viernes, 30 de marzo de 2012

La voz del alma

La Luna se casó con el Sol
y el cielo en su vientre
engendró una estrella...
Quizá no sea la más grande,
y su luz no será la más resplandeciente.
Probablemente tampoco marque el Norte
pero es la estrella de la voz.

Enmudecieron los cantos de Sirena,
y al escuchar tu llanto
en un hermoso Do Mayor.
El silencio sintió celos
porque tu voz suavemente mesó
los cabellos rizados al aire,
y el tiempo imprudente se paró.

Dios te robó del cielo,
y te encerró en la divinidad
de un cuerpo de mujer.
Perfecta obra de arte
eternamente incompleta,
de lineas curvas sugerentes,
de piel brillante e incandescente,
de mirada hermosa y discreta.

Te invitó al pedestal del escenario
para hacernos disfrutar,
de la voz celestial,
de la unión del Sol y la Luna.
de la niña que enseñó a cantar
a las sirenas del mar
mientras la melodía de un saxo,
la abraza antes de dormir,
y la besa en los labios al despertar.

Mañana todo volverá a empezar.
Se reanudará el tiempo.
El aire volverá a flotar.
Y tu estrella volverá a su lugar,
para hacerse grande, para guiar,
para ser la madre del brillo,
la hermosa voz blanca como la luz,
pequeña como un armiño.
La voz del alma...
el canto de un niño.

jueves, 22 de marzo de 2012

Borracho en veneno.

Me emborracho del veneno de los sueños,
y vomito realidades,
me emborracho y navego en los tiempos.
Soy testigo de tus tragedias mortales,
de tus virtudes banales...

Todo aquello que me diste,
todo eso por lo que me gustabas,
hoy ya no vale.
Seremos cometas estelares,
seremos parte de los misterios,
miembros de todo y nada, y ahogados
en las mitades profundas de nuestros mares.

Me emborracho de pena y rabia
de alegría, y sonrisas impares,
me emborracho de los versos
que cantaba el poeta a sus amores,
y los que clavaba a sus rivales.

Me duermo en la resaca
de que ya no queda gente,
la soledad yace a mi lado,
y eres viento, eres nadie.
Eres la fugacidad de un beso
robado a las virtudes celestiales,
a las musas adornadas de flores
que ocultan tras de si
sus tesoros genitales.

domingo, 18 de marzo de 2012

La primera letra del olvido

Tengo miedo a tu luz,
esa que asoma por la ventana
al amanecer en silencio
y sorprenderme desnudo tu mañana.
Siento ser del cielo,
y ser parte de un sueño
que jamás se hará realidad,
porque una vez amé de verdad,
y es miedo lo que siento
al sentir amor una vez más,
siento que no recuerdo como se hacia
ni como se llamaba aquella alegría.

Siento la fragilidad de mi,
siento que ya no estás,
y que yo me fui contigo,
y en lo oscuro de tus pensamientos
sigo anclado, eternamente perdido.
Siento el vacío en la piel,
y una marca de un anillo desaparecido.
Siento el corazón frío,
y su tacto es duro,
y duele saber que sigue dolido.
Cambie de camino,
en busca del sin sentido,
para recuperar de nuevo lo vivido.

Pero hoy no queda un trazo de tu rostro,
no quedan recuerdos ni tatuajes
de tus arañazos en mi torso.
Siento miedo de nuevo,
siento que el cielo se apaga,
y siento que vuelo aunque
a mi no me queda nadie,
ni tú, ni mis mejores amigos.
Me siento un vagabundo herido,
siento que el ciclo se ha cerrado,
y que soy yo quien carece de sentido,
porque cuando todo acaba
nadie se esfuerza por saber
como estas, como te ha ido,
soy la primera letra del olvido.

sábado, 10 de marzo de 2012

Las flores secas dejaron de oler

Caminaba solo entre la multitud,
sin detenerme a observar los rostros,
entre gestos infinitos de ingratitud,
de los iguales, de mi mismo, de los otros.

Y así pasaron los días, apenas sin palabras que dirigirnos. Los reproches guardados en los bolsillos, para que se pasaran los minutos sin hacernos daño. Prefiero no insultarme y llamar a esto amistad, cuando de amistad solo quedan los recuerdos de lo que vivimos, los manteos sin sentir que nos quisimos. Sabemos que esto se acabó el mismo día en que te fuiste y no te supe retener. Me coloqué frente a mi espejo, ese que tantas y tantas veces te conté que me hablaba, que me aconsejaba y que a veces me dolía y me insultaba. Apenas un segundo duró el dolor. Pero fue una estaca clavada en mi pecho, un puñal hincado en mi corazón. Mas miedo que coraje, pero no podía perdonar tú error.

Así sin darme cuenta,
con la solemnidad de la mañana desperté
No había amores, no había amigos,
había gente pero no estaba nadie.

Lo hemos sido todo, y ahora estamos al otro lado de la línea que ambos seguíamos incondicionalmente. Ahora ya no somos mas que dos iguales, somos como ellos. Nos juramos eternidad, y la eternidad llegó en el mismo momento en que pensamos en que nunca nos íbamos a abandonar. Creímos estar siempre unidos, pero me abandonaste por el hueco de la ventana sin tapiar que tengo en el corazón. Por ahí entra el frío en mis inviernos y en verano abrasa el calor, y su color, el blanco, el negro, el fuego que se apaga por el viento intoxicado, de los gases incontrolados, tóxicos por amor. Por ahí, por las rendijas a mi alma, me llenaste el alma de puro dolor.

Tu perfume se fue,
te diluyes sin quererte retener.
Abandóname... Márchate.
Las flores secas dejaron de oler.

Y no, no hablo de traición... No porque ni yo soy vuestro, ni vosotros sois de ellos. Cada cual somos propios, impropios de la palabra que redunda en la razón, entre sueños celeste nos dijimos adiós. Y ahora vosotros voláis libres y yo hablo solo en mi pequeño salón. Bebo un trago de vino, me recuesto en mi sillón. Cierro mi cuaderno a la par que mis ojos, y hago volar mis sueños, con los pensamientos envueltos en el tinte rojo de esta copa y del alcohol que se mece como un bebé en su interior. Acunando mis ideas, intentando ayudarme a olvidar y a decidirme mejor. Intentando que me ame a mi mismo, sin decirme adiós. Ahora de nuevo nado en mares de inspiración. Me abrazo a la imaginación de las historias con las que brindo en mi corazón.

Y te vas... Y no volverás.
Y me voy... y el vacío se perdió.
Y te vas... Sin mirar atrás.
Y me voy... Dejé abandonado el corazón.
Y te vas, y me voy... Y ninguno decimos adiós.
Y te vas, y me voy... Este cuento hace meses se acabó
Y no hicimos nada por la amistad que nos bañó,
porque este sueño que parecía eterno,
como el cristal de mi vaso, se rompió.