sábado, 21 de agosto de 2010

Me gustaría ser viento y volar

Me gustaría ser viento y volar...
Elevarme a los cielos
y entre bandadas de hermanos
dirigirnos todos al mismo lugar,
buscar la libertad.
El odio llevo a muchos a la cárcel,
el amor a otros les dará la libertad,
les cubrirá de buenos sentimientos
les hará cambiar.


Me gustaría ser viento y volar...
Llegar a lugares insólitos,
ser quien acaricie tu pelo,
quien te despeine,
quien te erice la piel sólo al sentirme cerca.
Nunca te llegaré a tocar.


Me gustaría ser viento y volar...
Allí desde el cielo asomarme
al balcón de los sentimientos escondidos,
miraros al calor de los buenos momentos,
y como dice un buen amigo,
que sea "Tu Recuerdo"
quien me haga desprender una lágrima,
que recibirás en tu rostro.
Me sentirás cerca, sabrás que soy yo.


Me gustaría ser viento y volar...
Fundirme entre las nubes, empujarlas...
Llevarlas a nuevas ciudades,
deshacerlas por mi fuerza,
hacer que se besen por mis silbidos.
Convertirlas en pequeñas niñas
que recorren las constelaciones del cielo.


Me gustaría ser viento y volar...
Robar del tendedero un vestido,
ese de terciopelo gris,
ese que te regalo tu primer amor,
del que todavía sigues enamorada,
me lo has confesado alguna noche al oído
sentada en la terraza mirando las estrellas.
Quizá nadie te oyese...
yo por mi parte siempre estaré ahí
y tú nunca lo sabrás.

Me gustaría ser viento y volar...
Me esconderé entre las ramas del árbol,
quizás se agiten cuando me pose en ellas,
quizás caiga alguna hoja seca,
y es que el otoño se acerca
y las copas se desnudan de verdes,
como lo hace mi corazón
cuando escribo de ti.

Me gustaría ser viento y volar...
Ser el sueño de una noche de verano,
ser cien años de soledad,
ser rima y leyenda,
o mejor ser rucio Platero de gris luna
y llevarte a los caminos del campo.
Descubrirte las ideas de los escritores,
solo las que vagan por las estrellas,
las que son buenas
y que nunca se escriben,
las que son un momento de genialidad
y su brillo las lleva a olvidar.

Me gustaría ser viento y volar...
Transportar los versos que salen de la boca
del poeta que te ama a escondidas
mientras la noche le esconde entre sus letras,
le desnuda de fragilidad y emociones.
Ser palabra que llega al alma,
ser palabra de oración amarga
ser tartamudeo por las lágrimas de sinceridad.

Me gustaría ser viento y volar...
Llevar la música a un rincón sin luz e iluminarlo,
que con el acorde de mi voz sonrías sin temor,
que con la escala del sonido de aquella guitarra
subas a la cima del mundo,
que encuentres el amor eterno
y el deseo de otros cuerpos.

Me gustaría ser viento y volar...
y volver junto a ti,
y volver a volver para una vez mas empezar,
y volar, hacer de mis alas
una razón de amor más
para volar al paraíso y hacerte soñar,
con que la vida no es perfecta
y ahí reside la auténtica felicidad.

viernes, 20 de agosto de 2010

Recuerdos...

Llegado el momento, cuando te falte el aire,
busca un recuerdo alegre, un minuto de ayer.
Llegado el momento, cuando te falte alguien
piensa en los momentos que pasaste con él.
Baúles llenos de sueños,
cajones con momentos inolvidables,
folios con cartas marchitas,
fotos arañadas por el paso del tiempo.

Aquella camisa que te gustaba,
el perfume que te ponías los domingos.
Las miradas a escondidas,
furtivos guiños al amanecer.
Recuerdos de una vida
que descubrimos cuando menos lo esperamos.
Ruedas de paja recorren la calle,
arena del desierto son los sentimientos perdidos,
bolas de fuego salen de nuestra mirada
por un recuerdo dolido del ayer.

Caen uno tras otro los segundos
como gotas de lluvia en un eterno atardecer,
caen uno tras otro los motivos
por los que me aferro a mi alma y a volverte a ver.
Vuelven los minutos recorridos sin miedo,
vuelven, y siento que te escondes sincero
porque ellos son pasado
y tu quizás te olvidaste de decirme te quiero.

Sonrisas diluidas en el reflejo del agua,
otoños enteros esperando a soltarme de tu mano,
inviernos que espero para llegar al cielo
momentos de mi tiempo, mi abrazo a tu cuerpo.
Peinados deshechos de cariño,
trajes de cabello de seda sobre mi piel,
endulzas mi aliento,
me baño en tu perfume esperándote.
Cielos e infiernos,
Dios o demonio,
ángeles y diablos,
celestiales nubes blancas
o llamas del fuego eterno.
nunca supimos de donde vinimos
ni lo que fuimos antes de sentirnos ciertos,
sólo me queda un segundo contigo
sólo tengo mis recuerdos.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Conversaciones con un ángel

Mis pies se posaron al borde del abismo del cielo. De algo estoy seguro si me lanzó, y es que no pasaré frío. No tenía mas ganas de seguir allí. Era demasiado, no hacía mas de diez minutos que estaba allí y ya quería marcharme. Era todo demasiado blanco, demasiado virginal. Yo que durante mi vida me dediqué a ser lo que no era, a aparentar a mentir, a tratar a la gente mal, no cuidaba las relaciones con el mundo, me creía superior. Estar allí me parecía demasiado premio a mis días en vida, seguro que muchos con los que había tratado, se merecían mas que yo estar en ese palacio de la reencarnación. Respiré fuerte, y cuando me disponía a ejecutar un salto mortal con caída libre al infierno, de repente, un ángel se sienta a mi lado y me dice:
- Hola... - Para empezar el susto que me dio aquella criatura y para continuar, que hacía nadie allí. Aquello era el abismo un lugar alejado de la civilización que habita en el cielo.
- Hola. - contesté igual de seco que los pensamientos que me habían llevado a aquel lugar.
- Se ve un bonito paisaje desde aquí arriba, ¿verdad? - insistió el ángel en conversar conmigo, mi respuesta había servido para que se marchase tal y como así intenté hacerle ver con ella.
- La verdad que no está mal. - mi poca educación me hacía contestar mientras que el ángel no fuese grosero, y es que hay cosas que te inculcan de niño y es inevitable cambiar.
- Yo llevo aquí desde la inmensidad de los siglos y jamás he bajado ahí, a ese planeta azul. He recorrido otros mundos otras galaxias, pero mi padre nunca me ha dejado ir allí. Tu vienes de allí, ¿verdad?
- Sí. - le volví a contestar a aquel ser bajito vestido de blanco. Hubo algo que me llamo la atención la segunda vez que le miré. No tenia un rostro definido. Efectivamente yo escuchaba su voz, pero de donde salía aquella voz. Aquel joven ángel me volvió a preguntar sobre aquel planeta azul, rápidamente después de mi respuesta.
- ¿Cómo es?. Debe ser un lugar increíble, desde que estoy aquí he escuchado muchas cosas de otros como tú acerca del planeta azul. He oído que es increíble aquel líquido que recubre la mayoría de su terreno.
- Agua. Le interrumpí yo para puntualizarle sobre como se llamaba aquel líquido. Se llama agua y es quien mueve el planeta, sin ella, allí abajo probablemente no serían nada.
- Después también veo muchos colores verdes y amarillos, ¿eso que es?
- Los colores verdes y amarillos corresponden a las plantas, ellas son las que desprenden frutos para alimentar a los seres que allí habitan. Beben del agua y crecen. Entonces cuando el ser que las trabaja las encuentra en su punto, las retira del árbol y de la planta y se alimenta con ellas.
- Lo que no veo mucho es movimiento. - Me inquirió aquel personaje sin rostro a lo que le contesté.
- Los seres que allí habitan son minúsculos dentro de semejante obra de nuestro Dios. Ellos se piensan únicos, se creen que son los que mandan sobre el destino del planeta azul aunque de vez en cuando el corazón de aquel planeta se rebela y les golpea fuerte. Muchos de ellos pierden la vida, pero desde la distancia empiezo a creer que es normal que ocurra, o acaso no haríamos nosotros lo mismo si nos estuviesen maltratando.
- ¿Por que dices eso? - me preguntó aquella criatura, empezaba a dudar que fuese un ángel. Yo los tenía en mas alta estima. Pensé que una vez que llegábamos al cielo eramos conocedores de un todo. Empecé a dudar si era cierta mi teoría o si ese ser que tenía al lado me estaba vacilando.
- Lo digo porque el ser que allí habita, se está encargando de poco a poco ir arañándole un segundo de vida. Tengo la certeza que Dios dio vida a aquel planeta. Que fue el origen del aquella maravillosa obra de arte, pero no le dio a sus habitantes la capacidad para mejorarlo. Hace cientos de años que inventaron un vil metal llamado dinero y a raíz de entonces se están matando unos a otros. Pero no directamente. Se van degradando poco a poco. Poco a poco el dinero, les atrae les convierte, les transforma. Es inevitable. La codicia se dibuja en sus rostros. La locura se adueña de sus sueños y les hace realizar complejisimas obras con materiales, los cuales ponen en peligro al agua y a la naturaleza. Están derribando cualquier barrera natural que se les pone por delante y les va a costar muy caro. Deberían de simplificar sus actos, si algo he aprendido desde aquí arriba es que en la sencillez, en lo simple se encuentra la perfección.
- Discrepo contigo.- Cortó mi discurso naturalista el ángel.- Efectivamente, Dios le dio vida a aquel planeta, pero creo que también a aquellos seres les dio dos manos como las tuyas, y les propinó una conciencia como la nuestra, ¿no?. Y si les dio dos manos era para trabajar en su obra, para culminarla, para mejorarla. Para que fuese la mayor de las obras jamás creadas. Por eso nunca me dejaron bajar allí abajo, yo no tenía esa capacidad.
- No lo entiendo. - Respondí yo angustiado, como un ser tan excepcional tendría prohibido el acceso a aquel planeta.
- Un día Dios me arrancó de aquel mundo, justo antes de aparecer, descubrí la luz y antes de tomar la primera bocanada de aire, decidió que mi lugar era aquí arriba.

Mi frustración era inmensa. Nunca pensé que Dios fuese tan cruel de arrancar de las manos de su madre a un hijo. Pero debería de tener un porqué. Está claro que las cosas no ocurren porque si, así que ya que aquel ángel no hacía más que preguntarme a mi acerca del planeta azul, del planeta del que yo venía, esta vez la pregunta impertinente la realicé yo.
- ¿Por qué? ¿Nunca te dio una explicación a aquella decisión?
- La verdad que hace unos siglos le pregunté el porqué y Él esquivó mi pregunta diciéndome si aquí estaba mal. A lo que le contesté que no, que a pesar de todo no me faltaba de nada, y disfrutaba de todos los que aquí estábamos. Que era feliz, que tenía luz, alegría. Tenía música, tenia amor. Él se dio por satisfecho con mis respuesta y entonces me dijo, entonces si aquí tienes todo, ¿a que viene esa curiosidad?. Aquel es un paso para los que se tienen que ganar estar aquí y tú madre no se merecía que tu escogieses por eso te traje aquí antes que ella, para que ella anhelase llegar a tu lado para que pelease por este paraíso. Por el auténtico paraíso, el único, el de la emoción, el de las sensaciones.

Una vez el ángel termino aquel pequeño discurso acerca de Dios, volvió a preguntarme, acerca de mí.
- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has llegado a este abismo? ¿Echas de menos aquel lugar?

Yo me sonreí por dentro, tenía frío y quería calor. Pero no se como lo había hecho aquel pequeño que durante unos instantes me había hecho olvidarme de mi, y es que yo ya no importo, simplemente vuelvo a vivir y con paz. Entonces en aquel momento, en esa fracción de segundo, tomé impulso, dí dos pasos atrás y le contesté.
- Déjalo todo tiene sentido.

lunes, 16 de agosto de 2010

¿Merece la pena?

A veces miro al cielo y me pregunto si merece la pena luchar. Estoy seguro que si pero ¿quien nos motiva? ¿a donde nos lleva todo esto?? Nos empeñamos en hacernos daño,en utilizarnos, en herirnos. No tratamos de pasar los días envueltos en la burbuja de la sensatez, de tratar de hacer feliz a la gente que nos rodea. Nos complicamos demasiado y la verdad que empiezo a pensar que nos gusta. Es brutal la cantidad de preocupaciones que tenemos día a día, sin reparar en que en la sencillez esta la felicidad. El simple hecho de llevar una sonrisa en la cara es motivo de crítica, ¿pero por qué?. De verdad que no nos entiendo, y me incluyo yo, porque puede que yo sea el primero de los mortales que sufre ese mal que llamamos envidia. Y la envidia aunque sea sana no deja de ser envidia, y puede hacer daño. Mucho daño. Es un arma arrojadiza, tan pronto está sujeta como cobra vida y lanza actos y sentimientos escondidos dentro de lo más básico del ser humano. Hay corazones que intentan huir de todo eso, pero es una burbuja que nos encierra y nos ata, nos obliga a ver lo que hace el que tenemos al lado, compararnos continuamente. En lugar de llenar nuestros objetivos de elementos que nos beneficien, nos preocupamos de asaltar los proyectos de los demás. No buscamos el consenso, no queremos unidad de un todo, preferimos el individualismo.


Hablando de esta palabra, individualismo... la analizo y veo que es injusto que dentro de ella este la palabra dual, la cual quiere decir de dos, la que nos procura la pareja, la compañía, la del ser humano. Imagino que el origen de esta palabra será individuo, es mas de uno mismo, mas propia, mas, y vuelvo al origen, es más egoísta. El ser humano esta lleno de matices ricos en sentidos, en culturas, en armoniosos sentimientos y sentidos. Tenemos la capacidad de reír y llorar al mismo tiempo, o al revés de llorar y reír. Existe una gran diferencia entre ellas. Podemos reír y de tanto reír, de la felicidad mas absoluta se nos escapan lágrimas furtivas como niños que acaban de robar unos refrescos en el super de la esquina de casa, pero también podemos llorar y reir, mas complicado quizás pero más impulsivo. Primero lloramos y después de tanto llorar, es cuando la duda nos vuelve a asaltar la cabeza. ¿Merece la pena? Y nos sentimos ridículos, nos sentimos mínimos, una pequeña partícula dentro de la galaxia es lo que somos. Y nosotros que florábamos pensándonos el centro del universo. Entonces vuelve a aparecer ella, la envidia. La sentimos propia. Nos araña por dentro, nos llena de jirones el alma, nos deja de latir con fuerza el corazón. Todo se desacompasa. Todo se hace frío, entonces como hoy, el día se vuelve gris y llora aunque a veces salga el sol y se ríe de nosotros.

sábado, 14 de agosto de 2010

Te llevaré

Te llevaré desde tu caída
hasta el cielo para hacerte volar,
porque si te hace falta una mano
la mía ya sabes que ahí siempre va a estar.

Te llevaré dónde me pidas,
porque me has ganado el corazón,
y no, no es amor, es amistad,
porque te siento frágil y sencilla
y con mirarte te pueden quebrar.

Te llevaré sobre las nubes
a una playa desierta
para sentarme a charlar,
para contarte mis experiencias
y oírte descansar.

Te llevaré princesa de primavera,
flor hermosa del jardín del Edén,
te llevaré donde me pidas,
sólo dime ven y allí estaré.

Te llevaré porque puedes contar conmigo,
porque no todos somos igual,
yo, por mi parte, soy sólo tu amigo
y lo único que quiero es tu felicidad.

Te llevaré,
si llegas tarde a casa vente conmigo,
te hago un hueco entre mis alas,
pronto veremos el horizonte,
ahí está tu nuevo hogar.

Te llevaré príncesa mia,
te llevaré, y desde el silencio de la noche
cuando el viento comience a despertar,
no te sientas sola,
sabes que mi abrazo te cubrirá.

Llévame

Al ocaso me sentaré en mi azotea,
encenderé dos velas
y me dejaré llevar donde me quieras llevar,
a conocer nuevos mundos, nuevas gentes,
costumbres distintas a las nuestras,
a naufragar cada noche en una estrella.


Quizá tengamos suerte esta noche
y nos sentemos en una fugaz
que nos descubra paraísos imaginarios,
nos enseñe rincones que
ni tú ni mi incredulidad creían posible.
Hace apenas diez minutos que te conocí,
y ya sueño contigo y con mil cosas por vivir.


Llévame a los aromas a café,
a los vuelos alegres de las faldas,
a los callejones de la soledad
donde los duendes salen a pasear
y se refugian en las melodías anárquicas
sin ritmo, sin tempo, sin son
pero con el alma que le pone
el que sabe más que nosotros
de eso que dicen llamar amor.


Llévame a tumbarnos sobre la arena del mar,
a cerrar los ojos y soñar lo mismo que tú,
tener las mismas fantasías e ilusiones,
tener las mismas ganas de volar.
Espera se me olvida el equipaje;
no lleves nada, me dices tú,
te arroparé con mis besos
diluidos en ácidos de románticos abrazos.


Me dijiste algo acerca del corazón,
ya recuerdo,
me dijiste que quedaste anclada en mi interior,
que lo quemarías con amor,
que te grabarías a fuego,
que tatuarías mi piel de caricias.


Lo único que te pido
es que donde me quieras llevar, me cuides,
ahora mismo no tengo fuerzas,
pero sé paciente, no desesperes
que mi cuerpo está allí contigo
y pronto llegaré en alma
con ganas de amarte, de hacerte sudar,
de amarnos como locos,
como la primera vez, como la fuerza del Big-Bang.


Llévame donde me quieras llevar,
seguro que es un precioso lugar,
no hace falta descubrirte ahora,
que confío en ti,
sé de sobra que me cuidarás.
Aunque no te conozca de nada,
tu rostro me inspira confianza, tranquilidad,
tus gestos son trazos de pincel sinceros.
Llévame donde me quieras llevar,
pero no te olvides de cuidarme
cada mañana al despertar,
tú eres una experta de este arte
y yo acabo de empezar.

jueves, 12 de agosto de 2010

Mil lágrimas de soledad

Mi sangre corre envenenada
y no hay mas antídoto
que los besos que me das.
Recorro los días tras tu sombra
alargada por el Sol
que comienza a despuntar.

Te busco entre mis sueños
en las noches llenitas de soledad,
en los brazos del pasado
tatuados en la piel
la verdad de la palabra amar.

Te busco incendiado por tus ojos,
por las llamas
que prendiste en mi interior
cuando sin motivo aparente
me dejaste de mirar.

El ácido del recuerdo,
desvirtúa la realidad
difumina los momentos
y nos marca el presente
con gotitas del pasado
que nos marcan lo que pasará.

El tiempo va pasando
y no te puedo encontrar,
me faltan tus caricias
las que visten mi piel
cada vez al despertar.

Me faltan tus besos,
pecado de dulce
leche y azúcar de tu tez,
me faltan tus abrazos de alma,
los que se dan sin tocar,
los que no hacen falta dar.

Me faltas tú, mi amor,
me faltas tu
y me sobran ellas
mas de mil lágrimas de soledad
derramadas en este vacío
que dejaste al marchar.

sábado, 7 de agosto de 2010

Juan y María

Se desprende una lágrima del cielo al atardecer y la tormenta de sentimientos que estalla porque ella quiere volverle a ver. Suenan truenos producidos por el dolor de las entrañas, mezcla de tonos malvas con la luz del día. Ella se sentó a esperarle como todas las tardes en aquella piedra a los pies del camino, y él bajaba de la montaña entre los trigales sin segar, discreto, sigiloso, para no levantar revuelo. La luna era cómplice de ese amor en medio de una guerra. El mundo estaba en contra de aquel amor. Derechas o izquierdas, nacional o republicano. Da igual, el amor sólo tiene un camino, la verdad, sólo entiende un idioma, amar, solo tiene una bandera, la que se teje cuando los sentimientos son únicos, la que ondea el viento de libertad.

Los más mayores del lugar no entendían cómo María se pudo enamorar de Juan. Ella una joven acomodada, hija de un terrateniente del lugar, bella dama de hermosas figuras, educación exquisita, distinguida de la media de aquella baja sociedad. Él, sin embargo, se había criado en el campo, su libro eran las mulillas que tiraban del carro, y apenas sabía escribir. Sus manos encalladas, su piel morena abrasada por las duras jornadas de labranza.

El estallido de los cañones hizo que Juan se adentrase en el bosque, María sentada sobre la piedra, recordaba que llevaban un año ya viviendo de la clandestina complicidad de los duendes del camino, de las sombras de la luz de la Luna, que habían pasado de todo, calor y frío, lluvias, nieves, todo tipo de inclemencias que no sólo eran meteorológicas.

Esa noche como tantas, María subió la cuesta de casa en busca del camino, el Sol se resistía a pasar a un segundo plano y la Luna como ocurre todas las noches de verano brilla desde su trono luciendo el vestido de lentejuelas que le hacen las estrellas para salir a la fiesta de los amantes, escondidos de las luces brillantes. Por fin, tras casi una hora de paseo por el campo llegó al lugar, allí descansaba inerte su piedra, donde Juan la había mecido en sus rodillas otras noches, donde habían cenado algún mendrugo de pan, cuando no había que llevarse a la boca; donde escondidos de los cascos de los proyectiles que volaban sobre sus cabezas se juraron amor eterno. María soñaba con una noche sin guerra, con una noche cuidando de su maqui escondido entre las ramas, pero esta vez perdido entre el perfume de azahar de las sábanas. Noches atrás cuando acariciaba su fuerte torso, soñó con ser madre de seis hijos, criarlos de manera tradicional, dentro de los valores de la familia, creciendo dentro de una relativa normalidad un pueblo sin guerras ni historias que contar.

Pasaba el tiempo y allí seguía María sentada. Continuaba soñando despierta, recordaba como había crecido todo aquello en su interior. Recordaba la primera vez que vio a su Juan. No tendría más de catorce años y escondía sus ojos tras la visera que llevaba en la cabeza. El padre de Juan fue a ver al terrateniente para negociar el arrendamiento de aquellas tierras, confirmar porcentajes y jornales. Juan no tenía edad para acuerdos pero se encontró con ella. María tenía trece años y estaba sentada leyendo un libro en el jardín delantero en un columpio que empezaba a notar el paso del tiempo. Vestido largo blanco, parecía una novia. Su melena de color marrón lucía al viento, que jugaba con ella a levantar la falda que escondía sus tobillos. Juan la descubrió y se enamoró, ella no vio mas que un chico del pueblo.

Aquella fue la primera vez que se vieron, y Juan quedó prendado de aquella niña. Ella era la auténtica motivación para levantarse todas las mañanas para ir a trabajar, mientras preparaba los útiles para comenzar la jornada junto a su padre, no pensaba más que en el viaje de vuelta a casa a medio día para comer y poder cruzarse con ella. Un día el padre de Juan, al haber algo más de faena de la habitual se quedo en el campo comiendo junto con el resto de trabajadores, pero Juan, en su rutina habitual, volvió a casa. Pero algo ocurrió en esa caminata; al pasar por delante de la casa del terrateniente, se cruzó con María. Bella, hermosa, diamante de carne y hueso. El tiempo se paró cuando su mirada se topó con él. El reloj dejó de correr y un rayo partió el corazón de Juan, que le dijo:

- Buenos días...
- Buenos días - contestó la joven
- Tu eres María, ¿verdad?, la hija del señor. Yo soy Juan, el hijo de Román, quien trabaja la tierra de tus padres.
- Hola Juan, encantada de conocerte. La verdad es que te había visto por aquí alguna vez, siempre vas junto a tu padre y los otros hombres. Además ya sabes que mi padre no ve bien que hablemos con la gente que trabaja en casa.
- Pero yo no trabajo en casa, yo estoy con mi padre en el campo...

La vergüenza y el miedo se apoderó de ellos y ambos soltaron una carcajada ante las palabras de Juan. Así es como empiezan todas las historias, con miedo, no vaya a ser que nos roben el alma y no podamos volver a amar. Fueron pasando los días y cada vez era más frecuente verles hablar.

Un día de tormenta, Juan y su padre no pudieron ir al campo a trabajar, era imposible realizar las tareas diarias con tantísima agua que caía. Al amainar el temporal, Román; mandó a su hijo a comprobar las tierras. Juan corrió hacia el campo, se esperaba algo más de lluvia, al menos eso intuyó su padre al mirar al cielo la noche anterior, que al día siguiente llovería bastante. Empleó un rato en comprobar que estaba todo en orden, la tierra había absorbido bien aquel diluvío, excepto en los viñedos que debido a la baja altura de los mismos, los charcos, hacían peligrar el fruto. El joven hizó agujeros en la tierra para que el agua fluyera mejor tal y como le había indicado su padre.

A su vuelta a casa por el camino, comenzó a llover, era cerca de la una del medio día y a lo lejos de aquella era, junto al camino vio a alguien venir de lejos. No esperaba cruzarse con nadie, hacía un aire tremendo, y el agua golpeaba con la misma fuerza en el rostro como lo podía hacer un manotazo. Al ir acercándose, descubrió quien era la dueña de aquella silueta. Era María. A Juan, el corazón le comenzó a bombear sangre como si se hubiese abierto la compuerta de una presa. Aceleró el paso y llegó a María.

- ¿Dónde vas chiquilla?- María llevaba los zapatos y la parte de abajo de la falda llena de barro. La blusa empapada, el pelo se le había ondulado. A pesar de todo, para Juan estaba preciosa.
- A casa -contesto con medía sonrisa- que vengo de clase y hoy mi padre ha quedado a comer con el alcalde y no ha podido venir a buscarme nadie.
- ¿Te acompaño? - Le preguntó Juan
- ¿Quieres? le contestó a modo de pregunta ella.

Juan no contestó.Tampoco hizo falta, se giró, se quitó la chaqueta que llevaba puesta y ambos cubrieron sus cabezas con ella, para evitar mojarse mas. Durante aquel paseo de cerca de una hora, quedaba un kilómetro de camino hasta su casa. Durante aquella caminata, los dos estuvieron más juntos que nunca desde aquella primera vez. Sin contacto físico no nace el amor y nunca antes habían estado tan unidos.

María recordaba con cariño aquellas historias sentada en su piedra. La noche cada vez se oscurecía más, esa Luna otras veces cómplice se puso un abrigo de nubes negras. Hacía frío y Juan, no llegaba. La preciosa joven se ponía mas nerviosa a cada minuto que pasaba, sólo le consolaba que estaba convencida que pronto iba a llegar su momento. El silencio de aquel lugar empezaba a romperse... se oían ruidos. María se sentó en el suelo y apoyó su espalda en la piedra para protegerse de lo que viniese por detrás. El sigilo ya no existía, se oían ruidos de gente desplazándose al frente, serían unos tres o cuatros. A su espalda también se comenzaban a escuchar movimientos.- ¿Sería Juan? se preguntó la joven, quien estaba haciendo esfuerzos por quedarse quieta y no girarse. Los ruidos que se oían al frente empezaron a hacerse más firmes, incluso, a pesar de la noche había conseguido distinguir alguna silueta. -¿No serán soldados?- se preguntó mientras pensaba en Juan, sólo deseaba que no fuese uno de los ruidos que se oían a su espalda. Tras la piedra, los movimientos habían cesado. La tensión crecía segundo a segundo.
- María... se oyó un susurro
- ¿Juan? contestó la joven
De repente se oyó al frente el vuelo de un pájaro de acero, una estrella de la muerte, un proyectil de odio sincero, y un golpe seco. Todo se volvió claridad. Blanco, paz, silencio...
-¿Juan eres tú? se preguntó entre tinieblas de dolor.
- María amor... se oyó un grito desgarrador.
María y Juan... Juan y María... ¿Quién sabe quién? El uno se llevo al otro, el disparo arrancó a los dos, el amor se diluyó como agua. Sólo queda el recuerdo sincero, sólo queda el verdadero corazón del ser humano que quiebra vidas sin compasión. Sólo hace caso a sus ideas que dirigen a su corazón.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La foto

Hoy subí a tu casa por primera vez y allí entre los recuerdos de un momento seguía él. Aunque solo fuese colgado de una vieja foto, y no son celos porque todos tenemos un pasado, y aunque queramos el pasado es lo único que no podemos cambiar de las vivencias que el tiempo nos ha robado. El pasado permanece inalterable, inamovible a cada nuevo instante; el pasado perdura en el tiempo y tiene la capacidad de modificar nuestra vida a pesar de las ideas, las venideras y las que ya están. Ese fenómeno me estremeció, cubrió mi corazón de miedos llenos de claroscuros, y mi nubes grises llenaron por completo mis sentimientos. Fue mi peor momento, porque todo lo demás llego rodado, los besos sin pasión, las caricias, las risas forman parte de nuestro pasado. La verdad que no me apetecía seguir con aquella farsa pero por ti continúe aún con aquel puñal en mi corazón clavado.

Te confieso que en cuanto pude, salí corriendo de aquella habitación, no aguantaba ni un instante aquel rostro clavándose en mis pupilas mientras tú estabas acompasando tus latidos con los míos, no soportaba tener que besarte y que en el hilo de ojos que quedaba abierto mientras nuestros labios se fundían se colase su ilusión. Me envenenó por dentro, me utilizó y fue él quien hizo el amor contigo aquella noche, estaba poseído por sus gestos. Quizá fue por eso por lo que aquella fue vuestra mejor vez, porque yo allí no estuve, era un mero espectador de mi cuerpo. Recuerdo tu mandíbula apretando contra mi hombro mientras besabas ese cuerpo que era mío pero que no era yo, tus brazos atando mis movimientos a tu elección, tus uñas tatuando en mi piel los restos de una noche de amor. Cuando el climax se hizo patente la foto salió ardiendo, dibujó una llamarada como si de una explosión se tratase, y quedo reducida a cenizas, sin esperar resurgir como un Ave Fénix. Algo salió por mi boca después de aquello y se escapó de mi un gemido de dolor o de pasión, nunca lo sabré, solo pude entrever tu gozo y tu calor, en definitiva descubrí quien era para ti ese que sabía hacerte el amor.

lunes, 2 de agosto de 2010

Estrellita de primavera

Que tengas buen viaje
pequeña y graciosa
estrellita de primavera.
Hoy dejas de hacer reflejo
en la piel de mi ventanal.
Te marchas para pronto volver,
para dar luz en otras latitudes,
enamorar otros corazones
y descubrir nuevas emociones.

No dejes de brillar
junto al balcón de la Luna,
pequeña y graciosa,
eclipsando con tu centelleo
su indiscreta belleza
de mujer de curvas pronunciadas
y aromas de rosa y jazmín.

No olvides llamar cuando llegues,
estrellita de una noche de primavera.
No te olvides de encender la alarma del cielo
cuando se aproxime tormenta,
se que te dan miedo
y yo siempre trate de darte calma
desde el interior de las llamas
del fuego que enciendes en mi razón.

Sorprende a nuevos amantes,
descubre otras estrellas fugaces,
y escapa aunque sea de día
para venir aquí cerca a verme
para bajito y al oído decirme
que aunque sea tu amigo me quieres,
y que cuentas conmigo
para vivir nuevas aventuras
las que sabes que pronto vienen,
para sentir otras desventuras
las de las tragedias
que los sentimientos nos ofrecen.

Alumbras mis noches de soledad,
pequeña y sincera
con un brillo sin igual,
desde la distancia
añoro tu abrazo de alma
puro y virginal,
echo de menos tu esencia
y besarte la mejilla al llegar,
echo de menos tu risa,
y tu soneto de luna al respirar.

Nunca me llenaras de caricias
ni de hermosas palabras,
no creo que las vaya a encontrar
y eso me duele...
me duele el cascabel que rompe
tu silencio al caminar
pequeña y graciosa
estrella de esta noche
en la que baño mis pensamientos
dentro de la espuma de nácar
con la que nos funde el mar,
dentro de lo que nos regala
la tranquilidad del alma
cada mañana al despertar,
sentado cerquita de mi sueño
abrazado a esta maldita soledad.

domingo, 1 de agosto de 2010

Las ideas y el ideal

Silencio se piensa... El escritor se sienta al lado de un papel, en un banco del parque
y espera a que lleguen las ideas. Son las 7 y 25 de la tarde y todavía no han llegado. Como es habitual en este tipo de citas, ellas se suelen hacer de rogar. Normalmente suelen venir maquilladas de melodramas, de romanticismo y de misterio, pero hoy no, hoy probablemente no lleguen. Ayer discutió con ellas y le dijeron que no volverían a pasear por aquel bosque de emociones con él, que se quedarían colgando de la estrella polar, solas y sinceras derramando lágrimas en forma de letras descolocadas, sin orden ni sentido para que se los pensamientos y las confunda con sus ilusiones ópticas. Es lo que tienen las discusiones de pareja que siempre hay un momento para el reproche, para el desaire y la obstinación. Simplemente por el hecho de llevar razón somos capaces de olvidar lo que hay dentro de nosotros, dentro de un sentimiento, de una unión sin limites por amor, por cada latido del corazón.

Silencio se piensa... Son las 7 y 40 de la tarde, y las montañas de hojas caídas de los árboles en otoño, vuelan sobre los pies del artista. ¿Melancolía? Se pregunta discretamente el joven mientras que sus pies quedan cubiertos de restos del calvo sexagenario que se mantenía de pie justo detrás de él. Alguien que un día quizás dio una sombra alargada y robusta, alguien que miraba resplandeciente y por encima del árbol a sus vegetales vecinos. El joven literato, descriptor de sentimientos nota algo cerca, siente su aliento, su perfume, quizás sean ellas, sus amadas ideas. De repente, se gira y a lo lejos aprecia como deambulan en el parque huidizas y asustadas una sucesión constante de miradas cruzadas. Temblores desconocidos de aires febriles y miedosos. La palomas sobrevuelan las carreteras del cielo utilizando los carriles a contrasentido, los perros atemorizados se esconden tras las piernas de sus dueños. Alguna piedra, ser inerte como pocos, se mueve dos palmos a un lado y se camufla entre los bordillos que separan el paseo del jardín. Son ellas, ideas... son ellas más fuertes que nunca. Su gesto preocupa al joven que piensa en un posible divorcio ideológico, medio en broma medio en serio y a modo de soltarse la tensión de las manos estira sus dedos y se pone en pie.

Silencio se piensa... Son las 7 y 45 minutos de aquel ocaso del día. Las ideas llegan tarde, pero llegan. A fin de cuentas muchas veces los amantes se contentan con que llegan, aunque no haya rastro de los besos, de los abrazos, de los gestos. Ellas se plantan frente a frente con el dueño de la pluma de emociones de papel, y le miran. Silencio. Los ojos incendiados de fuego, ¿fuego de ira o de amor? ¿Te marchas para no volver o ya estás aquí porque has vuelto?¿Dónde has dejado escondidos los sueños que tenía cuando estaba enamorado? Las dudas le asaltan y ellas continúan calladas, ellas permanecen quietas frente a él.

En un momento dan un paso al frente, el aire se para, se congela el agite de los árboles, los gorriones dejan de cantar, y la boca del escritor se acerca poco a poco a los labios de las ideas. Se siente el amor, se siente el calor, pero... todo da un giro de noventa grados y el autor se da la vuelta, y mirando atrás camina y grita:

"A mi no me hagas esperar, si me quieres vienes y ya esta. Si me quieres dar un abrazo me lo das, pero rencores los justos que no quiero estar por estar."

Sin más el joven prosiguió su camino, llego a su casa y lo demás ya os lo podéis imaginar, ¿o no?. Total ya da igual el hecho es que todos exigimos sinceridad.