lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Qué nos queda?

Ya no queda sensibilidad,
ya no queda nada, no queda aire...
No quedan sueños, no queda alma...
Ya no nos queda nada
solo nos queda desenvainar la espada.

Ya no quedas tú, ni quedo yo,
no queda una caricia sobre la piel,
ni un recuerdo emocionado del ayer,
no queda una canción ni un poema,
solo queda la mentira que dejó... ¿Quién?

Ya no quedan ganas de soñar,
ni pesadillas en las que despertar.
Ya no queda nada por acabar,
ni mucho menos algo nuevo por empezar,
sólo queda odio, solo falsedad.

Ya no queda la realidad, ni un abrazo,
ni un ápice de sinceridad...
No queda menos que ayer ni más que mañana,
queda lo que nos queda,
aunque la envidia se lo llevará.

¿Qué nos queda?
Despertemos del tormento,
dame la mano, toma la que era mi verdad...
¿Qué nos queda?
Lo que hay delante de nosotros,
el sexto sentido rara vez nos fallará.

Un centímetro

A un centímetro, ahí me quedé...
A un centímetro de mis labios
quedó atrapado en mi boca un te amo
antes de despedirme, antes del adiós,
antes de que llegase Dios,
nunca nos sentimos dos,
siempre fuimos de todo menos pasión.

Un centímetro es la inmensidad
cuando esperamos una caricia que nunca llega.
Esa es la frontera de mi imaginación
que no has cruzado por este maldito amor,
esa es la barrera
que no he saltado por miedo, por temor,
por el profundo horror
al rechazo de este calor.

Un eterno centímetro
y entre tu y yo mares de hielo.
Tempestades en calma
que se refugian ingenuas ahí dentro,
en el pequeño espacio de mi alma
y las verdades salen despedidas al cielo
sin entender la ilógica diferencia,
entre quien quiere y quien ama.

A un centímetro mueren
las historias de amor más bellas,
a un centímetro se quedó
la luna de acariciar una estrella,
un centímetro les sobró a las princesas
tras probarse el zapato de la doncella,
un centímetro faltó para mis besos.
Un centímetro, me paro y pregunto...
¿Quién es ella?

sábado, 20 de noviembre de 2010

Bienvenida al Alba

Bienvenida al mundo...
Tum-tum tum-tum...
son los latidos de tu corazón,
los acelerados latidos de tu corazón,
música celestial para mis oídos tus llantos
y tus primeras lágrimas
son el agua que calma mi sed.

Te recojo entre mis brazos,
y mi arrullo te adormece lentamente,
te canté ese soneto
con el que enamoré a tu madre.
Te miro y sonrío, te miro y lloro,
mi piel se emociona
al tacto con su propia piel,
porque eres una parte de mí,
tanto como yo lo soy de tí.

Un baño de espuma
y las caricias de tu madre
te devuelven la sonrisa al rostro,
el brillo en tu rostro es similar
al brillo del Sol al Alba,
es el esplendor supremo,
la caída de una estrella del cielo,
la llegada de un ángel a la tierra,
el amanecer tras la tempestad.

Tus pequeñas manos
juguetean con mis dedos,
no te soltaré nunca, no te dejaré caer,
duerme tranquila en mi regazo pequeña,
que el día empieza a amanecer,
los pajarillos se posan en nuestra ventana
envidiosos por verte crecer,
la luna se conjura con las estrellas
para protegerte cada anochecer,
tomarás tu nombre de ella,
antes de que llegue a desaparecer.

Duermevela en invierno,
cualquier sobresalto me corta la respiración,
el más mínimo de los ruidos,
pero ahí sigues tú
perfecta obra de arte,
la más perfecta,
para mi la más bella,
hermosa y pequeña,
no te des la vuelta y mirame,
que estoy aqui para protegerte,
no te des la vuelta
que el aire se detiene,
por querer contemplarte.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA HISTORIA DE LA DULCE CAROLA de Ismael Serrano

Yo conozco la historia de un tipo que se enamoro desde una ventana. Es la historia de un amigo, vive en México, en el D.F, trabaja en el octavo piso de un edificio, en unas oficinas en el centro de la ciudad.

Un día, estaba con la mirada perdida en el smog del D.F, cuando bajó la mirada del cielo a la calle, o más bien del smog al cielo, porque allí estaba ella, la dulce Carola, de belleza soberbia, radiante cruzaba la calle, y a sus pasos se detenía toda la ciudad, en frente, había un edificio en obras, y todos detenían su ritmo frenético para observar aquella mujer.

Un obrero estuvo tentado de lanzarle un piropo, pero el de al lado le dio un codazo para callarlo, tal era el silencio litúrgico que imponía esa mujer. Y mi amigo se quedo embobado mirando aquella mujer, cruzando la calle, que iba pensando en lo suyo, pensando quizás en lo duro que iba a ser su nuevo trabajo en el restaurante de la esquina. Se quedo embobado viendo como la puerta del restaurante devoraba a aquella mujer menuda. Y supo mi amigo que nada sería igual...

A la mañana siguiente, después de haber estado toda la noche pensando en aquella mujer, mi amigo salió a la ventana, se asomó, allí la encontró. Aquella cita era diaria, aquella cita se convirtió en una obsesión, día a tras día mi amigo se asomaba a la ventana y la veía pasar, se preguntaba ¿cómo sería ella?, ¿cómo sería su vida?, ¿cómo despertaría?, ¿cómo dormiría? 

Pasaban los días, y pasaban los meses... Y mi amigo a veces creía percibir el perfume de ella desde lo alto del edificio, fíjate... Creía escucharla tararear una canción y la melodía lo perseguía durante todo el día. Y pasaban los meses... Y pasaron años, años y mi amigo asomado a la ventana, preocupándose cuando la veía caminar bajo la lluvia sin paraguas, preocupado cuando la creía ver más delgada... Pasó mucho tiempo, y muchas veces estuvo tentado de bajar los ocho pisos para decirle a aquella mujer, que... ¡qué diablos! ...Que la amaba, pero no lo hizo.

Y paso mucho tiempo, cuatro años asomado a la ventana, y planeando el momento preciso para acercarse a ella, y por fin tomo una decisión, sería ese día... Ese día terrible, mi amigo se sorprendió un poco cuando no la vio pasar por debajo de su ventana, pero aún así se fue a buscarla al restaurante, buscó a Carola entre las mesas pero no la encontró, así que pregunto al encargado, el encargado le dijo que Carola se había marchado, no del restaurante, de la ciudad, se había ido a Acapulco con su familia, y no iba a volver más.

Mi amigo supo del sabor amargo de la derrota, supo que aquella mujer no volvería a cruzar por debajo de su ventana, subió los ocho pisos arrastrando los pies y no se sorprendió cuando en el octavo piso encontró a todo el mundo alborotado, de un lado para otro, frenéticos. Alguien con el rostro desencajado le dijo que la empresa había quebrado, que estaban en la bancarrota, así que todos a la calle (se quedó sin trabajo), en un día había perdido todo, la mujer que amaba, el trabajo... Así se volvió para su casa, no muy sorprendido, todo encajaba... el mundo se derrumbaba y lo hacía todo de una vez.

Durante mucho tiempo no salió de su casa, sin saber qué hacer y solamente pensando en la dulce Carola, primero sin el valor para salir a buscarla a Acapulco, y luego sin el dinero necesario. 

Pasó otro año, eran cinco años desde que vio a Carola por primera vez y pensó tomar una decisión, empezó a buscar trabajo, pero mi amigo tenía 39 años, y en México no es fácil encontrar trabajo a esa edad, porque ya no eres el joven agresivo que buscan las empresas y en todas las entrevistas de trabajo, le decían, que no y que no, así que mi amigo pensó y tomó una decisión, que cambió su vida... Decidió buscar a un coyote. Un coyote en México es un tipo que se dedica a negocios turbios, verán, mi amigo buscaría a un coyote para que le hiciese una falsificación de la partida de nacimiento. Mi amigo bien podría aparentar 34 años, así que le pediría al coyote una partida de nacimiento que dijera que tiene 34 para así poder acceder a algún puesto de trabajo.

Así que mi amigo se fue para la Plaza de Santo Domingo, cerca del Zócalo, donde están los coyotes. Y ahí tienes a mi amigo... perdido, caminando de un lado para otro, se acabó perdiendo entre las callejuelas... y llegó a un callejón inhóspito. En un portal antiguo, viejo, observó como un anciano le hacía señas, le sonreía y le hacía señas para que lo siguiera, mi amigo siguió a aquel misterioso hombre, y supo que era un coyote... le dijo: 

- Yo soy tu hombre, sé lo que necesitas...
- Si ya se... necesito una partida de nacimiento que falsifique que tengo 34,
- Bueno, bueno, dame tus datos- Y empezó a tomar datos, y mientras tomaba datos, el viejo coyote, le dijo:
-¿Alguna vez estuviste en Acapulco?
A mi amigo le dio un vuelco en el corazón y se deshacía en el ácido del recuerdo de la dulce Carola.
- Nunca. - Respondió 

El viejo le dijo: -“Verás yo vivo cerca de la autopista hacia Acapulco, cerca de Tepoztlán... Veras ¿conoces la curva de la autopista?, ¿conoces la leyenda, verdad?... La del fantasma que hace parar a los autos en el mismo sitio, que se subía y desaparecía en la misma curva en que se mato, aquella carretera está deshabitada a media noche, casi nadie pasaba por allí por miedo al fantasma, fíjate”... 

Mi amigo dijo:

- Si, si se donde es.

El viejo le dijo: 

– Pues veras, muchas veces he estado tentado de agarrar la autopista para Acapulco y empezar de nuevo.
 
Espera un momento. Y mi amigo se quedó pensando en Acapulco y mil huidas... al rato vino el viejo coyote, con los documentos falsos. Se fue para casa, aquella noche solo pudo dormir con el recuerdo de la dulce Carola.

A la mañana siguiente, el teléfono sonó bien temprano, alguien al otro lado le decía: 

- Oye que tienes que venir a la reunión, que es urgentísimo, que tienes que estar aquí, vente para la oficina.

Y mi amigo colgó el teléfono maldiciendo al tipo al otro lado de la línea, ¡la oficina, qué mala broma!... El caso es que antes de despedirse, el coyote le había dicho... 

- Ten cuidado, vuelves a tener 34 años, no repitas los mismos errores.

Y pensó en las palabras del coyote mientras se despertaba, y encendía la radio, en la radio las noticias de otras veces, y mi amigo buscando los papeles del coyote y no los encontraba, de repente alguien dijo la fecha, ¡era la de hacía 5 años! bajó corriendo las escaleras y compró el primer periódico que vio, miró la fecha y era la de hacía cinco años, ¡¡¡volvía tener 34 años! Agarró el primer taxi que vio, y se fue para su oficina volando, subió los 8 pisos corriendo, y allí estaba todo igual, su misma oficina, la misma gente, y la misma ventana, mi amigo se acerco a ella, se asomó... y su aliento se detuvo... como toda la ciudad al paso de la dulce Carola. Porque todo empezaba de nuevo...

Ahí tienes a mi amigo, con todo el futuro por delante o con todo el pasado, no sé muy bien, pero ahí lo tienes volviendo a mirar por la ventana y encontrándose con aquella mujer, ahora jugaba con ventaja, porque conocía los plazos, el tiempo que le quedaba, aún así dejó pasar el primer año deleitándose, asomándose por la ventana y planificando bien la declaración de amor, pensando en la pose precisa, en las palabras adecuadas... y dejo pasar el tiempo. Un día se presentó en el restaurante a la hora de comer, se sentó en la primera mesa que vio libre, y vio a Carola, deambulando entre las mesas, se acercó, se puso delante de él, y le dijo:

-¿Qué desea?

¡¿Qué deseo?!... Aquel era el momento, esa era su oportunidad, así que su garganta se tensó como la cuerda de una guitarra, y mirándola le dijo:

- Una sopa de cebolla y un filete de rachéela bien cocido, por favor.

Carola tomó nota y se fue. Mi amigo se estuvo maldiciendo toda la noche, así que al día siguiente, ahí estaba, sentando en la mesa, mirando a Carola, clavando sus pupilas, en las de ella y diciendo... "Una sopa de cebolla y unos tacos de camarones, por favor"; y al día siguiente, armándose de valor... "Una sopa de cebolla sola, por favor"... y así, día tras día, por las mañanas asomándose por las ventanas viéndola pasar, y a la hora de comer asomándose "A una sopa de cebolla".

Bueno... y el tiempo pasaba, a veces mi amigo creía que ella fijaba su vista en él, y entonces: ¡ay amigo!, entonces las palomas del parque volaban, los borrachos en las cantinas brindaban a su salud, los feligreses en las iglesias se abrazaban, y los soldados en primera línea de fuego se daban largos besos en la boca… ¡Qué va!... Ella ni lo miraba... y pasaba el tiempo, pasaban los días, pasaban los meses, y pasaban los años, años de "Sopa de cebolla". 

Por fin llegó el momento, no podía retrasar más la declaración, al día siguiente Carola se iba, y aquella noche casi no durmió, pero al día siguiente ahí se presentó, ahí lo tienes, se acercó Carola como todos los días, y le dedicó una sonrisa, quizás más afectuosa que otras veces, el caso es que se hizo silencio un instante que pareció eterno... Ahí él pensó decir... "Me gustas cuando callas por que estas como ausente", o no sé, quizás, "¿Por qué me despierto de madrugada mientras todos duermen?", pensó en decirle... "Me dueles mansamente, me dueles, quítame la cabeza, córtame el cuello, porque nada queda de mi después de este amor", pensó en decirle simplemente... "Quédate conmigo, por favor". Y por fin dijo... 

- Una sopa de cebolla, por favor...

Era inevitable, mi amigo comió la sopa de cebolla como un condenado a muerte, en calma y en silencio y se fue para casa, ni siquiera paso por su trabajo, sabía que la derrota era inevitable, a mi no me sorprende mucho, porque creo que alguien dijo una vez que "Los amores cobardes, no llegan ni amores, ni a historias... se quedan ahí, ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar"...

Al principio, mi amigo se derrumbó, pero luego.... luego también... Pero trató de buscar de nuevo al coyote para encontrar la posibilidad de.... ¡de que se yo!, y se fue para la plaza de Santo Domingo, y rebuscando encontró de nuevo el callejón y el antiguo portal, pero ya no estaba el coyote... encontró una sucursal del Fondo Monetario Internacional (esos eran otros coyotes)...A mi amigo, no le interesaban...

Así que recordó las palabras del viejo coyote, cerca de Tepoztlán... recordó la curva del autostopista, agarró el auto y se fue para allá... No se sorprendió cuando se encontró un pueblo fantasma, aquel pueblo era una sombra del pasado, todo ruinas, abandonado desde hacía más de 50 años, empezaba a hacerse de noche, mi amigo se sonrió... asumió la derrota y decidió volver a casa. Cuando ya era muy noche, entró en el coche, y al poco de salir del pueblo, encontró a una chica haciendo autostop en la carretera, mi amigo no lo dudó. Paró, bajó la ventanilla

- ¿A dónde vas?
- Al D.F.
- ¡¡Pues sube!!

Y al poco de subirse ella dijo: - "Tenga mucho cuidado en la siguiente curva". Y apenas pudo acabar la frase, porque en la última palabra sonó el reventón de una rueda, así que mi amigo, se tuvo que hacer a un lado de la carretera, y dijo:

- Disculpa...

Bueno...pues, se detuvieron. Él bajo a cambiar la rueda, y ella con él, empezaron a hablar, una conversación trivial, pequeñas cosas, que fueron creciendo como bolas de nieve hasta convertirse en grandes cosas, “¿Y tú de dónde eres?”, “Pues yo del D.F...“. Y él le preguntaba: “¿Y a que te dedicas?”, y ella decía: "Antes estudiaba, pero ya no"; Y al rato no se que le estaría contando él, porque ella se partía de la risa, (y jamás nadie había tardado tanto en cambiar una rueda la verdad) la noche pasaba, y mi amigo le empezó a contar la historia de la dulce Carola, del coyote, de la ventana, y de la Sopa de cebolla... y le decía a la mujer: 

-¿Te lo crees...? 

Y la mujer decía: 

- "Si yo te contara... yo sé lo que es desaparecer justo en el momento preciso, yo sé lo que es repetir la historia una y otra vez, yo te entiendo"...
- ¿Tú crees en los amores a primera vista?” le dijo y continuó:” ¿Acaso existen otros…?

Aquella mujer, era hermosa, no sé si tanto como Carola, pero era hermosa, triste pero hermosa. Aquel silencio fue eterno, y él le dijo: 

-Volvamos al auto, te llevo al D.F.

Y mientras se subían al auto, él pensó en decirle: "Quédate conmigo, huyamos juntos a cualquier sitio, empecemos de nuevo", ¡yo que sé!... y quizás ella pensaba lo mismo, pero, sin embargo, dijo:... 

-Ten cuidado con esa curva. 

Y mi amigo tuvo mucho cuidado, paso la curva con mucho cuidado, con los ojos fijos en la carretera, no se atrevía a mirar en el asiento de al lado, quizás ella también se había marchado como la dulce Carola y volvía a estar solo... y sabiéndose solo, se dirigió hacia la autopista, y cuando iba a entrar en ella escucho una voz al lado que decía:

-¿Alguna vez has estado en Acapulco…? 

Mi amigo miró en el asiento de al lado y ahí seguía ella... Ahora estoy seguro... era más hermosa que Carola. Mi amigo dijo: 

- Nunca.

Y ella le dijo: 

- Pues llévame... 

Se fueron y así siguen en la carretera. Mi amigo no volvió a ver a Carola, porque lo importante no era Acapulco, lo importante era el viaje y saber que hay que tener "MEMORIA" para no cometer los mismos errores y saber que la historia no se debe repetir.

Sobre los fantasmas, no sé si creer, no sé. Yo no sé si hay vida después de la muerte, hay gente que se cuestiona si hay vida antes de la muerte, yo personalmente me cuestiono si hay vida antes de las 12 de la mañana. El caso es que por aquella carretera ahora pasan después de media noche. No sé si existe un coyote que me devuelva a mi pasado, no creo, pero yo personalmente no dejare que pases por debajo de mi ventana sin pedirte que... "Te quedes conmigo", ni que subas a mi auto sin que emprendamos una urgente huida.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Devuélvemel@...

Devuélveme esta parte de mi
que se quedó contigo,
devuélveme aquello
que se quedó dormido
mientras yo caía en el vértigo
del abismo de este miedo a no sentirlo.
Devuélveme el sueño
de niño enamorado, de loco perdido,
y que me descubre cada nuevo segundo,
detrás de otro segundo
que no volverá a nuestro camino,
detrás de otro segundo
sin un sentimiento sentido,
detrás de otro segundo que,
para nuestra desgracia, se ha perdido.


Necesito recuperar lo que he dado. Soy egoísta, sí, pero es necesario para mi que me devuelvas todas mis cosas. Estoy harto de entregarme por completo, de abrirme a pecho descubierto y de no protegerme de los golpes como debiera. La verdad que las cicatrices cierran mas lentas de lo esperado y eso me escuece, tanto como la sal que se derramó sobre mi cuando aquella herida se volvió a abrir. Ahora ya no eres nada, no eres aire, ni piel; por no ser no eres ni monóxido de carbono para quitarme la vida, por tragarte todo el oxigeno de mi espacio. Eres ese trozo de papel en el que quedan arrugadas mis palabras de amor, mis confundidas palabras de amor, las que voy desechando a medida que voy avanzando en el día a día de mis sentimientos, a medida que voy descubriendo cada una de las capas que cubrían tu verdadero rostro. No es sencillo ser sincero y mucho menos decir a tiempo un te quiero, no es sencillo encontrar el camino al verdadero cielo, y hoy me siento a esperar la luz que me alumbre a ese sendero. No es sencillo volver a recomponer el corazón, te llevaste una parte y no está entero.

Devuélveme el rayo de esperanza
que te presté una noche.
Devuélveme mi tiempo y las ganas
con las que llegué a amarte,
porque aunque sea duro
el tiempo no se detiene
entre las tinieblas
y aquel cuarto oscuro,
cómplice de nuestros deseos
más profanos, mas primitivos,
y que ha escondido
nuestros primeros besos,
a pesar de que ahora
me llevo una parte
de este gastado corazón preso.
Devuélveme las ganas de sentir,
devuélveme las ganas por vivir.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vuela alma... Vuela.

Vuela alma, vuela...
Sal corriendo de aquí,
que nadie te dañe, que solo yo te ame,
que la gente hace daño
y rompe las ilusiones
y roba nuestros corazones.

Vuela, alma vuela alto...
Que nada te alcance,
que nadie te espera aquí ya,
solo yo te perdono esto
porque lo haces por los dos
por saltar este abismo
que se cruzado frente a nuestros pies.

Vuela, vuela... lejos de mi, alma.
Que todo pasa lejos de nuestra imaginación,
que nada quedará aquí de nosotros mañana,
que nadie mirará con orgullo por donde pisamos,
que el cielo es eterno
y el infierno forma parte otra galaxia.

Vuela...Vuela... Vuela...
Alma la imaginación es el espacio
donde se hayan los sentimientos,
y otra vez volveré a ti,
otra vez volveré a ese agujero negro
que me llevaste alguna vez,
y otra vez cuando sea espíritu
seré de ti como tú lo eres de mi.

Vuela, alma...
Que no te alcance ni el Sol
en esta fuga tardía y nocturna,
que no te alcance la luz
y tu sombra no se refleje
sobre mi cabeza cuando llegues.

Vuela... alma vuela...
Hazme feliz desde lejos,
dime que hay allí,
dime que se esconde tras esos ojos
que me miran fijamente
allá a lo lejos.

Rápido más rápido,
y más alto, más arriba,
allí donde los niños
flotan en el limbo,
allí donde me encontré,
por primera vez te has ido,
allí de donde nunca
teníamos que haber salido.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Flamenco

Aire, tiempo, compás...
Flamenco. 
Azabache, albero, capote...
Flamenco. 
Quejío, taranta, sentimiento...
Flamenco. 
Fino, farolillo, peineta...
Flamenco. 
Caseta, estrella, calesa...
Flamenco. 
Cante, cajón, guitarra...
Flamenco.
Tacones, lunares, volantes...
Flamenco.
Tata, compadre, hermano...
Flamenco.
Camarón, Lucía, Flores...
Flamenco.
Bulería, alegrías, rumbas...
Flamenco.
Alma, corazón, sentimiento...
Flamenco.
Sentimiento Flamenco...

No recomendado para menores de 18

No te voy a molestar, sigue ahí sentada. Solo vine a por el paquete de tabaco que me dejé guardado en la mesilla donde también guardaba los condones que compartíamos cuando nos arrollábamos como fieras en aquel colchón. No importaba si nos queríamos o no, solo nuestros cuerpos se llamaban y se agitaban como libélulas por cualquier punto de la casa. Unas veces eras tú la que me encendía, la que hacía arder mi cuerpo, incendiabas mi pubis y la temperatura corporal de mi cuerpo ascendía tanto que dudaba si mi cabeza fuese un volcán a punto de entrar en erupción; otras era yo quien salía en tu búsqueda arrastras por encontrarte de cualquier forma, aún a falta de sensualidad o moralidad, simplemente era la necesidad de sentirte cerca la que me llevaba allí, la que me empujaba a tí, era la atracción fatal de tu sexo contra el mío, era la explosión conjunta de los órganos vitales.

Pero hoy sigue ahí sentada, no me mires, no provoques al huracán que sale de mi piel con solo observarnos, que sólo vine por tabaco. No salgas tras de mi, no vengas a buscarme, pero recuerda mi imagen cuando cierres los ojos, y disfruta con ella... Consuélate con que volví a casa por tabaco, nunca más lo volveré a hacer. Consuélate con tus manos rozando tus senos, santo y seña de mi excitación, de mi locura pasajera, de mi erupción salvaje. Sueña que estoy ahí acariciándote el ombligo, recóndito y hermoso lugar donde a mi me encantaba quedarme alojado durmiendo horas y horas, y aspirar tu perfume único. Intrascendente bulevar de sueños eróticos se hallaba unos centímetros más al sur de la frontera entre lo visible y lo invisible y que de vez en cuando disfrutaba entre lo legal y lo ilegal, seguro que llegará algún gobierno que prohiba esa zona de tu cuerpo. No recomendado para menores de 18, o al menos eso dirán, al menos esa es la escusa que argumentaran para evitar que exista el verdadero amor, el que se acaba como este nuestro se acabó.

Ahora nos vemos cada uno por nuestro lado, pero eso queda grabado tras la pintura de las paredes, eso no se va a pesar de muchos lavados, ni muchos otros estados. Me voy, hasta luego, ahí te dejo. Golpeó la puerta con fuerza, no es un portazo pero suena como tal, como la vez que estrenamos esta casa donde viví contigo y donde la primera vez te abordé por la espalda y te giré contra mi. Arranque tu blusa y recogí tus piernas contra mi cadera apoye tu espalda contra esa puerta que ahora cerraba de golpe y ... Salimos a volar... Vuela libertad, vuela. Ya me marcho, ya, pero esos momentos nunca lo harán. Psicofonías de las paredes, gemidos de amor del de verdad, gritos por placer que ya no volverán. Enciendo un pitillo en el zaguán del portal, miro hacia el piso. Hago volar mi imaginación. Me voy, te vas. No volverá el sexo de verdad.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Una declaración, la guerra declarada a Cupido y tú.

No sé lo que es, pero cada vez que estoy a tu lado mi corazón se desacompasa y empiezo a notar el ritmo frenético del bombeo de la sangre con gran fuerza. En ocasiones. pienso que en cualquier momento mis arterias van a reventar de la fuerza que imprimes a mi motor. Puedo parecer absurdo, ingenuo, inocente, pero mucho más allá de eso es lo que me das solamente con verte, lo que me haces sentir...

Apenas te conozco, apenas han sido cuatro palabras, pero esa luz me ciega profundamente y quizá, eternamente. Contigo seria capaz de viajar por el cielo, atravesarlo, lanzarme al mundo sin paracaídas. Seré un kamikaze del amor, me suicidaré ante el ataque de los corazones envenenados de odio, les mutilaré, para que tú les recuperes. Es una locura, pero me encanta el estado de excitación y pasión que confluye en mi cuerpo cuando entro a los peores tugurios de esta ciudad que compartimos, y que quizás sea lo único que compartamos en nuestras vidas. Me fascina jugar a descifrar tu presencia entre las caras de la gente, descubrirte escondida tras cualquier columna, o ver tu espalda ofreciéndome un sensual hombro desnudo, y en ese momento, ver que giras la cabeza lentamente, y que me ves y sonríes. Entonces entre tu melena descubro una frase china que se esconde tras tu vestido al girar tu rostro de nuevo a la barra. Me pregunto el significado de aquella frase, me intriga descubrir donde se haya escondida la última letra.

Yo que en otro tiempo tuve la guerra declarada a Cupido, a sus alas y su arco, a sus flechas y sus rizos... Yo que me juré no volver a enamorarme, yo que juré ser otro y hoy vuelvo a ser yo, frágil corazón y mente demente. Jamás me declare antes, jamás le dije a nadie "¿Quieres salir conmigo?", porque con el mero hecho de pensarlo mis mejillas se sonrosaban, mi cabeza retumbaba, el del latido rojo se emocionaba, pero no sé, tú me das esa confianza donde antes nadie me la daba. Por ti tiraría al río mi espada, por tí me desprendería de los harapos con los que me tapaba, por tí mi alma sería arrancada, mi espíritu descansaba.

Honestidad brutal, nunca antes me lo había planteado, pero como suele ocurrir cuando te enamoras, los planes se quedan plantados, se rompen en mil pedazos y se moja el papel. El mensaje queda indescifrable. El movimiento de tu pelo es infalible y el brillo de tus ojos iluminados cuando nuestras miradas se cruzan...¡Ay de mi! Ese maldito brillo... Yo te contemplo a escondidas y tu sigues seductora, jugando con tus manos, entre las que no intuyo ningún compromiso, ningún amor oculto. Déjame que sueñe que te tengo, déjame que me enamore otra vez, pero esta vez de algo real y no como la vez que me enamoré de un sueño.

Quizás esta guerra de sentimientos me alcance para llevarme un abrazo, un beso casto en la mejilla como trofeo a casa, como único triunfo de esta batalla que se ha librado dentro de mi, en mi cuerpo, entre mi mente y mi deseo. Tal vez el mañana me tenga preparado algo hermoso, pero no quiero que sea mañana, quiero que siga siendo hoy, que sea algo mas que un sueño, un deseo o una obstinación, que sea real y yo te entregaré mi mejor versión. Voy y vengo, tan pronto me alejo como que me acerco a ti, tan pronto soy sueño como que me entrego y sin ti.

Siempre he sido un tipo de esconder sentimientos, no mostrarlos, pero esta vez no... Esta vez me volví loco y el imán de tu cuerpo me atrajo, influyente, al lado del enamoramiento. Particularmente no he creído mucho en cupido, siempre pensé que las flechas se quedaban en el camino, pero no, no es así y comienzo a percibir cierto pinchazo en mi pecho y cierto picor en mi espalda, y debe haber sido él, porque no veo sangre por ningún lado. Siempre he sido distraido, observador, risueño, conciliador, pero hoy no. Hoy he cerrado mis ojos y me dejado llevar, y he volado, lo confieso, he sentido, y mi piedra, la que estaba dentro de mi, se ha resquebrajado en mil pedazos y ha caído dentro de mis zapatos, y ahora me incomoda, me molesta, me duele, pero no me agacharé nunca porque este es el único regalo que me harás. Esa piedra será mi amuleto desde ahora.