martes, 17 de enero de 2012

Ermitaños del mar

Sin que te dieses cuenta
hace tiempo que te elegí,
aunque a veces sea resta
de la suma que nos toca vivir.
Si tú supieras que muero
cada vez que te alejas del puerto,
y yo me quedo aquí amarrando velas
mientras mi corazón se pliega,
y elevo solitario los remos,
en silencio los guardo dentro.

Mi barquita se hace a la mar,
al vaivén de las turbias aguas.
Me arrastran las olas,
mecedoras antiguas de sal,
bailan conmigo ahora que tú
no me deseas para nada más,
ahora que se rompió
el frágil tiempo de cristal,
ahora que esta noche
se acuesta mi alma en soledad.

Requiebros en mis maderas,
recuerdos en las costuras de mis telas,
sinceros son mis sueños,
aunque nadie ya nadie me espera.
Pesadillas que no cesan de gritar,
aunque nada me haga este deseo realidad,
ojalá mis suplicas se oigan
dentro de algún palacio celestial,
y te lleven mar adentro a mi barquita
seamos ermitaños del mar.

Sin que tú te dieses cuenta,
cabeza abajo me fui de aquí,
y no me echaste en falta,
ni en este principio, ni en tu fin.
La vida es para valientes
que viven mirando al dolor,
la vida es facil para todos aquellos
que curan las espinas clavadas en el corazón,
y yo me ahogo por tus lejanos suspiros,
y tu te emborrachas tranquila
en la cantina de otro amor
mientras cantas esa canción:

"Tabernero deje esa botella ron,
que hoy el tiempo se hizo eterno
y a mi lado se ha anclado un corazón.
Tabernero, no hay otra solución
que seguir bebiendo de golpe
hasta perder el sentido
y recuperar su ilusión"

La mar se torna picada
y me abraza con sinceridad,
Una ola golpea mi mentón
cuando otros labios te llegaron a besar,
y yo quedé ciego y callado
deslumbrado sin saber donde mirar,
aunque pervives en mi recuerdos,
y siempre seras esa eterna sirena
que conquistó mi mundo de fantasía
y me descubrió que la vida es mas vida,
cuando juegas en el tablero del amar.

lunes, 9 de enero de 2012

A las idas y a las venidas

Entre mis sueños resuenan los ecos de una vida dura y cansada de sufrimiento desgastado por el hueco en blanco que se quedo en la guerra de significados de amar y odiar. Entre el amor y el odio se encontraron a medio camino mis ilusiones, y se dieron de frente, el parte a terceros y las multas sin pagar. Tengo ganas de que se derrita el hielo que bucea dentro de el vaso de whisky para bebermelo de un trago y empezar a delirar, porque así divagaré como lo hacen los grandes genios. A la sombra del humo de un cigarrillo de maría que me he liado mientras hago tiempo a que esto ocurra.

Hay veces que todas las ideas que fluyen por mi cabeza se escapan a más velocidad de las que mis dedos son capaces de trasponerlas sobre un papel en blanco,y la sensación que tengo es la misma que cuando dibujo versos en el aire, todo por sentirme algo que no soy, o quizás si. Es posible que algún día fuese parte de un poema de Garcia Lorca, o tal vez fui Platero en el libro de Juan Ramón. Tal vez fui tango de Gardel, o baile nocturno con la vieja luna arrabalera en una noche de mayo. Tal vez, me alié con Einstein para descubrir que las matemáticas son algo más que dos más dos. Y así volando en el tiempo me haré con un trocito de la historia que borraré para que alguien venga a escribirlo de nuevo.

Normalmente cuesta mas ganar el dinero que pagar las facturas. Y en esas estamos de nuevo en las de volver a divagar sobre los pensamientos, en amontonar las letras unas con otras, en no saber hacia donde nos encaminamos, ni de donde venimos. A veces las dudas permanecen en silencio, pero cuando hablan; cuando hablan lo hacen con mas fuerza que las voces que normalmente recibo desde mi cabeza. Lo normal es que cuando el alcohol haga mella en mi cerebro, la parte frontal se acuerde de ti y se golpee contra la pared mas cercana, para a continuación recibir pinchazos en el corazón. Me duele acordarme de ti sólo cuando he bebido pero prometo que nunca te llamaré con dos copas de más. A otras quizás si, pero a ti, a ti nunca.

Doy una calada a mi porro, y expulso el humo lentamente por mi nariz. Su propia inercia envuelve mi cabeza en el blanquecino de su tela de araña, y en ella va tejiendo mis decepciones, y mis maldiciones, mis caídas, y mis idas y venidas. Somos tan tercos que nos empeñamos en atravesar muros de desconfianza a cabezazos, creyendo que todo es posible. El limite es tu imaginación, pero la imaginación tiene un limite, y se llama realidad. Toso porque el vapor de aquel cigarrillo se había cruzado en mi garganta y tú te me retuerces por dentro, consciente conciencia, inapelable inercia. El tiempo me mata, el tiempo consume el cuerpo humano y no lo recuperamos, el tiempo es ese bien que se escapa sin poder controlarlo, día a día la vida nos va pasando sus recibos y nosotros los pagamos con nuestros actos.

El hielo se ha derretido de mi vaso y como prometí me lo bebo de un único trago. Una vez lo termino golpeó con él en la mesa. Chulesco. Dejado. Valiente a la par que cobarde; pienso que esa actitud puede romper el vaso en mi mano y cortarme, pero ya es tarde. Un grieta se ha trazado de arriba a abajo y la tensión con que agarraba aquella vasija la parte y se me clava. Sangro como no lo había hecho antes. Corro hacia el lavabo pero me caigo. Mi cabeza se golpea en el suelo y me desmayo. Todo pasó muy deprisa y apenas recuerdo como llegue a esta cama. Hoy parece que todo ha cambiado.

domingo, 8 de enero de 2012

Ella (... y mi sueño)

Ahí está Ella...
Se despertó de su sueño
y yo soñé con estar en él.
Ahí está Ella...
y yo que me muero por besar
cada centímetro de su piel.

Ella juega con la luna llena
y se sienta a esperar a su amor
hilvanando las estrellas
para tejer el vestido de lentejuelas
para que el mundo la descubra
como la mujer más bella.

Ahí está Ella...
Y sus sonrisas sinceras
como los arrebatos de lluvia de otoño
en las floridas tardes de primavera,
donde borré el olor de las flores
por correr hacia Ella
en el sentido contrario
de esta vida y su grisácea carretera.

Cansado me siento sobre esa piedra
y espero a que el corazón se mueva,
porque Ella llegó a mi vida y
su piel de agua y espuma
me abrazó a la primera.
Me siento parte del viento,
y el recuerdo de su perfume me eleva.
Me absorbe lo que fue lamento
y lo cambia por la soleada alegría
que se descubre tras las cansadas tormentas.

Me dibujó un corazón
entre mis manos con sus dedos.
Me enseñó que para alcanzarla
con el dulce de azúcar de los labios
hay que tener el corazón a flor de piel
y el sentimiento de quien es sincero.
Ella a cambió me regaló
un tatuaje nuevo de amor
y limpió las lágrimas del primero.

Ella se quedó dormida,
al rubor de una caracola,
Ella se sintió perdida
al vaivén de las olas.
Ella se quedó prendida
al compás que marca esta rola,
Ella soñó un nuevo destino
aunque en su corazón
nunca estará sola.

Y así estoy yo...
Vagando, confuso y perdido.
Y Ella sigue dormida
mientras las ilusiones caen
al absurdo cajón del olvido,
donde los lapiceros olvidaron
los poemas de la noche
en que caí doblegado por los miedos
a tus emociones rendido.

Y yo sigo un sueño por soñar,
y cansado de esperar esa señal,
durmiendo palabras vacías
de mensaje y sinceridad.
Es tarde y me descalzo de nuevo,
te espero en la banqueta
que dejaste en la puerta,
para cuando llegase a tu vida
la persona que te tendrá que amar.
Es tarde esta noche ya
pues la puerta entornada está.

jueves, 5 de enero de 2012

La tentación vive arriba

Toc - Toc...

Llamé a la puerta de la que colgaba un gordinflón Papa Noel, con mi chándal de los sábados y algo nervioso. Ese gorro verde y gris que tanto me gusta, cubría mi cabeza y hacía que mis ideas se mantuviesen calientes. Mi pelo estaba alborotado debajo, despeinado. No tenía yo el día más guapo de mi historia pero ahí andaba yo, con las manos en los bolsillos llenos de timidez e inseguridad. Y allí estabas tú. Tras ese umbral iluminado eternamente por el blanco nuclear de la puerta, de tu camisa y de tu inconfundible sonrisa. Un haz de luz azul cruzó de tus ojos a los míos y yo quede petrificado esperando el pasar de la muerte por delante pues con ese resplandor podría decir que ya había visto el cielo. Me invitaste a pasar, y yo, con paso firme y decidido pero como siempre tímido, accedí. No me podía creer lo que estaba viviendo, entre dormido y cansado, entre feliz e ilusionado, las miradas furtivas en el portal se habían cruzado frente a frente. Esta vez se habían saludado de verdad.

- ¡Hola! - Me dijiste jovialmente.

- Hola, soy Alfonso, tu vecino de abajo...

- Yo soy Ruth, tu vecina de arriba...

Y los dos nos reímos a carcajadas. En esta ocasión el coqueteo que siempre teníamos en el ascensor, mientras manteníamos las conversaciones típicas de vecinos encerrados en nuestro metro cuadrado de elevador, estaba fuera de su hábitat natural. Se nos notaba nerviosos. Se notaba esa chispa que faltaba en otros sitios. Por ejemplo, en aquella caldera que desde mi terraza oía que intentaba arrancar y no podía. Aquel era el motivo por el que realmente subía a tu casa. En nuestra última convivencia de conveniencia en el ascensor me comentaste que no tenías ni calefacción ni agua caliente. Ese aparato del que depende la calidez de un hogar, por mucho que nos empeñemos en decorarlo con todo el cariño del mundo y hacer de aquellas cuatro paredes una casa acogedora, no funcionaba como debía. Me ofrecí como siempre, me ofrezco a cualquier vecino, a cualquier persona a quien pueda ayudar. Pero en esta ocasión... En esta ocasión todo podía ser diferente; todo era diferente.

- ¿Qué quieres tomar? - me preguntaste bastante más relajada que yo, también es verdad que eras la anfitriona, y jugar en casa siempre da cierta tranquilidad.

- Agua. - contesté cortésmente, no estamos en disposición de gastar más de lo normal y uno en una primera cita debe causar buena impresión y aquello aunque un poco informal y diferente no dejaba de ser una primera cita.

- ¿Agua? ¿No quieres cerveza, algún refresco, un café? Venga hombre, que la semana pasada fue mi cumpleaños y tengo la nevera llena de bebida y la despensa llena de comida.

- No, de verdad que no. Déjalo. Vine porque tenías mal la caldera y lo que menos quiero es molestar más de lo normal.

- Esta bien, pasa, pero de aquí no te vas sin tomarte algo.

Me sonreí, y ella lo notó. Por motivos evidentes, no hacía falta que me llevase al lugar en que había que efectuar la reparación aún así ella me indicó donde estaba el sitio. Y allí cual forense disecciona sus víctimas, yo me dispuse a desmontar a la mía. A ser sinceros, era la primera vez que me metía a manitas. Si lo hacía era por descubrir como era aquella química atracción que rezumaba en el ascensor cada vez que nos cruzábamos. El cincuenta por ciento era esa atracción; el otro cincuenta por ciento era la curiosidad de lo desconocido, era hacer por una vez las cosas de una forma fuera de lo normal. Observé fríamente la caldera, y... ya sabía lo que la pasaba, como bien podía oír desde mi terraza no entraba el suficiente gas a la misma, es decir, tenia la válvula cerrada, y de ahí ese ruido que yo oía y que no calentase nada de nada, ni la casa ni el agua. Cogí un destornillador y “oualá”. La caldera se encendió.

- Mira el agua, por favor Ruth.- Ella se dirigió al grifo y a los pocos segundos ya salía caliente.

- Si, si... Ya sale caliente- exclamó ilusionada- Gracias, Gracias, Gracias...

- De nada vecina... De nada.

- Ahora ya te tienes que tomar algo conmigo.

- Bien, está bien, así lo haré.- contesté- Una coca cola light.

Abriste la nevera y nos fuimos al salón para ponernos cómodos. Había que celebrar aquello. Sin darnos cuenta, y tras varias idas y venidas a la cocina, nos habíamos puesto al día de nuestras vidas; casualmente, teníamos mas cosas en común de las que nos imaginábamos. ¿Quién iba a decirnos que las miradas furtivas iban a estar mas cerca de lo que jamás creímos? Y así, charla tras charla, el tiempo se nos echó encima. Tú tenías que marchar con una amiga; yo vuelta a casa a la compañía de mi guitarra. Nos emplazamos a otra tarde, a otro momento. En ocasiones la química no reacciona en el mismo instante en que las moléculas se chocan. Aquello era una certeza más. Nos intercambiamos los teléfonos y nos despedimos igual de cortésmente que cuando nos saludamos. Abrí la puerta para salir, mientras me ajustaba el gorro y esperaba el ascensor, aquel resplandor blanco de la puerta se tornó en negro, como el fundido de una película. Yo me quedé embobado observándola, dramático, nostálgico.

Llegué a casa y no podía de parar de pensar en ello. No podía olvidar esos dos luceros que alumbran aquella casa sin necesidad de velas, sus palabras entrecortadas de la velocidad con la que hablaba. No podía dejar atrás cada una de las veces en que habíamos coincidido en aquel habitáculo, las conversaciones del tiempo, y no podía olvidar lo a gusto que me había hecho sentir en aquella chaise longue. Pero a fin y al cabo tan sólo éramos vecinos.

Fueron cayendo los días al igual que caían las hojas de los árboles en aquel otoño y mientras ella seguía viviendo encima mía; mis sentimientos seguían caminando por debajo. Y aquel ascensor que a veces hacia de improvisado cupido, se volvió esta vez en nuestro peor enemigo. Su espejo guardaba grandes secretos. Él te había visto peinarte a toda prisa, él te había observado cada noche al llegar a casa, a veces sola, a veces acompañada. A veces en silencio, otras ruborizada. Era imposible que semejante belleza pasara desapercibida, y lo más extraño del caso es que no se quedara grabada tu silueta en el cristal.

Tras mucho darle vueltas a la cabeza aquella tarde, finalmente, decidí coger el teléfono y tragué saliva. Marqué los nueve números de su teléfono móvil y se hizo el silencio. El ruido del silencio es extraño. Es un vacío similar al de la caracola vacía a la orilla del mar cuando la aproximamos a nuestros oídos. Aquel pensamiento me llevó a los dieciséis, me recordó a cuando corría por la playa detrás de mi primer amor. A fin de cuentas, ella aún no lo sabe, tampoco lo sabrá, pero así fue. Ahora corría detrás del amor otra vez, volvía a hacerlo porque es ese sentimiento que en ocasiones hay que correr detrás de él, porque no basta con que aparezca como dicen otros muchos.

Por fin sonó el primer tono, de nuevo un compás de espera que me sirvió para tragar saliva, y otra vez ahí estaba ese extraño ruido. Se repitió la secuencia y de repente, un crujido al otro lado de la línea que daba paso a la transmisión de la voz.

- ¿Si? - preguntaste desde el otro lado mientras mi corazón se aceleraba y un incipiente calor subía la temperatura de mi frente.- ¿Si? - Repetiste más firmemente.

- Eh.... - Dudé.- ¡Hola Ruth!- Imaginé que al preguntar ya no recordaría quien era.

- ¡Hola Alfonso! Cuánto tiempo, ¿Cómo estás?

- Pues mira aquí ando. Estoy en casa que acabo de llegar de trabajar y bueno me he acordado de ti. ¿Qué tal estás? Hace tiempo que no coincidimos.

Intenté tirar de todo el repertorio de preguntas recurrentes intentando entablar una conversación pero ocurre que a veces cuando buscas hablar, la persona que está al otro lado está intentando dar largas a la misma por ser educado. Pero, de repente, se me cruzaron los cables y solté lastre.

- ¿Te apetece que quedemos para tomar algo una tarde? No sé, soy nuevo por este barrio y no conozco a nadie, apenas un par de vecinos más y cómo el otro día quedamos en que nos debíamos unos vinos pues había pensado que quizás esta fuese la tarde adecuada, o quizás otra pero bueno... ¿No sé, que te parece?

Si hay algo que me ocurre habitualmente es que las dudas se mezclan con los miedos, los temores y la vergüenza se come mis ideas y las palabras. Conclusión, me vuelvo un patoso integral. Tras, aquel arranque de gallardía o de valentía, o como quiera que se defina a aquella actitud; cómo era lógico, esperé una respuesta. No tardaste ni dos segundos en contestar, pero a mi se me hizo eterno. Entre el segundo cero y el uno, el aire se quedó quieto, se congeló, se quebró. Entre el segundo uno y dos, todo volvió al movimiento obligando a mis oídos a escuchar una respuesta.

- Está bien, hoy es jueves y tengo bastante lío en la oficina, pero... ¿Cómo te viene este domingo?

- ¿Domingo? - pensé yo. El domingo es un día complicado porque la gente suele tener prisa por irse a la cama para ir a trabajar al día siguiente, pero estaba claro que si quería quedar con ella, tenía que aceptar sus condiciones "sine qua non", para poder acceder a tener mi ratito de gloria.- De acuerdo, el domingo es buen día. Sobre las seis de la tarde para poder dar un paseo y ya vamos viendo lo que hacemos, te parece.

- Perfecto. - Me contestaste sin dudar. - Entonces el domingo a las seis en el portal, que no nos pilla lejos a ninguno.

- ¿Te paso a buscar? -Bromeé y tú te reíste instantáneamente con mi chiste fácil. - Bueno entonces quedamos así, a las seis en el portal.

Mi puño cerrado celebró aquel acontecimiento como si acabase de anotar el gol que hacía campeón a mi equipo. Tengo esas cosas, soy capaz de celebrar cualquier mínimo hecho, y del mismo modo llorar ante cualquier noticia.

Así pasaron el viernes y el sábado, y yo que no me podía sacar a Ruth de la cabeza. En todo lo que hacía, ella aparecía, estaba presente. Si me miraba en el espejo, veía su reflejo guiñándome un ojo. Si me asomaba a la ventana la veía refugiarse debajo del árbol a observarme. Así con todo, ella era una extensión de mi mirada.

Llegó la hora, aquella que ansiaba desde hace días y baje corriendo la escalera para encontrarme contigo pero allí aún no estabas. Tengo la fea costumbre de llegar tarde a las citas y cuando soy yo el que espera me desespero muy fácilmente. Me puse a dar vueltas por el portal, como si de un padre en la sala de espera de un paritorio se tratase. Dieciséis pasos a un lado, quince de vuelta. Así sucesivamente, sin parar, pero sin perder la vista del fondo del portal, donde se hallaba nuestro ascensor. De repente el parpadeo del botón del ascensor me puso en sobre aviso.

- Planta cero.

Se escuchó desde el silencio del portal decir al ascensor y la puerta se abrió. Poco a poco la tenue luz que alumbra el elevador fue desplazándose por todo el rellano hasta que se abrió por completo. La silueta estaba de espaldas. Supongo que andaba coqueteando con el espejo, ajustándose la coleta. En ese preciso instante se dio la vuelta, y camino hacia a mi. El contraluz de la propia luz de la calle y la luz del ascensor impedía distinguir el rostro de aquella persona, pero a medida que se iba aproximando mas se parecía a la tuya. El contraluz fue quedando atrás y tus dos luceros centellearon al verme allí. Eras tú. Te recorrí de abajo a arriba. Botas marrones, vaqueros ceñidos que descubrían tu espectacular forma, chaqueta de cuero semiabierta y bajo ella una camisa de cuadros rojizos y un top blanco que descubrían ligeramente tus encantos. Un poco más arriba, tu hermosa cara. Esa mirada de serpiente que me hipnotizaba y tu maravilloso pelo recogido como una cola de caballo. Hay veces que la belleza se compara con la divinidad y en aquel momento, un ángel paseaba hacia mí en el rellano de aquella escalera.

- ¡Hola! ¿Llevas mucho esperando? - me preguntaste a la par que me dabas dos besos.

- No, la verdad que no.- Apenas llevaba cinco minutos allí paseando para relajar mis nervios.

- ¿Has pensado ya donde vamos a ir? -preguntaste.

- Pues la verdad que no, pero he descubierto un sitio, un lugar junto a mi paraíso.

- ¿Tu paraíso? - contestaste.

- Si, bueno es una historia larga de contar.

- Tenemos todo el paseo hasta allí para que me la cuentes.

- Esta bien, vayamos hacia allí y te voy diciendo.

Y así comenzamos a caminar. El sitio es una pequeña vinoteca que hay en el centro de la ciudad y mi paraíso no es otro que el parque donde solía jugar de niño a la salida del colegio. Es el lugar donde mi alma se relaja se tranquiliza. Donde todo cobra un orden, un sentido. Justamente la vinoteca esta a escasos cien metros de aquel sugerente lugar para mi.

El tiempo lo ha ido respetando tal y como estaba hace veinticinco años, a pesar de que algunos elementos hayan ido apareciendo, a la par que otros desaparecían, pero jamás ha perdido su hermosura y sigue en pleno esplendor. Con sus farolas de luces amarillas, su fuente, su palacio al lado, su callejón. Simplemente espectacular. Y allí llegamos nosotros.

- Este es mi paraíso, ¿Te gusta?

- La verdad que nunca había estado aquí.

Le conté la historia, del porqué es mi paraíso. Cuanto menos es curiosa y de ahí nos dispusimos a marchar al bar del que la hablé. Aquella maravillosa vinoteca que había aparecido escasamente ocho meses atrás. Un ambiente totalmente rustico, como de otro siglo, envolvían aquellas cuatro paredes. Me hacían sentir como en casa.

- ¿Quieres algo en particular? - Pregunté como buen caballero

- Un Ribera del Duero.

Fui a aquella pequeña barra y una vez me sirvieron me dirigí a la mesa donde te sentaste para estar por fin contigo. Me despoje de la americana al igual que tu lo hiciste de tu chaqueta de cuero, y nos sentamos a ponernos al día, el uno sobre el otro, el otro sobre el uno. Y así fue como poco a poco fuimos conociendo que teníamos mas cosas afines de las que nos pensábamos. Música, ciudades, vivencias, miedos... Y es que a determinadas edades y en momentos precisos todo se comunica y personas que jamás antes se habían visto, tienen diferentes nexos de unión; puntos comunes que descubren las verdades de cada uno en la claridad de los ojos y en la sinceridad de las palabras.

El tiempo fue pasando insurgente, y no tuvo piedad con nosotros. Y así ocurrió que dos y horas y tres copas de Ribera después el ambiente estaba lo suficientemente caldeado como para no volver a casa y así lo decidimos. Seguimos paseando y mientras nos reíamos a carcajadas por las calles, el brillo de nuestros ojos alumbraban los callejones oscuros de la soledad, y es probable que por un momento tuviese ganas de que mis brazos alcanzasen tu cintura y te acercaran a mi pelvis para que mi olfato fuese cautivado por tu aroma, ese que se desprendía de tu pelo un metro por delante mientras huías hacia delante con tu radiante sonrisa. Finalmente, te diste la vuelta y frenaste en seco. Me miraste seria, como nunca te había visto, y me dijiste al oído tres palabras. Entonces mis pulsaciones se aceleraron, se fueron incrementando paulatinamente, sin temor a que podría pasar.

Tus pasos se dirigieron sin apenas pararse hacia casa. Mientras el aire jugueteaba con tu cabello, y la luna sentía celos del brillo de tus ojos, yo no daba crédito a la tentadora oferta. Ahora entiendo a Eva, comprendo que fuese cautivada por unos ojos de serpiente, tal y como me pasó a mi. Es más que seguro que nunca vuelva a tener ese brillo frente a mí, pero en ese momento, no lo podía despreciar. Llegamos al portal y una vez allí nos encerramos en nuestro hábitat natural, en nuestro metro cuadrado que nos ha dado para tantas y tantas cosas. Entonces, y tras atronar de nuevo aquellas tres palabras en mi cabeza, me dije a mi mismo, vamos a hacerlo, y lo hice. Me arroje a tu boca, como quien se tira a una piscina de agua helada, de golpe, aun con el riesgo de quedarse congelado al salir de allí, pero la sorpresa fue cuando el agua estaba tan tibia como mis latidos. Todo se aceleró, todo se desencadeno en una ristra de besos que poco a poco descendían hacia el cuello. Siempre he tenido ese puntito vampírico que me llevaba a que mis victimas fuesen inyectadas de la inmortalidad en la sangre, de la locura de mis besos a plena luz de la luna, aunque aquella vez cambie aquella gigante estrella por la luz de un fluorescente que se empeñaba en parpadear de vez en cuando.

El ascensor llego a mi planta, y yo me resistí a salir, aunque tú tampoco me dejabas arrastrarme hacia mi rellano. Por un momento la puerta nos destapó nuestro encuentro, pero pasados cinco segundos volvió a su lugar. Entonces la puerta se volvía tornar y tú me diste la vuelta contra el espejo. Me agarraste del cuello de mi americana, empujándome, sin miedo a nada, con ganas. Aquel golpe, agitó el elevador mientras este subía hacia tu piso. De nuevo la puerta se abrió, y volviste a repetir el movimiento pero esta vez me empujaste al rellano de tu escalera. De un salto saliste del ascensor, y te colocaste a horcajadas, con tus piernas rodeando mi cintura y sosteniéndote sobre mi cuello. Yo dí tres pasos y llegamos a tu puerta. Aquella vez fui yo quien te apoyó sobre la pared. Y salvajes continuamos besándonos, hasta que pasado un minuto y tras intuir las llaves de tu casa en el bolso, me dejaste de besar y te dirigiste a la puerta de casa. La abriste de tres giros de muñeca y pasamos.

Allí ya os podéis imaginar lo que pasó. La ropa empezó a trazar el camino hacia su cama, para después no perder de vista el camino de salida. Antes de llegar a su habitación apenas teníamos ropa puesta. Y las ganas dilataban cualquier vaso sanguíneo de nuestro cuerpo. Todo fue tan rápido que apenas habíamos terminado, la luz del Sol, despuntaba el amanecer. Entonces las prisas fueron las contrarias. Todo parecía de película. Casi perfecto. Entonces tú decidiste salir corriendo, y yo marché a trabajar. Todo tiene un orden que hay que respetar. Una vez en el trabajo, mi cabeza continuamente pensaba en ella, al igual que mis ojos se cerraban y solamente veían tu reflejo. Hasta que no se volvieron a abrir.

Entonces un ronquido me despertó. Y estaba sentado en mi sofá de casa, y mis manos estaban empapadas. Mire a al frente y la televisión seguía prendida en el mismo lugar de siempre, pero tú no estabas. Tú te habías diluido en mi vaso de agua, y yo me había ahogado en mis sueños. Todo fue tan real, que siempre contaré que sucedió. Todo es perfecto, pero como todo comenzó, al abrir los ojos, al despertar, también se acabó. Ahora salgo de casa y absorbo los rastros de tu aroma en el ascensor, y siento solitario tu nombre en el buzón. Ahora todo sigue como siempre. Yo sigo mirándote y tú sigues sin saber que quien te deja flores frescas en la puerta soy yo. Eres mi Marilyn particular, la tentación que vive arriba. Eres mi miedo, y eres a la par, el mayor de mis deseos.

lunes, 2 de enero de 2012

La Hija del Viento

Emergeré de entre las sombras,
y mi voz saldrá acompañada
por los acordes de La Hija del Viento
para inspirarme por dentro,
para que se escape lo que siento,
para que cada amanecer no sea nuestro,
sean tus ojos azules iluminando
lo que alcance al descubierto.

Seré ese haz de luz
que se cuela por tu ventana fugazmente,
de noche cuando todos duermen
para descubrirte desnuda sobre tu cama,
para vigilar que ninguno de tus enemigos te daña.

Saldré en silencio de tu cuarto
al llegar la mañana,
para poner el Sol lo más alto posible,
para que nadie lo robe.
Saldré al llegar la mañana,
para que las flores
tengan el aroma que tanto extrañas.

Entre estos buenos aires,
te sentirás en casa...
Y cuando menos te lo esperes,
allí estaré yo.
Para partirme el corazón en dos,
para que me arranques de cuajo
lo que podría ser, por amor.
Para llevartelo si no es así
y arrancarme lo que me cause dolor,
para que me lleves lejos,
dónde el verde es la esperanza,
dónde nazca de mi la inspiración.

Siempre me dijeron
que Florencia era hermosa,
siempre me dijeron
que era la ciudad
mas inspiradora del mundo,
pero nunca supe cuanto
hasta que no me llevaron allí,
hasta que nadie me invitó
de nuevo a vivir.

Pero lo que nadie sabe
es que dentro de ella,
se esconde esa cálida palidez
que cubre sus calles de paz.
En que cada figura,
cada arquitectura,
cada una de sus pinturas,
está trazada por las curvas
de esta dulce locura.
En las ojeras de los paseos desvelados
por esta Luna que desprende su hermosura,
entre las charlas de ayer noche,
hasta que se vaya la bruma

Traéme de vuelta aquí,
porque siempre he estado,
porque tal vez nunca me fui;
traéme de vuelta aquí,
y sopla fuerte, sopla
y empújame a pasear contigo
por las calles de Madrid,
que yo me tatuaré
tu imagen en el pecho,
cerca de la roca
que guardo en mi interior,
donde antes hubo un corazón.

Cañitas en la Latina,
paseítos para el mes de Abril,
decirnos mil boludeces,
mirarnos absurdamente y reír...
Agarrarte de la mano
y ahogarme en tus ojos,
para cuando me beses,
me hagas resurgir.
Para estar a tu lado,
y sólo hacerte feliz,
aunque haya dias como este,
que amanecen desde el gris.

Sueño, sueño, sueño...
Y me vuelvo a dormir.
Sueño y los acordes de esa canción
me acunan al dormir,
sueño y la Luna se posa en lo alto,
y tu La Hija del Viento,
me llevas al infinito,
me enseñas otra forma de vivir.

Noticias de extrarradio

Es difícil pelear contra la voluntad de las personas, porque cuando el corazón se hace piedra es complicado pulirlo para que recobre el brillo de un diamante.

Hay veces que no somos testigos de nuestra propia historia hasta que esta hace un fundido a negro y en ella aparece la palabra "FIN". Mientras tanto nos empeñamos en intentar visualizar lo que va a suceder sin importarnos que está pasando. También suele ocurrir que nos centramos en las escenas anteriores, pero no atrapamos los pequeños detalles. Esos que aparecen en el fotograma que es incapaz de captar el ojo humano, pero que se queda grabado en nuestro cerebro sin percibirlo hasta que ocurre un desenlace.

Me siento a esperar a ver que ocurre, prendo de nuevo la televisión por si acaso las noticias dijesen algo de ti, y nada. En los periódicos tu nombre ya no aparece. Todo ha cambiado. Estamos en brazos del ira, del egoísmo, del odio. Estamos más pendientes del prójimo que de nuestro sinónimo. Estamos más cerca del autónomo que de la sociedad. Todo el mundo se olvidó de ti y de la generosidad. El mundo se derrumba y permanecemos viendo la película cómodamente en nuestro sofá, ausentes, ensimismados, con nuestro refresco entre las manos y nuestro pack combo de palomitas gigantes.

La sal en nuestros labios nos irrita más que ver el hambre, más que ver la pobreza, que ver la violencia, los asesinatos. La sal en nuestros labios no nos irrita tanto como no conseguir nuestro beneficio. Esa sed que nos produce, la saciamos con el agua, sin importarnos que hay algunos que no pueden beberla. Ese es el primer ejemplo del mundo en que vivimos hoy en día. Nos da todo igual, menos uno mismo. Nos importa un carajo lo que ocurra fuera de nuestra burbuja. Preferimos ser siervos siempre y cuando no tengamos problemas, aunque nuestras rodillas sangren hasta ver el hueso. No nos movemos, aunque de vez en cuando la sociedad tosa un esputo de ironía consigo misma y se manifiesta contra el capitalismo, contra el nuevo socialismo, contra el comunismo... Nos manifestamos contra los ismos, pero no nos manifestamos contra nosotros mismos, principio y final de cualquier movimiento, principio de vida y muerte del que creyó por un momento en el hombre.

Voy corriendo a la radio y las noticias no son mucho más halagüeñas. Allí todo sigue igual, entre las ondas. El mundo sigue hospitalizado, un enfermo crónico, un egoísmo exorcizado. Un nuevo atentado al corazón de las personas, terrorismo humanoide. El temor a caer es inversamente proporcional al sueño por pelear por nuestras ideas. Ya no queda nada que hacer, ya no queda nada. El fantasma del dinero se aparece entre nosotros, bajo la sombra de la deuda crece el demonio de los intereses que nos cobraran pero no por no pagar sino por renunciar a vivir en libertad. La vida es vida desde un principio de libertad, la vida es vida si la vivimos sin miedo a vivir la realidad.

Con las mismas ganas que corrí hacía la radio, desilusionado, triste y desengañado me decido a acostarme. No mentiría si digo que a pesar de todo no me acosté malhumorado, porque esa no es la palabra. No se bien como acertar con el adjetivo que merecen las sensaciones o emociones que tenia en ese momento. ¿Frustración?. El ser humano en si es el ejemplo mas claro de la frustración, de la falta de perseverancia para lograr un objetivo. Dios nos hizo perfectos pero nosotros preferimos ser perfectamente imperfectos porque sino no nos seriamos humanos. Somos hijos de la incredulidad, somos naufragos en la divinidad. Somos polvo, somos fracasos, somos restos de basura entre las neuronas.

Es posible que esté cansado a la par que descarado, pero es que la película que estaba viendo no acaba con un romance apasionado. Más bien todo lo contrario, el malo se lleva todo lo que pasa por su lado. Sin dilación, sin miedo, sin control. El ser humano es digno creador de una III Bomba Nuclear sin átomos, sin radiación, sin explosión. El ser humano es todo menos humano hermano. Me quedo dormido sin tiempo de pensar en las noticias de extrarradio. Me quedo dormido y lo mejor de todo es que aún te extraño. Son cuatro letras románticas las de tu nombre y no hay nadie que las llegue a nombrar.