domingo, 25 de diciembre de 2011

Azul (Y allí estabas tú... )

Y allí estabas tú...
Mire a tus ojos y vi el mar.
Me bañe en ellos,
nadando entre rumores
y peces marinos de sal.
Entre las sonrisas
que me regalas gratuita,
sólo por mirarte una vez más.

Y allí estabas tú...
Entre la inmensidad de la vida.
Entre los besos de caramelo,
y las claras de este Sol azul
que a veces tímido nos ilumina
cuando tus párpados se apagan
y se pliegan con esa falda y su tul.

Y allí estabas tú...
Escondida entre el verde azulado
de los bosques de los amantes,
y el color azul eléctrico
que brilla en tus ojos diamante
mientras nos amamos en el místico
de la sombra en que me refugiaste.

Y allí estabas tú...
Donde nadie te podía ver,
dónde las sombras de color azul
se esconden y vuelven a los jardines
para convertirse en flores
que adornen con el prohibido Edén.

Y allí estabas tú...
y tú, y tú, y tú,
y solamente tú.
Entre estrellas del cielo
y escondida tras esa mirada,
la hermosa mirada de azul.

Miénteme

Miénteme y dime que me quieres,
aunque sea de noche y se haga tarde.
Aunque mañana tengamos que madrugar
y haga frío en la calle
yo te prometí una noche eterna,
mientras sintiese tus brazos
alrededor de mi condenado corazón.

Miéntete y di que nadie
te hace sentir como yo,
aunque tengas más amantes
que colgantes de diamantes,
aunque no queden estrellas en el cielo
yo fabricaré con ellas
ese deseado collar de brillantes.

Miénteme y dime que fui yo
quien te enseñó a amar,
entre el rubor de las olas
y la espuma del mar,
bajo el brillo de la Luna
que deje colgada en el techo
antes de que pasase el día una vez más.

Miéntete y di que no hay
ni verdad mas absoluta
que lo que dice mi corazón
cuando estamos a oscuras
es lo mas hermoso que has escuchado
antes de que despierte la mañana,
antes de que te haga
de mis inmensos sentimientos recluta.

Miénteme y dime que iremos al cielo.
Que nadie robará las sonrisas
de tu rostro si no soy yo.
Que nadie vendrá a buscarte
a la sombra de tu ojos,
porque tus ojos son inmensos
y yo no puedo dejar de amarte.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Dios está inspirado

Cuando Dios está inspirado
pinta cuadros en los lienzos del cielo,
para que los disfrutemos
con los ojos que del niño
que nunca perdimos.
Siempre seremos sinceros.

Una suave danza de espuma y sal,
y los mares que se unen
para hacer sobre ti la coreografía mas hermosa
que jamás podremos volver a disfrutar,
los paisajes son paletas de colores
que adornan la soledad.

El Sol brilla en lo alto,
incandescentemente impaciente.
El Sol son átomos de sentimientos,
son moléculas de amor
que a veces gusta y otras duele.

Desperté con los pétalos de tus flores
esparcidos por la seda de esta cama,
y su perfume pegado a mis sábanas
para torturarme dulcemente,
para enloquecer con tu ausencia calma.

Cuando Dios está inspirado
hace piedras preciosas como tú
y las toca con su varita
para que comiencen a andar,
y a contonear sus caderas,
para hipnotizar al rey de tus caricias.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Hoy se ha declarado la guerra

Hoy se ha declarado la guerra
entre el no y el si,
entre el tal vez y el quizas...
Hoy se ha declarado la guerra
entre las ideas firmes
y las dudas que tendrás...

Hoy se ha declarado la guerra
entre el corazón y el sentimiento
que quiere marchar.
Hoy se ha declarado la guerra
entre el anhelado pasado
y los dias que vendran.

Hoy se ha declarado la guerra
y un beso tuyo
nos devolverá la paz,
a las fibras nerviosas
que nos vestirán de blanco
a orillas de la frontera de Amar.

Hoy se ha declarado la guerra
por mucho que me empeñe en enterrar
las palabras del pasado,
las que se dicen sin pensar,
las que tienen mucho de corazón
y poco de verdad.

Hoy se ha declarado la guerra,
y ahora mueren a mis pies
las flores marchitas que dejaron de crecer
con tu ausencia y mi soledad,
hoy se ha declarado la guerra,
a los corazones olvidados por odiar.

Hoy se ha declarado la guerra,
una guerra sin enemigos,
sin campos de batalla,
sin más armas que los besos,
sin sangre, sin muertos,
sin olor a polvora lista para disparar.

Hoy se ha declarado la guerra...
Una guerra que destruirá
cadenas y cárceles...
Una guerra colmada de valores humanos,
una guerra en que la palabra Libertad
presida el gobierno del estado Amar.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

99... y Cien

99… ¿Cuántos de nosotros
llegaremos a contarlos
sin olvidar los números que quedaron
por detrás desperdigados?

99… Son las veces que me he caído,
una menos de las que me he levantado
por muy hondo que me hayan derribado,
aún escarbando en el pasado.

99… Y descanso, tranquilo y reposado
a la luz de las velas,
absorbiendo el perfume de tu cuerpo
que se quedó en el baño.

99… Es la perfección incompleta,
es casi cómo tú, es casi como yo.
Sólo seremos perfectos
si nos quitamos las caretas.

99… Son las notas escritas
durante un año de más alegría que soledad,
un año en el que se ha cerrado
casi un círculo que tenia ganas de terminar.

99… Son las ganas que tengo
de que ese fenómeno que se llama A,
llegue a mi puerta y la derribé,
pero que esta vez pase y se quede a cenar.

99... Es un número incompleto
y si otro nueve le añades
es un trío infernal
cuando le dé por girar.

99... Es la más pura perfección,
una alineación de astros puede formar
si añades la unidad que falta al centenar,
si añades una sonrisa me gusta más.

100... Colorín colorado
este cuento ha terminado.
Ahora sí los versos que he escrito
son parte del oscuro pasado.

Y soñé...

Y soñé...

Me desperté antes de las seis y allí seguías tú; desnuda, tal y como Dios dejo la obra maestra del ser humano, con el hombre alcanzó el grado de arte, con el de la mujer el de maravilla. Sólo un hombre es capaz de definir lo que se siente cuando algo tan semejante a él es tan perfecto. Mientras que te miraba vi una mariposa posarse en tu hombro, y suavemente aleteó como si no quisiese molestarte; cómo si perturbarte pudiese hacer despertar a los dioses de los infiernos para que viniesen a secuestrarla a todas las de su especie. En ese momento el asombro se cruzó con el miedo. En ese momento el aire dejó de ser aire para ser algo de tu parte.

Afilé los poros de tu piel con las palmas de mis manos, y un suspiro de calma dejó el murmullo del silencio un poco más denso de lo normal. Esa densidad fue la que hizo que me costase abrazarte, la que me impidió llegar a ti de nuevo pero el ímpetu de mis instintos me hizo ser más fuerte que antes y sólo así fui capaz de alcanzarte. Allí estabas tú para recibirme entre perfumes de alma y miradas de luz enamoradas, entre los mimos que le da un caballero a su espada esperando nunca ser desenvainada, afile mis manos de nuevo, y llegué a dónde mi mirada. Me introduje en ti, despacio mientras el frío se convertía en calor y con el calor tu cuerpo tiritaba, se contraía y dilataba sin saber muy bien porque mis manos se tatuaron en tu espalda.

Mis párpados pesaban cerca de una tonelada y entre los besos y las caricias, mi mirada se moría en una oscuridad avergonzada. Entre los giros y los gemidos, entre la parte de mi que pierdo por vivir siempre entre mis sueños, por andar siempre dormido; allí te hallé una vez más, y tu sentimiento me esperaba para que lo llevase contigo al corazón, pero como buen jugador él corazón ya se había escondido en el bar del olvido. Mientras tu cuerpo incandescente, se iluminaba e incendiaba las sábanas de esta cama. Yo no quise apagar ese incendio, no era mi trabajo, tampoco me importaba.

Un hada se colgó del blanco roto de las cortinas y allí entre sus grietas nos protegió para que nuestra atmósfera no se rompiese. Ella hizo que la guerra de nuestros cuerpos no saliese de aquella habitación. Ese era nuestro campo de batalla, aquella cama no entendía como eran los besos los que se disparaban, a veces acertaban, a veces fallaban, a veces era una pelea cuerpo a cuerpo y a veces en la tela de la almohada me atrincheraba. Las ropas se rasgaron, la sangre esta vez corrió por donde debía, hacia el corazón que se llena de amor, que se llena de vida. La sangré se alborotó de celos porque ahora era yo quien te llenaba. Un cuerpo absorbido, unos senos enloquecían los sentidos. Mi pecho como la caja de ritmos incesante palpitaba, y el cabalgar loco y salvaje de mis sentimientos nos hicieron jinetes en el viaje sin regreso al centro de tu cuerpo.

Y soñé... Pero esta vez fue cierto.