había hecho mucho más intensa en esos últimos kilómetros y al bajar del coche, me empapé. El nerviosismo que llevaba en mi interior me hizo tropezarme al abrir la puerta del coche y querer salir de él. Caí de rodillas al suelo, no me hice daño pero permanecí a cuatro patas unos instantes. Dolor, rabia, inseguridad. Todo se mezclaba dentro de mi. Todo me hervía todo me llevaba a una única respuesta, pero me negaba a aceptarla. Me levanté y fui corriendo los pocos metros que me separaban de la puerta de aquella casa. Llamé al timbre y aporreé la puerta, hasta que una voz de dentro, aquella dulce voz preguntó.

- ¿Quién va?

Las palabras apenas me salían de dentro, la angustia impedía que mis cuerdas vocales hiciesen el trabajo como debían. Entonces la mirilla se abrió. Entre aquellas hendiduras de latón, vi tu rostro y la paz llegó a mi como un rayo de luz que se cuela entre una ventana al amanecer y nos golpea directamente en la cara mientras dormimos. Me abriste la puerta y me abrazaste.

- Hijo... ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? ¿Qué haces aquí?

Pero esta vez, sus palabras en vez de derrumbarme más, me aliviaron. Al contrario que las palabras de mi esposa, las de mis amigos y compañeros. A pesar de que en las fotos y vídeos no saliese yo, a pesar de ver un rostro en el espejo que no era el mío.

- Madre... Este que ves no soy yo.

- Pero... ¿Cómo que no eres tú?- me replicaste.

- Sí, madre. Hoy me levanté para ir a trabajar y me miré en el espejo y no me ví reflejado. Vi un rostro que no era el mío y ni Alicia, ni mis compañeros de trabajo me echaron de menos. Si esta cara no es la mía ¿cómo es que nadie me dice nada?

- Hijo, no eres lo que ves. Simplemente eres lo que haces y que los demás ven. No te juzgues por como eres, juzgate por tu forma de ser.

Entonces el circulo se cerró, la abracé hasta que noté su cuerpo fundiéndose con el mío y la miré.

- Gracias madre.

Aquella noche, volví a dormir en mi cama de siempre.

A la mañana siguiente, me levanté como otros días, fui al espejo, me miré y...

lunes, 13 de diciembre de 2010

Inspiración

Pasan los días
y de mis manos no salen letras.
Quizá esté vacío, quizá la fuente
de la que bebían mis sentimientos
se haya secado y tenga que esperar
al deshielo de las cumbres
para volver a llenarla.

No queda nada,
todo está apagado,
todo se quedó a oscuras,
todo menos tú.
Sigues escondiendote tras de mi,
fragil y sensible insegura,
con tus manos en los bolsillos guardadas,
vestida de timidez,
con la mirada puesta sobre tus zapatos.

Nadie te conoce mejor que yo,
nadie se atrevió nunca a descubrirte,
inspiración, expiración,
inhibición de matices ocultos
entre los jardines florales de nuestra mente,
aromas a lirios,
bosques de espuma y nácar,
otoño en mis entrañas.

Quizá todo se apagó,
y se me hizo tarde.
El parto de los sentidos
se quedó para otros;
el calor de amor que llevo dentro
se envolvío de frío invierno.
Muéstrate al mundo y se valiente,
muéstrate y disfruta de la gente,
y hazles disfrutar...
vuelve a salir de mi vientre.

lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Qué nos queda?

Ya no queda sensibilidad,
ya no queda nada, no queda aire...
No quedan sueños, no queda alma...
Ya no nos queda nada
solo nos queda desenvainar la espada.

Ya no quedas tú, ni quedo yo,
no queda una caricia sobre la piel,
ni un recuerdo emocionado del ayer,
no queda una canción ni un poema,
solo queda la mentira que dejó... ¿Quién?

Ya no quedan ganas de soñar,
ni pesadillas en las que despertar.
Ya no queda nada por acabar,
ni mucho menos algo nuevo por empezar,
sólo queda odio, solo falsedad.

Ya no queda la realidad, ni un abrazo,
ni un ápice de sinceridad...
No queda menos que ayer ni más que mañana,
queda lo que nos queda,
aunque la envidia se lo llevará.

¿Qué nos queda?
Despertemos del tormento,
dame la mano, toma la que era mi verdad...
¿Qué nos queda?
Lo que hay delante de nosotros,
el sexto sentido rara vez nos fallará.

Un centímetro

A un centímetro, ahí me quedé...
A un centímetro de mis labios
quedó atrapado en mi boca un te amo
antes de despedirme, antes del adiós,
antes de que llegase Dios,
nunca nos sentimos dos,
siempre fuimos de todo menos pasión.

Un centímetro es la inmensidad
cuando esperamos una caricia que nunca llega.
Esa es la frontera de mi imaginación
que no has cruzado por este maldito amor,
esa es la barrera
que no he saltado por miedo, por temor,
por el profundo horror
al rechazo de este calor.

Un eterno centímetro
y entre tu y yo mares de hielo.
Tempestades en calma
que se refugian ingenuas ahí dentro,
en el pequeño espacio de mi alma
y las verdades salen despedidas al cielo
sin entender la ilógica diferencia,
entre quien quiere y quien ama.

A un centímetro mueren
las historias de amor más bellas,
a un centímetro se quedó
la luna de acariciar una estrella,
un centímetro les sobró a las princesas
tras probarse el zapato de la doncella,
un centímetro faltó para mis besos.
Un centímetro, me paro y pregunto...
¿Quién es ella?

sábado, 20 de noviembre de 2010

Bienvenida al Alba

Bienvenida al mundo...
Tum-tum tum-tum...
son los latidos de tu corazón,
los acelerados latidos de tu corazón,
música celestial para mis oídos tus llantos
y tus primeras lágrimas
son el agua que calma mi sed.

Te recojo entre mis brazos,
y mi arrullo te adormece lentamente,
te canté ese soneto
con el que enamoré a tu madre.
Te miro y sonrío, te miro y lloro,
mi piel se emociona
al tacto con su propia piel,
porque eres una parte de mí,
tanto como yo lo soy de tí.

Un baño de espuma
y las caricias de tu madre
te devuelven la sonrisa al rostro,
el brillo en tu rostro es similar
al brillo del Sol al Alba,
es el esplendor supremo,
la caída de una estrella del cielo,
la llegada de un ángel a la tierra,
el amanecer tras la tempestad.

Tus pequeñas manos
juguetean con mis dedos,
no te soltaré nunca, no te dejaré caer,
duerme tranquila en mi regazo pequeña,
que el día empieza a amanecer,
los pajarillos se posan en nuestra ventana
envidiosos por verte crecer,
la luna se conjura con las estrellas
para protegerte cada anochecer,
tomarás tu nombre de ella,
antes de que llegue a desaparecer.

Duermevela en invierno,
cualquier sobresalto me corta la respiración,
el más mínimo de los ruidos,
pero ahí sigues tú
perfecta obra de arte,
la más perfecta,
para mi la más bella,
hermosa y pequeña,
no te des la vuelta y mirame,
que estoy aqui para protegerte,
no te des la vuelta
que el aire se detiene,
por querer contemplarte.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA HISTORIA DE LA DULCE CAROLA de Ismael Serrano

Yo conozco la historia de un tipo que se enamoro desde una ventana. Es la historia de un amigo, vive en México, en el D.F, trabaja en el octavo piso de un edificio, en unas oficinas en el centro de la ciudad.

Un día, estaba con la mirada perdida en el smog del D.F, cuando bajó la mirada del cielo a la calle, o más bien del smog al cielo, porque allí estaba ella, la dulce Carola, de belleza soberbia, radiante cruzaba la calle, y a sus pasos se detenía toda la ciudad, en frente, había un edificio en obras, y todos detenían su ritmo frenético para observar aquella mujer.

Un obrero estuvo tentado de lanzarle un piropo, pero el de al lado le dio un codazo para callarlo, tal era el silencio litúrgico que imponía esa mujer. Y mi amigo se quedo embobado mirando aquella mujer, cruzando la calle, que iba pensando en lo suyo, pensando quizás en lo duro que iba a ser su nuevo trabajo en el restaurante de la esquina. Se quedo embobado viendo como la puerta del restaurante devoraba a aquella mujer menuda. Y supo mi amigo que nada sería igual...

A la mañana siguiente, después de haber estado toda la noche pensando en aquella mujer, mi amigo salió a la ventana, se asomó, allí la encontró. Aquella cita era diaria, aquella cita se convirtió en una obsesión, día a tras día mi amigo se asomaba a la ventana y la veía pasar, se preguntaba ¿cómo sería ella?, ¿cómo sería su vida?, ¿cómo despertaría?, ¿cómo dormiría? 

Pasaban los días, y pasaban los meses... Y mi amigo a veces creía percibir el perfume de ella desde lo alto del edificio, fíjate... Creía escucharla tararear una canción y la melodía lo perseguía durante todo el día. Y pasaban los meses... Y pasaron años, años y mi amigo asomado a la ventana, preocupándose cuando la veía caminar bajo la lluvia sin paraguas, preocupado cuando la creía ver más delgada... Pasó mucho tiempo, y muchas veces estuvo tentado de bajar los ocho pisos para decirle a aquella mujer, que... ¡qué diablos! ...Que la amaba, pero no lo hizo.

Y paso mucho tiempo, cuatro años asomado a la ventana, y planeando el momento preciso para acercarse a ella, y por fin tomo una decisión, sería ese día... Ese día terrible, mi amigo se sorprendió un poco cuando no la vio pasar por debajo de su ventana, pero aún así se fue a buscarla al restaurante, buscó a Carola entre las mesas pero no la encontró, así que pregunto al encargado, el encargado le dijo que Carola se había marchado, no del restaurante, de la ciudad, se había ido a Acapulco con su familia, y no iba a volver más.

Mi amigo supo del sabor amargo de la derrota, supo que aquella mujer no volvería a cruzar por debajo de su ventana, subió los ocho pisos arrastrando los pies y no se sorprendió cuando en el octavo piso encontró a todo el mundo alborotado, de un lado para otro, frenéticos. Alguien con el rostro desencajado le dijo que la empresa había quebrado, que estaban en la bancarrota, así que todos a la calle (se quedó sin trabajo), en un día había perdido todo, la mujer que amaba, el trabajo... Así se volvió para su casa, no muy sorprendido, todo encajaba... el mundo se derrumbaba y lo hacía todo de una vez.

Durante mucho tiempo no salió de su casa, sin saber qué hacer y solamente pensando en la dulce Carola, primero sin el valor para salir a buscarla a Acapulco, y luego sin el dinero necesario. 

Pasó otro año, eran cinco años desde que vio a Carola por primera vez y pensó tomar una decisión, empezó a buscar trabajo, pero mi amigo tenía 39 años, y en México no es fácil encontrar trabajo a esa edad, porque ya no eres el joven agresivo que buscan las empresas y en todas las entrevistas de trabajo, le decían, que no y que no, así que mi amigo pensó y tomó una decisión, que cambió su vida... Decidió buscar a un coyote. Un coyote en México es un tipo que se dedica a negocios turbios, verán, mi amigo buscaría a un coyote para que le hiciese una falsificación de la partida de nacimiento. Mi amigo bien podría aparentar 34 años, así que le pediría al coyote una partida de nacimiento que dijera que tiene 34 para así poder acceder a algún puesto de trabajo.

Así que mi amigo se fue para la Plaza de Santo Domingo, cerca del Zócalo, donde están los coyotes. Y ahí tienes a mi amigo... perdido, caminando de un lado para otro, se acabó perdiendo entre las callejuelas... y llegó a un callejón inhóspito. En un portal antiguo, viejo, observó como un anciano le hacía señas, le sonreía y le hacía señas para que lo siguiera, mi amigo siguió a aquel misterioso hombre, y supo que era un coyote... le dijo: 

- Yo soy tu hombre, sé lo que necesitas...
- Si ya se... necesito una partida de nacimiento que falsifique que tengo 34,
- Bueno, bueno, dame tus datos- Y empezó a tomar datos, y mientras tomaba datos, el viejo coyote, le dijo:
-¿Alguna vez estuviste en Acapulco?
A mi amigo le dio un vuelco en el corazón y se deshacía en el ácido del recuerdo de la dulce Carola.
- Nunca. - Respondió 

El viejo le dijo: -“Verás yo vivo cerca de la autopista hacia Acapulco, cerca de Tepoztlán... Veras ¿conoces la curva de la autopista?, ¿conoces la leyenda, verdad?... La del fantasma que hace parar a los autos en el mismo sitio, que se subía y desaparecía en la misma curva en que se mato, aquella carretera está deshabitada a media noche, casi nadie pasaba por allí por miedo al fantasma, fíjate”... 

Mi amigo dijo:

- Si, si se donde es.

El viejo le dijo: 

– Pues veras, muchas veces he estado tentado de agarrar la autopista para Acapulco y empezar de nuevo.
 
Espera un momento. Y mi amigo se quedó pensando en Acapulco y mil huidas... al rato vino el viejo coyote, con los documentos falsos. Se fue para casa, aquella noche solo pudo dormir con el recuerdo de la dulce Carola.

A la mañana siguiente, el teléfono sonó bien temprano, alguien al otro lado le decía: 

- Oye que tienes que venir a la reunión, que es urgentísimo, que tienes que estar aquí, vente para la oficina.

Y mi amigo colgó el teléfono maldiciendo al tipo al otro lado de la línea, ¡la oficina, qué mala broma!... El caso es que antes de despedirse, el coyote le había dicho... 

- Ten cuidado, vuelves a tener 34 años, no repitas los mismos errores.

Y pensó en las palabras del coyote mientras se despertaba, y encendía la radio, en la radio las noticias de otras veces, y mi amigo buscando los papeles del coyote y no los encontraba, de repente alguien dijo la fecha, ¡era la de hacía 5 años! bajó corriendo las escaleras y compró el primer periódico que vio, miró la fecha y era la de hacía cinco años, ¡¡¡volvía tener 34 años! Agarró el primer taxi que vio, y se fue para su oficina volando, subió los 8 pisos corriendo, y allí estaba todo igual, su misma oficina, la misma gente, y la misma ventana, mi amigo se acerco a ella, se asomó... y su aliento se detuvo... como toda la ciudad al paso de la dulce Carola. Porque todo empezaba de nuevo...

Ahí tienes a mi amigo, con todo el futuro por delante o con todo el pasado, no sé muy bien, pero ahí lo tienes volviendo a mirar por la ventana y encontrándose con aquella mujer, ahora jugaba con ventaja, porque conocía los plazos, el tiempo que le quedaba, aún así dejó pasar el primer año deleitándose, asomándose por la ventana y planificando bien la declaración de amor, pensando en la pose precisa, en las palabras adecuadas... y dejo pasar el tiempo. Un día se presentó en el restaurante a la hora de comer, se sentó en la primera mesa que vio libre, y vio a Carola, deambulando entre las mesas, se acercó, se puso delante de él, y le dijo:

-¿Qué desea?

¡¿Qué deseo?!... Aquel era el momento, esa era su oportunidad, así que su garganta se tensó como la cuerda de una guitarra, y mirándola le dijo:

- Una sopa de cebolla y un filete de rachéela bien cocido, por favor.

Carola tomó nota y se fue. Mi amigo se estuvo maldiciendo toda la noche, así que al día siguiente, ahí estaba, sentando en la mesa, mirando a Carola, clavando sus pupilas, en las de ella y diciendo... "Una sopa de cebolla y unos tacos de camarones, por favor"; y al día siguiente, armándose de valor... "Una sopa de cebolla sola, por favor"... y así, día tras día, por las mañanas asomándose por las ventanas viéndola pasar, y a la hora de comer asomándose "A una sopa de cebolla".

Bueno... y el tiempo pasaba, a veces mi amigo creía que ella fijaba su vista en él, y entonces: ¡ay amigo!, entonces las palomas del parque volaban, los borrachos en las cantinas brindaban a su salud, los feligreses en las iglesias se abrazaban, y los soldados en primera línea de fuego se daban largos besos en la boca… ¡Qué va!... Ella ni lo miraba... y pasaba el tiempo, pasaban los días, pasaban los meses, y pasaban los años, años de "Sopa de cebolla". 

Por fin llegó el momento, no podía retrasar más la declaración, al día siguiente Carola se iba, y aquella noche casi no durmió, pero al día siguiente ahí se presentó, ahí lo tienes, se acercó Carola como todos los días, y le dedicó una sonrisa, quizás más afectuosa que otras veces, el caso es que se hizo silencio un instante que pareció eterno... Ahí él pensó decir... "Me gustas cuando callas por que estas como ausente", o no sé, quizás, "¿Por qué me despierto de madrugada mientras todos duermen?", pensó en decirle... "Me dueles mansamente, me dueles, quítame la cabeza, córtame el cuello, porque nada queda de mi después de este amor", pensó en decirle simplemente... "Quédate conmigo, por favor". Y por fin dijo... 

- Una sopa de cebolla, por favor...

Era inevitable, mi amigo comió la sopa de cebolla como un condenado a muerte, en calma y en silencio y se fue para casa, ni siquiera paso por su trabajo, sabía que la derrota era inevitable, a mi no me sorprende mucho, porque creo que alguien dijo una vez que "Los amores cobardes, no llegan ni amores, ni a historias... se quedan ahí, ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar"...

Al principio, mi amigo se derrumbó, pero luego.... luego también... Pero trató de buscar de nuevo al coyote para encontrar la posibilidad de.... ¡de que se yo!, y se fue para la plaza de Santo Domingo, y rebuscando encontró de nuevo el callejón y el antiguo portal, pero ya no estaba el coyote... encontró una sucursal del Fondo Monetario Internacional (esos eran otros coyotes)...A mi amigo, no le interesaban...

Así que recordó las palabras del viejo coyote, cerca de Tepoztlán... recordó la curva del autostopista, agarró el auto y se fue para allá... No se sorprendió cuando se encontró un pueblo fantasma, aquel pueblo era una sombra del pasado, todo ruinas, abandonado desde hacía más de 50 años, empezaba a hacerse de noche, mi amigo se sonrió... asumió la derrota y decidió volver a casa. Cuando ya era muy noche, entró en el coche, y al poco de salir del pueblo, encontró a una chica haciendo autostop en la carretera, mi amigo no lo dudó. Paró, bajó la ventanilla

- ¿A dónde vas?
- Al D.F.
- ¡¡Pues sube!!

Y al poco de subirse ella dijo: - "Tenga mucho cuidado en la siguiente curva". Y apenas pudo acabar la frase, porque en la última palabra sonó el reventón de una rueda, así que mi amigo, se tuvo que hacer a un lado de la carretera, y dijo:

- Disculpa...

Bueno...pues, se detuvieron. Él bajo a cambiar la rueda, y ella con él, empezaron a hablar, una conversación trivial, pequeñas cosas, que fueron creciendo como bolas de nieve hasta convertirse en grandes cosas, “¿Y tú de dónde eres?”, “Pues yo del D.F...“. Y él le preguntaba: “¿Y a que te dedicas?”, y ella decía: "Antes estudiaba, pero ya no"; Y al rato no se que le estaría contando él, porque ella se partía de la risa, (y jamás nadie había tardado tanto en cambiar una rueda la verdad) la noche pasaba, y mi amigo le empezó a contar la historia de la dulce Carola, del coyote, de la ventana, y de la Sopa de cebolla... y le decía a la mujer: 

-¿Te lo crees...? 

Y la mujer decía: 

- "Si yo te contara... yo sé lo que es desaparecer justo en el momento preciso, yo sé lo que es repetir la historia una y otra vez, yo te entiendo"...
- ¿Tú crees en los amores a primera vista?” le dijo y continuó:” ¿Acaso existen otros…?

Aquella mujer, era hermosa, no sé si tanto como Carola, pero era hermosa, triste pero hermosa. Aquel silencio fue eterno, y él le dijo: 

-Volvamos al auto, te llevo al D.F.

Y mientras se subían al auto, él pensó en decirle: "Quédate conmigo, huyamos juntos a cualquier sitio, empecemos de nuevo", ¡yo que sé!... y quizás ella pensaba lo mismo, pero, sin embargo, dijo:... 

-Ten cuidado con esa curva. 

Y mi amigo tuvo mucho cuidado, paso la curva con mucho cuidado, con los ojos fijos en la carretera, no se atrevía a mirar en el asiento de al lado, quizás ella también se había marchado como la dulce Carola y volvía a estar solo... y sabiéndose solo, se dirigió hacia la autopista, y cuando iba a entrar en ella escucho una voz al lado que decía:

-¿Alguna vez has estado en Acapulco…? 

Mi amigo miró en el asiento de al lado y ahí seguía ella... Ahora estoy seguro... era más hermosa que Carola. Mi amigo dijo: 

- Nunca.

Y ella le dijo: 

- Pues llévame... 

Se fueron y así siguen en la carretera. Mi amigo no volvió a ver a Carola, porque lo importante no era Acapulco, lo importante era el viaje y saber que hay que tener "MEMORIA" para no cometer los mismos errores y saber que la historia no se debe repetir.

Sobre los fantasmas, no sé si creer, no sé. Yo no sé si hay vida después de la muerte, hay gente que se cuestiona si hay vida antes de la muerte, yo personalmente me cuestiono si hay vida antes de las 12 de la mañana. El caso es que por aquella carretera ahora pasan después de media noche. No sé si existe un coyote que me devuelva a mi pasado, no creo, pero yo personalmente no dejare que pases por debajo de mi ventana sin pedirte que... "Te quedes conmigo", ni que subas a mi auto sin que emprendamos una urgente huida.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Devuélvemel@...

Devuélveme esta parte de mi
que se quedó contigo,
devuélveme aquello
que se quedó dormido
mientras yo caía en el vértigo
del abismo de este miedo a no sentirlo.
Devuélveme el sueño
de niño enamorado, de loco perdido,
y que me descubre cada nuevo segundo,
detrás de otro segundo
que no volverá a nuestro camino,
detrás de otro segundo
sin un sentimiento sentido,
detrás de otro segundo que,
para nuestra desgracia, se ha perdido.


Necesito recuperar lo que he dado. Soy egoísta, sí, pero es necesario para mi que me devuelvas todas mis cosas. Estoy harto de entregarme por completo, de abrirme a pecho descubierto y de no protegerme de los golpes como debiera. La verdad que las cicatrices cierran mas lentas de lo esperado y eso me escuece, tanto como la sal que se derramó sobre mi cuando aquella herida se volvió a abrir. Ahora ya no eres nada, no eres aire, ni piel; por no ser no eres ni monóxido de carbono para quitarme la vida, por tragarte todo el oxigeno de mi espacio. Eres ese trozo de papel en el que quedan arrugadas mis palabras de amor, mis confundidas palabras de amor, las que voy desechando a medida que voy avanzando en el día a día de mis sentimientos, a medida que voy descubriendo cada una de las capas que cubrían tu verdadero rostro. No es sencillo ser sincero y mucho menos decir a tiempo un te quiero, no es sencillo encontrar el camino al verdadero cielo, y hoy me siento a esperar la luz que me alumbre a ese sendero. No es sencillo volver a recomponer el corazón, te llevaste una parte y no está entero.

Devuélveme el rayo de esperanza
que te presté una noche.
Devuélveme mi tiempo y las ganas
con las que llegué a amarte,
porque aunque sea duro
el tiempo no se detiene
entre las tinieblas
y aquel cuarto oscuro,
cómplice de nuestros deseos
más profanos, mas primitivos,
y que ha escondido
nuestros primeros besos,
a pesar de que ahora
me llevo una parte
de este gastado corazón preso.
Devuélveme las ganas de sentir,
devuélveme las ganas por vivir.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vuela alma... Vuela.

Vuela alma, vuela...
Sal corriendo de aquí,
que nadie te dañe, que solo yo te ame,
que la gente hace daño
y rompe las ilusiones
y roba nuestros corazones.

Vuela, alma vuela alto...
Que nada te alcance,
que nadie te espera aquí ya,
solo yo te perdono esto
porque lo haces por los dos
por saltar este abismo
que se cruzado frente a nuestros pies.

Vuela, vuela... lejos de mi, alma.
Que todo pasa lejos de nuestra imaginación,
que nada quedará aquí de nosotros mañana,
que nadie mirará con orgullo por donde pisamos,
que el cielo es eterno
y el infierno forma parte otra galaxia.

Vuela...Vuela... Vuela...
Alma la imaginación es el espacio
donde se hayan los sentimientos,
y otra vez volveré a ti,
otra vez volveré a ese agujero negro
que me llevaste alguna vez,
y otra vez cuando sea espíritu
seré de ti como tú lo eres de mi.

Vuela, alma...
Que no te alcance ni el Sol
en esta fuga tardía y nocturna,
que no te alcance la luz
y tu sombra no se refleje
sobre mi cabeza cuando llegues.

Vuela... alma vuela...
Hazme feliz desde lejos,
dime que hay allí,
dime que se esconde tras esos ojos
que me miran fijamente
allá a lo lejos.

Rápido más rápido,
y más alto, más arriba,
allí donde los niños
flotan en el limbo,
allí donde me encontré,
por primera vez te has ido,
allí de donde nunca
teníamos que haber salido.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Flamenco

Aire, tiempo, compás...
Flamenco. 
Azabache, albero, capote...
Flamenco. 
Quejío, taranta, sentimiento...
Flamenco. 
Fino, farolillo, peineta...
Flamenco. 
Caseta, estrella, calesa...
Flamenco. 
Cante, cajón, guitarra...
Flamenco.
Tacones, lunares, volantes...
Flamenco.
Tata, compadre, hermano...
Flamenco.
Camarón, Lucía, Flores...
Flamenco.
Bulería, alegrías, rumbas...
Flamenco.
Alma, corazón, sentimiento...
Flamenco.
Sentimiento Flamenco...

No recomendado para menores de 18

No te voy a molestar, sigue ahí sentada. Solo vine a por el paquete de tabaco que me dejé guardado en la mesilla donde también guardaba los condones que compartíamos cuando nos arrollábamos como fieras en aquel colchón. No importaba si nos queríamos o no, solo nuestros cuerpos se llamaban y se agitaban como libélulas por cualquier punto de la casa. Unas veces eras tú la que me encendía, la que hacía arder mi cuerpo, incendiabas mi pubis y la temperatura corporal de mi cuerpo ascendía tanto que dudaba si mi cabeza fuese un volcán a punto de entrar en erupción; otras era yo quien salía en tu búsqueda arrastras por encontrarte de cualquier forma, aún a falta de sensualidad o moralidad, simplemente era la necesidad de sentirte cerca la que me llevaba allí, la que me empujaba a tí, era la atracción fatal de tu sexo contra el mío, era la explosión conjunta de los órganos vitales.

Pero hoy sigue ahí sentada, no me mires, no provoques al huracán que sale de mi piel con solo observarnos, que sólo vine por tabaco. No salgas tras de mi, no vengas a buscarme, pero recuerda mi imagen cuando cierres los ojos, y disfruta con ella... Consuélate con que volví a casa por tabaco, nunca más lo volveré a hacer. Consuélate con tus manos rozando tus senos, santo y seña de mi excitación, de mi locura pasajera, de mi erupción salvaje. Sueña que estoy ahí acariciándote el ombligo, recóndito y hermoso lugar donde a mi me encantaba quedarme alojado durmiendo horas y horas, y aspirar tu perfume único. Intrascendente bulevar de sueños eróticos se hallaba unos centímetros más al sur de la frontera entre lo visible y lo invisible y que de vez en cuando disfrutaba entre lo legal y lo ilegal, seguro que llegará algún gobierno que prohiba esa zona de tu cuerpo. No recomendado para menores de 18, o al menos eso dirán, al menos esa es la escusa que argumentaran para evitar que exista el verdadero amor, el que se acaba como este nuestro se acabó.

Ahora nos vemos cada uno por nuestro lado, pero eso queda grabado tras la pintura de las paredes, eso no se va a pesar de muchos lavados, ni muchos otros estados. Me voy, hasta luego, ahí te dejo. Golpeó la puerta con fuerza, no es un portazo pero suena como tal, como la vez que estrenamos esta casa donde viví contigo y donde la primera vez te abordé por la espalda y te giré contra mi. Arranque tu blusa y recogí tus piernas contra mi cadera apoye tu espalda contra esa puerta que ahora cerraba de golpe y ... Salimos a volar... Vuela libertad, vuela. Ya me marcho, ya, pero esos momentos nunca lo harán. Psicofonías de las paredes, gemidos de amor del de verdad, gritos por placer que ya no volverán. Enciendo un pitillo en el zaguán del portal, miro hacia el piso. Hago volar mi imaginación. Me voy, te vas. No volverá el sexo de verdad.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Una declaración, la guerra declarada a Cupido y tú.

No sé lo que es, pero cada vez que estoy a tu lado mi corazón se desacompasa y empiezo a notar el ritmo frenético del bombeo de la sangre con gran fuerza. En ocasiones. pienso que en cualquier momento mis arterias van a reventar de la fuerza que imprimes a mi motor. Puedo parecer absurdo, ingenuo, inocente, pero mucho más allá de eso es lo que me das solamente con verte, lo que me haces sentir...

Apenas te conozco, apenas han sido cuatro palabras, pero esa luz me ciega profundamente y quizá, eternamente. Contigo seria capaz de viajar por el cielo, atravesarlo, lanzarme al mundo sin paracaídas. Seré un kamikaze del amor, me suicidaré ante el ataque de los corazones envenenados de odio, les mutilaré, para que tú les recuperes. Es una locura, pero me encanta el estado de excitación y pasión que confluye en mi cuerpo cuando entro a los peores tugurios de esta ciudad que compartimos, y que quizás sea lo único que compartamos en nuestras vidas. Me fascina jugar a descifrar tu presencia entre las caras de la gente, descubrirte escondida tras cualquier columna, o ver tu espalda ofreciéndome un sensual hombro desnudo, y en ese momento, ver que giras la cabeza lentamente, y que me ves y sonríes. Entonces entre tu melena descubro una frase china que se esconde tras tu vestido al girar tu rostro de nuevo a la barra. Me pregunto el significado de aquella frase, me intriga descubrir donde se haya escondida la última letra.

Yo que en otro tiempo tuve la guerra declarada a Cupido, a sus alas y su arco, a sus flechas y sus rizos... Yo que me juré no volver a enamorarme, yo que juré ser otro y hoy vuelvo a ser yo, frágil corazón y mente demente. Jamás me declare antes, jamás le dije a nadie "¿Quieres salir conmigo?", porque con el mero hecho de pensarlo mis mejillas se sonrosaban, mi cabeza retumbaba, el del latido rojo se emocionaba, pero no sé, tú me das esa confianza donde antes nadie me la daba. Por ti tiraría al río mi espada, por tí me desprendería de los harapos con los que me tapaba, por tí mi alma sería arrancada, mi espíritu descansaba.

Honestidad brutal, nunca antes me lo había planteado, pero como suele ocurrir cuando te enamoras, los planes se quedan plantados, se rompen en mil pedazos y se moja el papel. El mensaje queda indescifrable. El movimiento de tu pelo es infalible y el brillo de tus ojos iluminados cuando nuestras miradas se cruzan...¡Ay de mi! Ese maldito brillo... Yo te contemplo a escondidas y tu sigues seductora, jugando con tus manos, entre las que no intuyo ningún compromiso, ningún amor oculto. Déjame que sueñe que te tengo, déjame que me enamore otra vez, pero esta vez de algo real y no como la vez que me enamoré de un sueño.

Quizás esta guerra de sentimientos me alcance para llevarme un abrazo, un beso casto en la mejilla como trofeo a casa, como único triunfo de esta batalla que se ha librado dentro de mi, en mi cuerpo, entre mi mente y mi deseo. Tal vez el mañana me tenga preparado algo hermoso, pero no quiero que sea mañana, quiero que siga siendo hoy, que sea algo mas que un sueño, un deseo o una obstinación, que sea real y yo te entregaré mi mejor versión. Voy y vengo, tan pronto me alejo como que me acerco a ti, tan pronto soy sueño como que me entrego y sin ti.

Siempre he sido un tipo de esconder sentimientos, no mostrarlos, pero esta vez no... Esta vez me volví loco y el imán de tu cuerpo me atrajo, influyente, al lado del enamoramiento. Particularmente no he creído mucho en cupido, siempre pensé que las flechas se quedaban en el camino, pero no, no es así y comienzo a percibir cierto pinchazo en mi pecho y cierto picor en mi espalda, y debe haber sido él, porque no veo sangre por ningún lado. Siempre he sido distraido, observador, risueño, conciliador, pero hoy no. Hoy he cerrado mis ojos y me dejado llevar, y he volado, lo confieso, he sentido, y mi piedra, la que estaba dentro de mi, se ha resquebrajado en mil pedazos y ha caído dentro de mis zapatos, y ahora me incomoda, me molesta, me duele, pero no me agacharé nunca porque este es el único regalo que me harás. Esa piedra será mi amuleto desde ahora.

domingo, 31 de octubre de 2010

Luna

Me apoye en el bastón de la tristeza y miré al horizonte. Las siluetas a contraluz se movían como marionetas tras el telón de aquellos títeres. El Sol caía anaranjado y daba paso a los malvas del cielo quienes traían consigo el brillo de lentejuelas de las estrellas, y de allí emergió ella, de entre todas las que llegaba, sin dudarlo como siempre, la más hermosa, la más grande, la más bella. Luna. Apareció como si nada, como quien tiene la costumbre de subir a un escenario para actuar y ser admirado por el público. No tiene complejos de diva, no pide agua de azahar en su camerino, ni frutas, ni mucho menos otro tipo de vicios... ella es así, aparece se desnuda ante nosotros, contemplamos los auténticos cánones de belleza y se va. La envidiamos, ¿Cuántos poetas le habrán escrito? ¿Cuántos cantantes la habrán susurrado sus melodías al oído? ¿Cuántos besos de enamorado habrá visto bajo su foco?¿Cuántas mentiras e infidelidades? Tanto silencio... Tanto sueño... Su perfume nos encandila, nos embauca, nos mece... Hipnótico baño de espuma en su reflejo sobre el mar. Aire envenenado de maldito amor. El aire nos seduce y ahí estaba yo, como un loco enamorado por su amor. Esperando que me dé tu corazón. Luna de medianoche, arquetipo del amor y el desamor, celos, envidias, sexo, pasión... Luna,voyeur de las penumbras, aquí te espero yo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

La solución a tus problemas

Yo tengo la solución a tus problemas.
Si, no lo pienses más,
soy yo y estoy aquí para ayudarte,
para cogerte de la mano cuando te caigas
para curarte las heridas que te hagas.

Yo tengo la solución a tus problemas
y para empezar,
pasan por ser sincero contigo mismo,
porque de nada vale mentirte,
del mismo modo...¿de qué me vale mentirte?

Aceptación,
amor propio sin compasión,
sin dilemas que se estanquen en el corazón,
en el propio o en el de los dos,
en el de aquel que se esconde del Sol.

Eres arena del desierto, y yo
puedo hacer que en ti
crezcan los frutos mas deliciosos,
puedes ser el jardín del Edén,
y el animal más hermoso.

Yo tengo la solución a tus problemas,
ni consejos, ni palabras,
prefiero quedarme con los hechos,
no sirven de nada las promesas
si no se demuestran con gestos.

Yo tengo la solución a tus problemas,
y no se trata solo de amor...
Yo; sólo yo, tengo la solución a tus problemas,
y aunque parezca engreído,
conozco cada pensamiento de tu interior.

Tengo la solución a tus problemas,
y quedo esperando un latido de calor,
me siento esperando tu palabra,
y asintiendo tu acción.
No me des las gracias...
no lo pienses más,
esta es la realidad...
así soy yo en realidad.

sábado, 23 de octubre de 2010

Se fue ... y yo la busqué

Se fue...
Se escapó de mi lado mientras dormía
y amanecí desnudo
sobre las sábanas de mi cama
sin el vestido de sus besos,
sin alimentarme con caricias
al cobijo de la mañana.

La busqué entre sus cosas,
y en sus cajones solo encontré silencio,
un rastro de soledad intangible,
una fina barrera nos separa
el amor del odio,
una fina barrera que anoche
quedó visiblemente derribada.

Se fue...
y en el espejo de este aseo
se quedo su silueta grabada en el espejo,
para atormentarme con su ausencia,
para desgarrarme el alma
con su fantasmagórica presencia,
para recordarme que aún sigue viva.

La busqué entre las fotos
y su rostro ya no sonreía,
se difuminaba cada vez que aparecíamos juntos.
La busqué entre mis recuerdos
y la amnesia febril y convulsa de la pasión
me ha robado hasta tu nombre,
no recuerdo tu perfume.

Se fue... y yo la busqué,
pero ya no aparecía
olvide su hermoso rostro
y yo encontré mi mejor melodía,
me volvió loco su silencio
y yo grité mis poesías.

lunes, 18 de octubre de 2010

Dudas y reproches para tí

Llueve y me detengo una vez mas ante ti, Señor. No tengo más que dudas y reproches para ti. La última vez que hablamos prometiste escuchar mis suplicas y aquí sigo. Llevo media vida sentado en el mismo banco, en el que me dijiste que estaría ella y pasan los ciclos lunares y no llega. Llueve, hace frío y mi cuerpo flirtea balanceándose a izquierda y derecha como si marcase el tempo de un metrónomo, como si bailase una canción a ritmo, como el centelleo del fuego antes de avivarse y establecer la luz fija en un candil. ¿Cuántas veces te pedí un amor sincero, Dios? ¿Por qué todavía no está aquí? Esta es mi condena por años de oscuridad.

Llueve y mi cuerpo juega conmigo, me engaña, me seduce, se aleja de mi alma, vuelve a mi espíritu... La banalidad nunca formó parte de ti Señor, pero la pusiste dentro de las almas mortales. Creemos más en nosotros mismos que en las personas que tenemos al lado y ahí reside el punto amargo de la tolerancia. No encontramos ese compás adecuado, no nos disfrazamos de bandadas de pájaros las cuales vuelan todas al sur, moviéndose como las hojas de aquel árbol en otoño que se mece al ritmo de la caricia del viento, conjuntadas como el ballet de Moscú. Puede que sea a causa del ruido del éxito que nos manda a cada uno a un lado. El éxito personal de cada uno, el éxito intransferible, ese pedacito de gloria individual que nos desplaza a lugares brillantes y lúgubres a la vez, a puntos cardinales irreconocibles sobre un papel. Ese segundo que evitamos compartir con nadie, ese sorbito de vida, ese momento en que el mundo deja de girar alrededor del Sol y gira entorno a nuestra sombra, se paraliza todo, y se hace de noche sin Luna, y de día sin Sol. Aunque tarde o temprano el lastre vuelve a nuestros pies y nos devuelve a tierra. Un golpe fuerte. Tan fuerte como un puñetazo directo al mentón, el que nos empuja directamente a la lona y que nos derriba. ¿K.O técnico? nos preguntamos... De vez en cuando me da por pensar que es mejor perder rotundamente que a los golpes. Caer al suelo de esta forma es duro y triste. Quizá por culpa de un matiz hemos vestido nuestro cuerpo de derrota.

Llueve y hace frío, y hoy mi piel no soporta más líquido que absorber ni por fuera ni por dentro. Quizá mi embriaguez me lleve a contarte mi sueño Señor. Quizá sea en uno de esos estados donde pensé que me lo entregarías todo, pero veo que no he sido lo suficientemente bueno. Me ducho en un mar de lágrimas, una lluvia ácida de sentimientos a destiempo. No sé porqué pero últimamente me he empeñado en llegar tarde a los corazones de la gente. Soy la persona que se queda en tierra mientras el vagón de tren cierra sus puertas y se marcha. Mi mirada persigue esos sentimientos que se escapan por el túnel y la luz de tu corazón se va haciendo cada vez más pequeña, cada vez luce menos. Ese viejo anden donde me quedé, con los azulejos rotos y los luminosos fundidos, se quedó en silencio. Debo volver a casa, pero mi billete de vuelta caducó y ahora me quedé sin techo. Espero que me resguarden tus alas Señor. Espero que esta vez si atiendas mis suplicas. Es posible que pida demasiado, pero aunque parezca irónico, quién no llora no mama. Y en parte puede que en eso consista este juego de vida que te inventaste para, tal vez, no sentirte sólo dentro de esta galaxia. Algunas veces viendo la magnitud de tu obra, esta Capilla Sixtina de trazos irregulares pero hermosamente armónicos en que se ha convertido el mundo, mi reflexión se hace presente entre el viaje neuronal de mis ideas.

Llueve, hace frío, me empapo, y a la vez siento el ardor de los fusiles disparados al son de la marcha militar del rencor. En los puntos de mira a través de los ojos inyectados de sangre, desfilan en aquella rueda de reconocimiento los inocentes y los culpables, todos visten de blanco el mismo muro. Los rostros de los espectadores, fruncen el ceño, llenos de odios y miedos, de coraje y envidias, y la sangre corre a borbotones por sus venas. Unos tragan saliva antes de tomar el último aliento antes de sentirse derribados, antes de fundirse en un duro beso con el suelo, otros tragan saliva para templar los nervios, para hacer lo mas certero posible su leve movimiento del dedo índice y acusar con el ruido de su fusil a quien lo merece y a quien no. ¿Por qué lo permites Dios? No entiendo que trates igual al culpable y al inocente. No entiendo que el poder del que dispara sea la única justicia cuando tenemos en nuestras manos el poder de la palabra. No entiendo que les coloques a ambos de rodillas y se les juzgue por la idea de los iguales. No somos iguales, ni él ni yo, y mucho menos tú. No entiendo como el poder nos parece erótico. Es insultante el vicio con que adornamos nuestros cabezas de coronas de laureles, si no existe la victoria. Vivir es la victoria. Vivir es derrotar al odio. Vivir es algo mas que un ser humano. Vivir eres tú, Señor. Tú que nos diste la capacidad, de crear, de juzgar, de mandar, de amar, de odiar... Tú, ¿por que no nos la arrebatas y lo primero que nos pones es la humildad?

Llueve, hace frío, estoy empapado, siento el ardor del odio y las dudas me asaltan. No es que este enfadado contigo. Tampoco tengo motivos, pero no entiendo como pudiendo hacer las cosas bien, decidimos construir los muros y fronteras. No me atrevo a plantearme el porque le pusimos diques al mar de nuestras libertades, porque nos atamos a un árbol y dimos vueltas hasta que la cuerda dejo de ceder y nos asfixió. No entiendo el sentido de la vida. No entiendo y me asaltan mil dudas. No lo entiendo aunque reconozco que eres quien manda y esa es mi única esperanza.

lunes, 11 de octubre de 2010

Devuélveme la inspiración

Esperaré que tu voz arrase los diques de mi alma
y arrastre mis sentimientos removiendo aquel mar
donde descansaba nuestra verdad a la orilla
bajo la sombra de la sinceridad
dormida entre las palmeras en calma.
Arena fina bajo nuestros pies,
y en esta playa desierta
me encontré de nuevo contigo.
Descubrí que tarde o temprano
llegarías y aquí estás.

Devuélveme la inspiración
de la noches sin sabor
entre ángeles y gaviotas,
devuélveme el tiempo del amor...

Esperaré tus ojos verdes y tu palidez,
esperaré los rizos de tu pelo.
Ilumina mi rostro
y entre las sombras dame calor
donde un día el frío me quemó.
Cúrame esta herida
que me produjo no poder tenerte entonces,
y acaricia mi respiración con la tuya,
frente a tus labios
volver a sentirme humano
y temblar de miedo de amar...

Devuélveme la inspiración
que quiero decirte que te amo,
escondido entre las lineas
de mi próxima canción.

Esperaré tus formas sentado,
tus dorados cabellos de miel y canela,
ahogarme en tus vaivenes de cadera,
como un día me ahogué
en el mar de la desesperanza.
Esperaré el vuelo de las mariposas,
esas que murieron cuando llegó
el frío invierno a oscuras sin amor,
y al calor de tu primavera resucitaron
bailan dentro de mi llenas de emoción.

Devuélveme la inspiración,
devuélveme las ganas
quiero compartir mis días,
deshojar las margaritas del corazón.

Ven y cúrame está herida,
ven aunque sea tarde, ven...
Ven y demuestrame tu valía,
porque formarás parte de mi vida,
entre rosas muertas y acacias dormidas.
Flota en todo mi aire,
despeiname con tus corrientes.
Ven, ven, ven a verme y ven;
ven a decirme entre silencios "ven"
que sin llegar a terminarlo iré.

Devuélveme la inspiración,
son mis versos para mi
como los besos que olvidé recibir
con el verdadero amor.

Esperaré porque sé que esa que me falta eres tú.
Esperaré al son de los latidos de tu corazón.
Esperaré impacientemente impacientado,
esperaré una y otra vez,
porque sé que ese es mi destino,
porque aunque mañana quizás duela,
esperaré sentado, mi herida se cura,
y nuestras almas fugaces vuelan.
Esperaré sin mirar al pasado, furtivo olvido,
viajando al futuro me encuentro
cada día un poquito más cerca de ti,
cada vez un pasito mas alejado de los días
de cielos oscuros y nubes de llantos enredados,
entre truenos y sollozos desesperados.

Mi imperfección

Mi imperfección es el comienzo de tu locura,
es lo que te mata por dentro,
lo que enerva tus entrañas,
es la vibración de una garganta desafinada.
El percutor sonido que retumba en tu cabeza,
es la magia negra que arranca
el cielo azul ante tus ojos blancos.
Mi imperfección es el motor de tu odiosa razón.

El vuelo raso de tus mentirosas palabras
lo esquivaré por miedo a volver a caer,
porque hoy me has defraudado
y me has clavado la estaca
que destroza mi palidez dilatada.
Al final del camino
sólo queda una vena hinchada de dolor,
y una mirada perdida en el bosque del desamor.

Nada queda ya sin las sonrisas,
para qué...
Me di cuenta entonces que me mentías,
me di cuenta que sin ti
recorrería la senda del tiempo
con la gente que realmente me merecía.
No me discutas más, lo siento.

Estos son mis motivos,
da vértigo empezar de cero,
pero al fin la libertad
me devuelve parte de los sentimientos.
Mi imperfección me despertará de la crueldad
que se descubren en los dulces sueños,
porque aunque el ayer fue bello,
el hoy se pierde entre las olas,
naufragando en mares de odiosos sentimientos.
Mi imperfección es el principio básico
para volver a amar a quien me quiera de verdad.

miércoles, 6 de octubre de 2010

El amor que nunca más entregaré

Te busque en el sueño incoherente del amanecer
donde todo acaba sin que nadie nos pregunte.
Te busque en las sabanas gastadas de tu desnudez
y no piensas mas que en los labios que perdiste.

Porque no te volveré a tener aquí,
sabes que eres el principio de mi fin.
Porque todo brilla si estás junto a mi
si estás junto a mi.

Quiero ser un barco de vela entre tu piel,
navegar entre los mares de tu cuerpo
con tus remos llegar al fin tranquilo a puerto
y pescar con las estrellas tu universo,
donde nunca el mar dormido encontraré

Quiero ser quien rompa el silencio esta vez,
y gritar al mundo lo que llevo dentro
proclamarlo al cielo de los cuatro vientos
porque estoy seguro que llevo en mis besos
el amor que nunca más te entregaré.

Puede ser que en las paginas en blanco del libro de ayer
nuestra historia empiece donde tu te despedías.
Hasta que nos vistieron las caricias al rozar la piel
todo fue perfecto y nació esta melodía...

Porque no te volveré a tener aquí,
sabes que eres el principio de mi fin.
Porque todo brilla si estás junto a mi
si estás junto a mi.

Quiero ser un barco de vela entre tu piel
navegar entre los mares de tu cuerpo
con tus remos llegar al fin tranquilo a puerto
y pescar con las estrellas tu universo
donde nunca el mar dormido encontraré

Quiero ser quien rompa el silencio esta vez,
y gritar al mundo lo que llevo dentro
proclamarlo al cielo de los cuatro vientos
porque estoy seguro que llevo en mis besos
el amor que nunca más te entregaré.

Te entregaré...
El tiempo es eterno sin ti,
porque todo pasa
y ya no estás aquí...

Quiero ser un barco de vela entre tu piel
navegar entre los mares de tu cuerpo
con tus remos llegar al fin tranquilo a puerto
y pescar con las estrellas tu universo
donde nunca el mar dormido encontraré

Quiero ser quien rompa el silencio esta vez,
y gritar al mundo lo que llevo dentro
proclamarlo al cielo de los cuatro vientos
porque estoy seguro que llevo en mis besos
el amor que nunca más te entregaré.

El amor ha muerto

El poeta se quedó en silencio.
Inhaló todo el perfume
que flotaba en la habitación
y permaneció sentado,
con las piernas cruzadas,
en la penumbra de un rincón.

Su amada se marchó lejos,
emborrachó al aire
con el aroma de su pelo,
no queda oxigeno que respirar,
no queda ningún billete de ida
para el séptimo cielo

El poeta derramó dos lágrimas
y con ellas escribió los versos más tristes;
rima asonante y desacorde,
con los latidos templados del corazón,
palabras que se disfrazan de mar y salitre,
con las que quiere abrazar la libertad

Su amada desnudó los sentidos,
los guió al bosque de las palabras
y allí salieron de sus dedos
complejas letras descifradas por aquel adiós,
no era ni tan siquiera un hasta luego,
aquellos garabatos escondían letras de rencor.

El poeta se bloqueó,
sus sentimientos se encerraron dentro del corazón
y nunca más nadie le escuchó,
nunca más el papel sintió sus caricias
ni sus gemidos de placer, ni tan siquiera su dolor.
Sólo se quedó con la soledad de su amor.

Su amada no regresó,
se ahogo en los mares de los lamentos,
desbordada por las lágrimas
del que de verdad sentía algo dentro.
Amargo destino, contrapunto del tiempo.
El poeta hoy sigue vivo y su amor se ha muerto.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Ahí estás

¿Dónde estás princesa?
¿Por qué te escapas de mi vida
sin dejar respuesta?
¿Dónde estás mi reina?
Llevo un millón de horas esperando
y no te tengo cerca.

Llevo tiempo dando vueltas a la rueda,
y mi cabeza no consigue descansar,
llevo tiempo sin mirar a nadie más,
todo eres tú, y tú, y tú...
Sin más, sin nada más...
Eres tú quien completa mi mitad.

Vienes y vas, y al vaivén del aire
el perfume del amor ha saturado la amistad,
Vas y vienes, y al vaivén del tiempo
he arrebatado lo que había
por ser ambicioso, por querer más.
Egoísmo es mi amor por ti,¿verdad?

Flores secas y grava,
paisajes muertos ante tu silencio,
miradas vacías para mi soledad.
Tormentas de verano en invierno,
los segundos vuelven hacia atrás
y mi vida se descabalga si no estás.

Pesadillas de madrugada,
me despierto a la par que me conciencio,
me ha quedado claro que ya nunca estarás.
Sólo es amistad... algo que lamentar,
sólo vuelvo a casa, solo y cabizbajo...
Algo me grita a lo lejos...
A pesar de todo, ahí estás.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Extraña paradoja de sentimientos

Miro al cielo enfurecido,
dentro de mi arde el rencor
y los amuletos no sirven de nada
es la tendencia del destino
quien obliga a marcar los pasos.
Sobran tantas cosas
que no sé cual he de elegir,
y necesito tanto de ellas
como ellas de mi.
Extraña paradoja de sentimientos,
sentidos paradójicos por momentos.

Palabras de auxilio sin respuesta.
Sigo gritando al cielo,
tu nombre lleva tatuado meses
a mis cuerdas vocales.
A cada respiración desacompasada
es un suspiro con tus silabas
la que le sucede.
A cada roce de tu piel
es una chispa eléctrica
la que recorre mi espina dorsal,
me inmoviliza, me paraliza,
me devuelve al lugar donde te conocí,
al día en que miré
aquella estrellita de primavera
que me enamoró con su esplendor.

Extraña paradoja de sentimientos,
mi dermis se sonrosa de pensar
en como mostrarme integro
y recorrer esas dos palabras,
mágicas y a la vez gélidas
si no se escuchan con claridad,
sinceras y tristes
si las dos palabras son para un final.
Sólo el riesgo se entiende
cuando los hechos se producen,
solo los sentimientos conducen
al refugio del amor y el duende.

Se me olvidó caminar
si no es contigo,
llueve a diario
desde que las lágrimas
salen de mi corazón.
Mis versos se quiebran,
intentan descubrirte quien soy,
solo son simples palabras sinceras,
esperando oírte
las palabras de dulce Julieta,
espero contemplar tu brillo
y ver como pasas de estrella
a inmenso y eterno cometa.
Extraña paradoja de sentimientos,
las nuevas constelaciones
a tu llegada parecen completas.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Pienso

Pienso...
durante las veinticuatro horas del día
no hago más que eso, pensar.
Será que ahora mismo
no tengo nada mejor que hacer
que encontrarme con mi alma,
mi pequeño tesoro
que tan abandonado estuvo,
y cuando fui a buscarlo
no lo encontraba
por la torre de ideas que lo aplastaron.
Lo encontré con arañazos,
con jirones en la piel,
alguna que otra fisura...

Le he pedido perdón mil veces,
le he jurado por mi vida
que no volverá a suceder,
que no la dejaré de nuevo,
que será mi única amante fiel...
La he susurrado al oído
unos pequeños versos:
"Cuidaré de ti,
aunque el tiempo pase
y la tormenta del tiempo
nos llene de miedos
el sendero de los días
que se despiden al atardecer..."

Pienso...
Mis momentos se esfuman
tratando de deshacer mis actos,
solo el paso del tiempo
es quien me vuelve a recordar mis errores,
se aproxima, me mira a los ojos,
me inunda de lágrimas,
me ahogo en la desesperanza,
pero entre las tinieblas
encuentro que tu haz de luz
y la ilusión empujan
los nubarrones al norte.

No me reconcilio con ella,
por mas que he suplicado de rodillas,
no soy capaz de arrancarle
un guiño de complicidad de la mirada,
una carcajada vacía de miedos,
un secreto emocionado,
unas lágrimas de amor,
el vello de punta,
la piel erizada,
la luz de tu mirar eclipsada,
la felicidad del alma enamorada.

Pienso...
Los silencios se postran,
me miras cuando ya no miraba,
te diluyes en agua de luna derramada,
vacía mis días y mis noches,
enloqueceré por no sentir tus latidos,
por no sentir tu calor
cuando tenga frío,
por no ser mas que un humano,
aunque algún día me sentí algo mas
porque sé que te he querido.
Pienso y sueño,
puede que de nuevo,
aunque parezca extraño,
hayamos coincidido.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Todo amor acaba siendo dolor

Después de todo el alma se hace pedazos,
y las grietas llegan a mis cimientos.
Yo me derrumbo, me reduzco a cenizas
y todo porque ya no estás.
Es duro sentirse polvo en mitad de la nada.

Me quedo vagando en el aire,
floto y me traslado,
me llevas donde quieres, me soplas
y me vuelvo a unir
con las moléculas que quedaron rotas.
Me esparces por todo el espacio,
me has derrotado, si,
me has deshecho, me has sacado fuera,
me has matado...

No queda nada de mi, sólo mis letras,
mis frustrados pensamientos,
mis análisis sin orden,
mis sueños y el amor por ti,
porque en algún momento he amado.

Me siento como la última estrella del cielo al amanecer,
apenas ofrezco brillo al cielo iluminado;
un cielo que nadie contempla
y que descubre que lo que paso en la noche
forma parte de nuestro pasado.

Cansado de estar solo,
salí decidido a buscarte
y nunca más te encontré.
Nunca más entre las caras de la gente
hallé tu sonrisa de niña,
nunca más pude escribirte
como cuando fuiste mi musa.

Polvo... Sólo eso soy,
arena cubriendo el desierto.
Sueños rotos...
Olvido que no existe el amor,
allá donde me pose
ya no quiero un rayo de luz,
porque quiero morir sólo
y tranquilo sin ese dolor.

Todo amor acaba siendo dolor,
es absurdo lo sé...
Amar es muy grande,
pero cuando se acaba
el corazón se inflama
y empieza a doler.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Quizá

Quizá me sienta sólo y tenga que recurrir
a pensar de nuevo en ti,
pero lo que no te daré nunca
será el placer de verme de nuevo llorar.
No te mereces mis lágrimas,
ni sentir mis pensamientos,
no te mereces mis penas
porque ya no te quiero,
ni verme enamorado de ti,
solo te echaba de menos...

Quizá nunca te tuve
y no hago mas que mentir
a mis pensamientos con mis sueños
para sentirte un poco mas aquí.
No me merezco el silencio,
no me merezco sufrir,
ni tampoco el ser eterno
porque también es bello morir,
morir de amor si se puede
antes que marches de mi.

Quizá el tiempo pase,
o vuelva hacia detrás por ti,
quizá llueva hacia arriba,
y el Sol caliente sin salir,
pero si de verdad estas cerca
dejame verte por fin,
porque he soñado con tus gestos
y no los encuentro al dormir,
porque he bebido de tu boca
y me envenené de ti.

Quizá me ahogue en mis sueños,
o me encuentre cruzando el estrecho
hasta que una ola me arrastre
y me entregue desmayado a tu pecho,
y me dormiré tranquilo
porque mis sueños se han cumplido,
porque sigues tan sencillamente hermosa
y apenas te has movido
por dejarme descansando en tu cuerpo,
porque siempre he sido un crío.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Luz de Mar

Todo era penumbra, todo era oscuro,
nada tenía sentido,
hasta que caminando por los días
me golpeó en el rostro aquel brillo indudable.
Luz de Mar que me ciega,
Luz de Mar profunda y pura,
Luz de Mar ahoga mis dudas...

La Luz de Mar se cuela por cualquier resquicio
de las persianas de mi corazón
y me descubre solo
caminando agarrado del brazo de la soledad,
me arrebata de ella,
sólo espero que sea ella
quien quiera pasear conmigo.
Que poco a poco me descubra.

Yo por mi parte creo conocerla bien,
esa sonrisa sincera,
esos aires de flamenca,
esos ojos radiantes.
Sus formas, su piel morena,
el azabache de su pelo,
sus labios que me han robado el alma...
Luz de Mar que me llena la vida,
Luz de Mar,ahoga mis dudas.

Nunca dejes de alumbrar corazones,
aunque la calidez de tus besos
me arropasen por un segundo...
No dejes que las sombras enfríen tus gestos,
llámame si necesitas cobijo,
intentaré que tu llama no se apague,
lo intentaré aunque del cielo
lluevan lágrimas a raudales.
Luz de Mar, no me olvides
que presiento que algo grande
nos llenará de despertares.
Luz de Mar, al olor de las rosas
te sorprenderé entre las sábanas
donde se unen los mares.

Luz de Mar calienta mi rostro,
dale la calidez necesaria
para confiar de nuevo en el ser humano.
Luz de Mar volveré a verte de nuevo
aunque me deje la vida
en este extraño juego,
en el que los locos se queman
por el amor, por su fuego.
Luz de Mar que me ciega,
Luz de Mar profunda y pura,
Luz de Mar despojame de mis dudas...

viernes, 10 de septiembre de 2010

El suicidio perfecto

El suicidio perfecto no es irrepetible...
es un acto de conciliación
con la dolorosa alma del ser humano,
un reproche gratuito
del hombre hacia su espíritu...

El suicidio llena de paz
la perturbada moral de las personas...
Los más fuertes suelen ser los primeros en caer,
los más débiles dejan volar su imanación
para evitar ser arrastrados hacia la penumbra.
El suicidio llena de paz
las manchadas conciencias blancas
que se cargan sobre nuestra espalda.
La fuerza reside en las palabras,
no en los musculosos brazos.
La fuerza duerme en los actos de cada uno,
no en las mentiras tras las que solemos refugiarnos.
El suicidio llena de paz
todo lo que envuelve el nerviosismo
antes de la pactada calma...

El suicidio perfecto no es irreprochable...
El corazón se quiebra en soledad,
el vaso de vino lleno de amarguras y penas,
con la cuerda por corbata,
con el aliento ahogándose en silencio...

El suicidio es un segundo de coraje
en las infinitas posibilidades de nuestras manos,
es un dulce con fecha de caducidad,
la hoja que se cae del árbol antes del otoño,
es la gota de agua en el desierto.
El dolor se encuentra solo en nuestra cabeza,
el corazón únicamente se dedica a palpitar incesable
hasta que marquen las doce en punto
y las dos agujas se nos claven como vampíricas estacas...

El suicidio perfecto no es inquebrantable...
Es un movimiento certero,
entre la razón y los impulsos,
se agitan, se enervan, se impulsan
y el baño de sangre es inevitable...

El suicidio perfecto eres tú...
Es recibir a pecho descubierto el disparo de tus labios,
o sentirme azotado por la suavidad de tus caricias.
Es beber el veneno del manantial de tus senos,
o son los alaridos de placer de tus cálidos gemidos.
El suicidio perfecto eres tú...
Miles de puñales son para mi
cada una de las veces que me dices que me deseas,
miles de espadas al aire
que se descubren por sentirme tu fiel escudero amante.
El suicidio perfecto eres tú...
Cuando desvelas tus encantos
a las gélidas miradas del aire
y se enturbia tras pasar por tu vello escondido
entre la inocencia de quien empieza amarte.

sábado, 4 de septiembre de 2010

No dejes nunca de sonreír

No dejes nunca de sonreír
porque tu sonrisa me da aire
e ilumina mi vida
cuando todo se hace oscuro,
cuando los días se hacen cuesta arriba
y me cuesta llegar a la cima.

Refleja tu rostro en el agua,
y deja que la corriente lo arrastre
hacia aquel molino de sentimientos,
dale la fuerza necesaria para mover sus aspas
y que poco a poco los duros momentos se suavicen
y que pasen por mi garganta,
que tu presencia me alimente.

Haz de los días simples segundos,
que pasen rápido por disfrutar el uno del otro,
Borra de aquella vieja canción que tanto escucho,
la frase de desamor que tanto me gusta,
que la busque mientras escucho
su suave melodía a tu lado
y me vuelva loco porque ya no esta.
Simplemente fue un sueño
mientras me devuelves las ganas de vivir.

Mi corazón se despierta
si al amanecer sobresaltado,
no encuentra tu presencia,
él que te llama y tú no contestas,
el que lágrimas derrama
limpia de oscuridad su alma,
todo parece mas limpio
después de la tempestad llega la calma.


Brevedad, fracción de segundos sin ti,
mis párpadeos impiden ver
que sigues ahí enfrente
y esa penumbra me da miedo,
se vuelve contra mi
y congela mis brazos,
sino vienes a mi,
no soy capaz de lanzarlos.

Pero cuando mis ojos
me permiten verte de nuevo
y sigues ahí con tu precioso cabello,
con tus formas, con tus risas,
con tus carcajadas de niño pequeño
me enamoro de ti como un loco.

No dejes nunca de sonreír
porque tu sonrisa me llena de vida,
no dejes nunca de sonreír
porque eres la Luna en mi noche
y el Sol en mi día.

sábado, 21 de agosto de 2010

Me gustaría ser viento y volar

Me gustaría ser viento y volar...
Elevarme a los cielos
y entre bandadas de hermanos
dirigirnos todos al mismo lugar,
buscar la libertad.
El odio llevo a muchos a la cárcel,
el amor a otros les dará la libertad,
les cubrirá de buenos sentimientos
les hará cambiar.


Me gustaría ser viento y volar...
Llegar a lugares insólitos,
ser quien acaricie tu pelo,
quien te despeine,
quien te erice la piel sólo al sentirme cerca.
Nunca te llegaré a tocar.


Me gustaría ser viento y volar...
Allí desde el cielo asomarme
al balcón de los sentimientos escondidos,
miraros al calor de los buenos momentos,
y como dice un buen amigo,
que sea "Tu Recuerdo"
quien me haga desprender una lágrima,
que recibirás en tu rostro.
Me sentirás cerca, sabrás que soy yo.


Me gustaría ser viento y volar...
Fundirme entre las nubes, empujarlas...
Llevarlas a nuevas ciudades,
deshacerlas por mi fuerza,
hacer que se besen por mis silbidos.
Convertirlas en pequeñas niñas
que recorren las constelaciones del cielo.


Me gustaría ser viento y volar...
Robar del tendedero un vestido,
ese de terciopelo gris,
ese que te regalo tu primer amor,
del que todavía sigues enamorada,
me lo has confesado alguna noche al oído
sentada en la terraza mirando las estrellas.
Quizá nadie te oyese...
yo por mi parte siempre estaré ahí
y tú nunca lo sabrás.

Me gustaría ser viento y volar...
Me esconderé entre las ramas del árbol,
quizás se agiten cuando me pose en ellas,
quizás caiga alguna hoja seca,
y es que el otoño se acerca
y las copas se desnudan de verdes,
como lo hace mi corazón
cuando escribo de ti.

Me gustaría ser viento y volar...
Ser el sueño de una noche de verano,
ser cien años de soledad,
ser rima y leyenda,
o mejor ser rucio Platero de gris luna
y llevarte a los caminos del campo.
Descubrirte las ideas de los escritores,
solo las que vagan por las estrellas,
las que son buenas
y que nunca se escriben,
las que son un momento de genialidad
y su brillo las lleva a olvidar.

Me gustaría ser viento y volar...
Transportar los versos que salen de la boca
del poeta que te ama a escondidas
mientras la noche le esconde entre sus letras,
le desnuda de fragilidad y emociones.
Ser palabra que llega al alma,
ser palabra de oración amarga
ser tartamudeo por las lágrimas de sinceridad.

Me gustaría ser viento y volar...
Llevar la música a un rincón sin luz e iluminarlo,
que con el acorde de mi voz sonrías sin temor,
que con la escala del sonido de aquella guitarra
subas a la cima del mundo,
que encuentres el amor eterno
y el deseo de otros cuerpos.

Me gustaría ser viento y volar...
y volver junto a ti,
y volver a volver para una vez mas empezar,
y volar, hacer de mis alas
una razón de amor más
para volar al paraíso y hacerte soñar,
con que la vida no es perfecta
y ahí reside la auténtica felicidad.

viernes, 20 de agosto de 2010

Recuerdos...

Llegado el momento, cuando te falte el aire,
busca un recuerdo alegre, un minuto de ayer.
Llegado el momento, cuando te falte alguien
piensa en los momentos que pasaste con él.
Baúles llenos de sueños,
cajones con momentos inolvidables,
folios con cartas marchitas,
fotos arañadas por el paso del tiempo.

Aquella camisa que te gustaba,
el perfume que te ponías los domingos.
Las miradas a escondidas,
furtivos guiños al amanecer.
Recuerdos de una vida
que descubrimos cuando menos lo esperamos.
Ruedas de paja recorren la calle,
arena del desierto son los sentimientos perdidos,
bolas de fuego salen de nuestra mirada
por un recuerdo dolido del ayer.

Caen uno tras otro los segundos
como gotas de lluvia en un eterno atardecer,
caen uno tras otro los motivos
por los que me aferro a mi alma y a volverte a ver.
Vuelven los minutos recorridos sin miedo,
vuelven, y siento que te escondes sincero
porque ellos son pasado
y tu quizás te olvidaste de decirme te quiero.

Sonrisas diluidas en el reflejo del agua,
otoños enteros esperando a soltarme de tu mano,
inviernos que espero para llegar al cielo
momentos de mi tiempo, mi abrazo a tu cuerpo.
Peinados deshechos de cariño,
trajes de cabello de seda sobre mi piel,
endulzas mi aliento,
me baño en tu perfume esperándote.
Cielos e infiernos,
Dios o demonio,
ángeles y diablos,
celestiales nubes blancas
o llamas del fuego eterno.
nunca supimos de donde vinimos
ni lo que fuimos antes de sentirnos ciertos,
sólo me queda un segundo contigo
sólo tengo mis recuerdos.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Conversaciones con un ángel

Mis pies se posaron al borde del abismo del cielo. De algo estoy seguro si me lanzó, y es que no pasaré frío. No tenía mas ganas de seguir allí. Era demasiado, no hacía mas de diez minutos que estaba allí y ya quería marcharme. Era todo demasiado blanco, demasiado virginal. Yo que durante mi vida me dediqué a ser lo que no era, a aparentar a mentir, a tratar a la gente mal, no cuidaba las relaciones con el mundo, me creía superior. Estar allí me parecía demasiado premio a mis días en vida, seguro que muchos con los que había tratado, se merecían mas que yo estar en ese palacio de la reencarnación. Respiré fuerte, y cuando me disponía a ejecutar un salto mortal con caída libre al infierno, de repente, un ángel se sienta a mi lado y me dice:
- Hola... - Para empezar el susto que me dio aquella criatura y para continuar, que hacía nadie allí. Aquello era el abismo un lugar alejado de la civilización que habita en el cielo.
- Hola. - contesté igual de seco que los pensamientos que me habían llevado a aquel lugar.
- Se ve un bonito paisaje desde aquí arriba, ¿verdad? - insistió el ángel en conversar conmigo, mi respuesta había servido para que se marchase tal y como así intenté hacerle ver con ella.
- La verdad que no está mal. - mi poca educación me hacía contestar mientras que el ángel no fuese grosero, y es que hay cosas que te inculcan de niño y es inevitable cambiar.
- Yo llevo aquí desde la inmensidad de los siglos y jamás he bajado ahí, a ese planeta azul. He recorrido otros mundos otras galaxias, pero mi padre nunca me ha dejado ir allí. Tu vienes de allí, ¿verdad?
- Sí. - le volví a contestar a aquel ser bajito vestido de blanco. Hubo algo que me llamo la atención la segunda vez que le miré. No tenia un rostro definido. Efectivamente yo escuchaba su voz, pero de donde salía aquella voz. Aquel joven ángel me volvió a preguntar sobre aquel planeta azul, rápidamente después de mi respuesta.
- ¿Cómo es?. Debe ser un lugar increíble, desde que estoy aquí he escuchado muchas cosas de otros como tú acerca del planeta azul. He oído que es increíble aquel líquido que recubre la mayoría de su terreno.
- Agua. Le interrumpí yo para puntualizarle sobre como se llamaba aquel líquido. Se llama agua y es quien mueve el planeta, sin ella, allí abajo probablemente no serían nada.
- Después también veo muchos colores verdes y amarillos, ¿eso que es?
- Los colores verdes y amarillos corresponden a las plantas, ellas son las que desprenden frutos para alimentar a los seres que allí habitan. Beben del agua y crecen. Entonces cuando el ser que las trabaja las encuentra en su punto, las retira del árbol y de la planta y se alimenta con ellas.
- Lo que no veo mucho es movimiento. - Me inquirió aquel personaje sin rostro a lo que le contesté.
- Los seres que allí habitan son minúsculos dentro de semejante obra de nuestro Dios. Ellos se piensan únicos, se creen que son los que mandan sobre el destino del planeta azul aunque de vez en cuando el corazón de aquel planeta se rebela y les golpea fuerte. Muchos de ellos pierden la vida, pero desde la distancia empiezo a creer que es normal que ocurra, o acaso no haríamos nosotros lo mismo si nos estuviesen maltratando.
- ¿Por que dices eso? - me preguntó aquella criatura, empezaba a dudar que fuese un ángel. Yo los tenía en mas alta estima. Pensé que una vez que llegábamos al cielo eramos conocedores de un todo. Empecé a dudar si era cierta mi teoría o si ese ser que tenía al lado me estaba vacilando.
- Lo digo porque el ser que allí habita, se está encargando de poco a poco ir arañándole un segundo de vida. Tengo la certeza que Dios dio vida a aquel planeta. Que fue el origen del aquella maravillosa obra de arte, pero no le dio a sus habitantes la capacidad para mejorarlo. Hace cientos de años que inventaron un vil metal llamado dinero y a raíz de entonces se están matando unos a otros. Pero no directamente. Se van degradando poco a poco. Poco a poco el dinero, les atrae les convierte, les transforma. Es inevitable. La codicia se dibuja en sus rostros. La locura se adueña de sus sueños y les hace realizar complejisimas obras con materiales, los cuales ponen en peligro al agua y a la naturaleza. Están derribando cualquier barrera natural que se les pone por delante y les va a costar muy caro. Deberían de simplificar sus actos, si algo he aprendido desde aquí arriba es que en la sencillez, en lo simple se encuentra la perfección.
- Discrepo contigo.- Cortó mi discurso naturalista el ángel.- Efectivamente, Dios le dio vida a aquel planeta, pero creo que también a aquellos seres les dio dos manos como las tuyas, y les propinó una conciencia como la nuestra, ¿no?. Y si les dio dos manos era para trabajar en su obra, para culminarla, para mejorarla. Para que fuese la mayor de las obras jamás creadas. Por eso nunca me dejaron bajar allí abajo, yo no tenía esa capacidad.
- No lo entiendo. - Respondí yo angustiado, como un ser tan excepcional tendría prohibido el acceso a aquel planeta.
- Un día Dios me arrancó de aquel mundo, justo antes de aparecer, descubrí la luz y antes de tomar la primera bocanada de aire, decidió que mi lugar era aquí arriba.

Mi frustración era inmensa. Nunca pensé que Dios fuese tan cruel de arrancar de las manos de su madre a un hijo. Pero debería de tener un porqué. Está claro que las cosas no ocurren porque si, así que ya que aquel ángel no hacía más que preguntarme a mi acerca del planeta azul, del planeta del que yo venía, esta vez la pregunta impertinente la realicé yo.
- ¿Por qué? ¿Nunca te dio una explicación a aquella decisión?
- La verdad que hace unos siglos le pregunté el porqué y Él esquivó mi pregunta diciéndome si aquí estaba mal. A lo que le contesté que no, que a pesar de todo no me faltaba de nada, y disfrutaba de todos los que aquí estábamos. Que era feliz, que tenía luz, alegría. Tenía música, tenia amor. Él se dio por satisfecho con mis respuesta y entonces me dijo, entonces si aquí tienes todo, ¿a que viene esa curiosidad?. Aquel es un paso para los que se tienen que ganar estar aquí y tú madre no se merecía que tu escogieses por eso te traje aquí antes que ella, para que ella anhelase llegar a tu lado para que pelease por este paraíso. Por el auténtico paraíso, el único, el de la emoción, el de las sensaciones.

Una vez el ángel termino aquel pequeño discurso acerca de Dios, volvió a preguntarme, acerca de mí.
- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has llegado a este abismo? ¿Echas de menos aquel lugar?

Yo me sonreí por dentro, tenía frío y quería calor. Pero no se como lo había hecho aquel pequeño que durante unos instantes me había hecho olvidarme de mi, y es que yo ya no importo, simplemente vuelvo a vivir y con paz. Entonces en aquel momento, en esa fracción de segundo, tomé impulso, dí dos pasos atrás y le contesté.
- Déjalo todo tiene sentido.

lunes, 16 de agosto de 2010

¿Merece la pena?

A veces miro al cielo y me pregunto si merece la pena luchar. Estoy seguro que si pero ¿quien nos motiva? ¿a donde nos lleva todo esto?? Nos empeñamos en hacernos daño,en utilizarnos, en herirnos. No tratamos de pasar los días envueltos en la burbuja de la sensatez, de tratar de hacer feliz a la gente que nos rodea. Nos complicamos demasiado y la verdad que empiezo a pensar que nos gusta. Es brutal la cantidad de preocupaciones que tenemos día a día, sin reparar en que en la sencillez esta la felicidad. El simple hecho de llevar una sonrisa en la cara es motivo de crítica, ¿pero por qué?. De verdad que no nos entiendo, y me incluyo yo, porque puede que yo sea el primero de los mortales que sufre ese mal que llamamos envidia. Y la envidia aunque sea sana no deja de ser envidia, y puede hacer daño. Mucho daño. Es un arma arrojadiza, tan pronto está sujeta como cobra vida y lanza actos y sentimientos escondidos dentro de lo más básico del ser humano. Hay corazones que intentan huir de todo eso, pero es una burbuja que nos encierra y nos ata, nos obliga a ver lo que hace el que tenemos al lado, compararnos continuamente. En lugar de llenar nuestros objetivos de elementos que nos beneficien, nos preocupamos de asaltar los proyectos de los demás. No buscamos el consenso, no queremos unidad de un todo, preferimos el individualismo.


Hablando de esta palabra, individualismo... la analizo y veo que es injusto que dentro de ella este la palabra dual, la cual quiere decir de dos, la que nos procura la pareja, la compañía, la del ser humano. Imagino que el origen de esta palabra será individuo, es mas de uno mismo, mas propia, mas, y vuelvo al origen, es más egoísta. El ser humano esta lleno de matices ricos en sentidos, en culturas, en armoniosos sentimientos y sentidos. Tenemos la capacidad de reír y llorar al mismo tiempo, o al revés de llorar y reír. Existe una gran diferencia entre ellas. Podemos reír y de tanto reír, de la felicidad mas absoluta se nos escapan lágrimas furtivas como niños que acaban de robar unos refrescos en el super de la esquina de casa, pero también podemos llorar y reir, mas complicado quizás pero más impulsivo. Primero lloramos y después de tanto llorar, es cuando la duda nos vuelve a asaltar la cabeza. ¿Merece la pena? Y nos sentimos ridículos, nos sentimos mínimos, una pequeña partícula dentro de la galaxia es lo que somos. Y nosotros que florábamos pensándonos el centro del universo. Entonces vuelve a aparecer ella, la envidia. La sentimos propia. Nos araña por dentro, nos llena de jirones el alma, nos deja de latir con fuerza el corazón. Todo se desacompasa. Todo se hace frío, entonces como hoy, el día se vuelve gris y llora aunque a veces salga el sol y se ríe de nosotros.

sábado, 14 de agosto de 2010

Te llevaré

Te llevaré desde tu caída
hasta el cielo para hacerte volar,
porque si te hace falta una mano
la mía ya sabes que ahí siempre va a estar.

Te llevaré dónde me pidas,
porque me has ganado el corazón,
y no, no es amor, es amistad,
porque te siento frágil y sencilla
y con mirarte te pueden quebrar.

Te llevaré sobre las nubes
a una playa desierta
para sentarme a charlar,
para contarte mis experiencias
y oírte descansar.

Te llevaré princesa de primavera,
flor hermosa del jardín del Edén,
te llevaré donde me pidas,
sólo dime ven y allí estaré.

Te llevaré porque puedes contar conmigo,
porque no todos somos igual,
yo, por mi parte, soy sólo tu amigo
y lo único que quiero es tu felicidad.

Te llevaré,
si llegas tarde a casa vente conmigo,
te hago un hueco entre mis alas,
pronto veremos el horizonte,
ahí está tu nuevo hogar.

Te llevaré príncesa mia,
te llevaré, y desde el silencio de la noche
cuando el viento comience a despertar,
no te sientas sola,
sabes que mi abrazo te cubrirá.

Llévame

Al ocaso me sentaré en mi azotea,
encenderé dos velas
y me dejaré llevar donde me quieras llevar,
a conocer nuevos mundos, nuevas gentes,
costumbres distintas a las nuestras,
a naufragar cada noche en una estrella.


Quizá tengamos suerte esta noche
y nos sentemos en una fugaz
que nos descubra paraísos imaginarios,
nos enseñe rincones que
ni tú ni mi incredulidad creían posible.
Hace apenas diez minutos que te conocí,
y ya sueño contigo y con mil cosas por vivir.


Llévame a los aromas a café,
a los vuelos alegres de las faldas,
a los callejones de la soledad
donde los duendes salen a pasear
y se refugian en las melodías anárquicas
sin ritmo, sin tempo, sin son
pero con el alma que le pone
el que sabe más que nosotros
de eso que dicen llamar amor.


Llévame a tumbarnos sobre la arena del mar,
a cerrar los ojos y soñar lo mismo que tú,
tener las mismas fantasías e ilusiones,
tener las mismas ganas de volar.
Espera se me olvida el equipaje;
no lleves nada, me dices tú,
te arroparé con mis besos
diluidos en ácidos de románticos abrazos.


Me dijiste algo acerca del corazón,
ya recuerdo,
me dijiste que quedaste anclada en mi interior,
que lo quemarías con amor,
que te grabarías a fuego,
que tatuarías mi piel de caricias.


Lo único que te pido
es que donde me quieras llevar, me cuides,
ahora mismo no tengo fuerzas,
pero sé paciente, no desesperes
que mi cuerpo está allí contigo
y pronto llegaré en alma
con ganas de amarte, de hacerte sudar,
de amarnos como locos,
como la primera vez, como la fuerza del Big-Bang.


Llévame donde me quieras llevar,
seguro que es un precioso lugar,
no hace falta descubrirte ahora,
que confío en ti,
sé de sobra que me cuidarás.
Aunque no te conozca de nada,
tu rostro me inspira confianza, tranquilidad,
tus gestos son trazos de pincel sinceros.
Llévame donde me quieras llevar,
pero no te olvides de cuidarme
cada mañana al despertar,
tú eres una experta de este arte
y yo acabo de empezar.

jueves, 12 de agosto de 2010

Mil lágrimas de soledad

Mi sangre corre envenenada
y no hay mas antídoto
que los besos que me das.
Recorro los días tras tu sombra
alargada por el Sol
que comienza a despuntar.

Te busco entre mis sueños
en las noches llenitas de soledad,
en los brazos del pasado
tatuados en la piel
la verdad de la palabra amar.

Te busco incendiado por tus ojos,
por las llamas
que prendiste en mi interior
cuando sin motivo aparente
me dejaste de mirar.

El ácido del recuerdo,
desvirtúa la realidad
difumina los momentos
y nos marca el presente
con gotitas del pasado
que nos marcan lo que pasará.

El tiempo va pasando
y no te puedo encontrar,
me faltan tus caricias
las que visten mi piel
cada vez al despertar.

Me faltan tus besos,
pecado de dulce
leche y azúcar de tu tez,
me faltan tus abrazos de alma,
los que se dan sin tocar,
los que no hacen falta dar.

Me faltas tú, mi amor,
me faltas tu
y me sobran ellas
mas de mil lágrimas de soledad
derramadas en este vacío
que dejaste al marchar.

sábado, 7 de agosto de 2010

Juan y María

Se desprende una lágrima del cielo al atardecer y la tormenta de sentimientos que estalla porque ella quiere volverle a ver. Suenan truenos producidos por el dolor de las entrañas, mezcla de tonos malvas con la luz del día. Ella se sentó a esperarle como todas las tardes en aquella piedra a los pies del camino, y él bajaba de la montaña entre los trigales sin segar, discreto, sigiloso, para no levantar revuelo. La luna era cómplice de ese amor en medio de una guerra. El mundo estaba en contra de aquel amor. Derechas o izquierdas, nacional o republicano. Da igual, el amor sólo tiene un camino, la verdad, sólo entiende un idioma, amar, solo tiene una bandera, la que se teje cuando los sentimientos son únicos, la que ondea el viento de libertad.

Los más mayores del lugar no entendían cómo María se pudo enamorar de Juan. Ella una joven acomodada, hija de un terrateniente del lugar, bella dama de hermosas figuras, educación exquisita, distinguida de la media de aquella baja sociedad. Él, sin embargo, se había criado en el campo, su libro eran las mulillas que tiraban del carro, y apenas sabía escribir. Sus manos encalladas, su piel morena abrasada por las duras jornadas de labranza.

El estallido de los cañones hizo que Juan se adentrase en el bosque, María sentada sobre la piedra, recordaba que llevaban un año ya viviendo de la clandestina complicidad de los duendes del camino, de las sombras de la luz de la Luna, que habían pasado de todo, calor y frío, lluvias, nieves, todo tipo de inclemencias que no sólo eran meteorológicas.

Esa noche como tantas, María subió la cuesta de casa en busca del camino, el Sol se resistía a pasar a un segundo plano y la Luna como ocurre todas las noches de verano brilla desde su trono luciendo el vestido de lentejuelas que le hacen las estrellas para salir a la fiesta de los amantes, escondidos de las luces brillantes. Por fin, tras casi una hora de paseo por el campo llegó al lugar, allí descansaba inerte su piedra, donde Juan la había mecido en sus rodillas otras noches, donde habían cenado algún mendrugo de pan, cuando no había que llevarse a la boca; donde escondidos de los cascos de los proyectiles que volaban sobre sus cabezas se juraron amor eterno. María soñaba con una noche sin guerra, con una noche cuidando de su maqui escondido entre las ramas, pero esta vez perdido entre el perfume de azahar de las sábanas. Noches atrás cuando acariciaba su fuerte torso, soñó con ser madre de seis hijos, criarlos de manera tradicional, dentro de los valores de la familia, creciendo dentro de una relativa normalidad un pueblo sin guerras ni historias que contar.

Pasaba el tiempo y allí seguía María sentada. Continuaba soñando despierta, recordaba como había crecido todo aquello en su interior. Recordaba la primera vez que vio a su Juan. No tendría más de catorce años y escondía sus ojos tras la visera que llevaba en la cabeza. El padre de Juan fue a ver al terrateniente para negociar el arrendamiento de aquellas tierras, confirmar porcentajes y jornales. Juan no tenía edad para acuerdos pero se encontró con ella. María tenía trece años y estaba sentada leyendo un libro en el jardín delantero en un columpio que empezaba a notar el paso del tiempo. Vestido largo blanco, parecía una novia. Su melena de color marrón lucía al viento, que jugaba con ella a levantar la falda que escondía sus tobillos. Juan la descubrió y se enamoró, ella no vio mas que un chico del pueblo.

Aquella fue la primera vez que se vieron, y Juan quedó prendado de aquella niña. Ella era la auténtica motivación para levantarse todas las mañanas para ir a trabajar, mientras preparaba los útiles para comenzar la jornada junto a su padre, no pensaba más que en el viaje de vuelta a casa a medio día para comer y poder cruzarse con ella. Un día el padre de Juan, al haber algo más de faena de la habitual se quedo en el campo comiendo junto con el resto de trabajadores, pero Juan, en su rutina habitual, volvió a casa. Pero algo ocurrió en esa caminata; al pasar por delante de la casa del terrateniente, se cruzó con María. Bella, hermosa, diamante de carne y hueso. El tiempo se paró cuando su mirada se topó con él. El reloj dejó de correr y un rayo partió el corazón de Juan, que le dijo:

- Buenos días...
- Buenos días - contestó la joven
- Tu eres María, ¿verdad?, la hija del señor. Yo soy Juan, el hijo de Román, quien trabaja la tierra de tus padres.
- Hola Juan, encantada de conocerte. La verdad es que te había visto por aquí alguna vez, siempre vas junto a tu padre y los otros hombres. Además ya sabes que mi padre no ve bien que hablemos con la gente que trabaja en casa.
- Pero yo no trabajo en casa, yo estoy con mi padre en el campo...

La vergüenza y el miedo se apoderó de ellos y ambos soltaron una carcajada ante las palabras de Juan. Así es como empiezan todas las historias, con miedo, no vaya a ser que nos roben el alma y no podamos volver a amar. Fueron pasando los días y cada vez era más frecuente verles hablar.

Un día de tormenta, Juan y su padre no pudieron ir al campo a trabajar, era imposible realizar las tareas diarias con tantísima agua que caía. Al amainar el temporal, Román; mandó a su hijo a comprobar las tierras. Juan corrió hacia el campo, se esperaba algo más de lluvia, al menos eso intuyó su padre al mirar al cielo la noche anterior, que al día siguiente llovería bastante. Empleó un rato en comprobar que estaba todo en orden, la tierra había absorbido bien aquel diluvío, excepto en los viñedos que debido a la baja altura de los mismos, los charcos, hacían peligrar el fruto. El joven hizó agujeros en la tierra para que el agua fluyera mejor tal y como le había indicado su padre.

A su vuelta a casa por el camino, comenzó a llover, era cerca de la una del medio día y a lo lejos de aquella era, junto al camino vio a alguien venir de lejos. No esperaba cruzarse con nadie, hacía un aire tremendo, y el agua golpeaba con la misma fuerza en el rostro como lo podía hacer un manotazo. Al ir acercándose, descubrió quien era la dueña de aquella silueta. Era María. A Juan, el corazón le comenzó a bombear sangre como si se hubiese abierto la compuerta de una presa. Aceleró el paso y llegó a María.

- ¿Dónde vas chiquilla?- María llevaba los zapatos y la parte de abajo de la falda llena de barro. La blusa empapada, el pelo se le había ondulado. A pesar de todo, para Juan estaba preciosa.
- A casa -contesto con medía sonrisa- que vengo de clase y hoy mi padre ha quedado a comer con el alcalde y no ha podido venir a buscarme nadie.
- ¿Te acompaño? - Le preguntó Juan
- ¿Quieres? le contestó a modo de pregunta ella.

Juan no contestó.Tampoco hizo falta, se giró, se quitó la chaqueta que llevaba puesta y ambos cubrieron sus cabezas con ella, para evitar mojarse mas. Durante aquel paseo de cerca de una hora, quedaba un kilómetro de camino hasta su casa. Durante aquella caminata, los dos estuvieron más juntos que nunca desde aquella primera vez. Sin contacto físico no nace el amor y nunca antes habían estado tan unidos.

María recordaba con cariño aquellas historias sentada en su piedra. La noche cada vez se oscurecía más, esa Luna otras veces cómplice se puso un abrigo de nubes negras. Hacía frío y Juan, no llegaba. La preciosa joven se ponía mas nerviosa a cada minuto que pasaba, sólo le consolaba que estaba convencida que pronto iba a llegar su momento. El silencio de aquel lugar empezaba a romperse... se oían ruidos. María se sentó en el suelo y apoyó su espalda en la piedra para protegerse de lo que viniese por detrás. El sigilo ya no existía, se oían ruidos de gente desplazándose al frente, serían unos tres o cuatros. A su espalda también se comenzaban a escuchar movimientos.- ¿Sería Juan? se preguntó la joven, quien estaba haciendo esfuerzos por quedarse quieta y no girarse. Los ruidos que se oían al frente empezaron a hacerse más firmes, incluso, a pesar de la noche había conseguido distinguir alguna silueta. -¿No serán soldados?- se preguntó mientras pensaba en Juan, sólo deseaba que no fuese uno de los ruidos que se oían a su espalda. Tras la piedra, los movimientos habían cesado. La tensión crecía segundo a segundo.
- María... se oyó un susurro
- ¿Juan? contestó la joven
De repente se oyó al frente el vuelo de un pájaro de acero, una estrella de la muerte, un proyectil de odio sincero, y un golpe seco. Todo se volvió claridad. Blanco, paz, silencio...
-¿Juan eres tú? se preguntó entre tinieblas de dolor.
- María amor... se oyó un grito desgarrador.
María y Juan... Juan y María... ¿Quién sabe quién? El uno se llevo al otro, el disparo arrancó a los dos, el amor se diluyó como agua. Sólo queda el recuerdo sincero, sólo queda el verdadero corazón del ser humano que quiebra vidas sin compasión. Sólo hace caso a sus ideas que dirigen a su corazón.