jueves, 16 de julio de 2015

Se llamaba Poesía

A todos los poetas se les seca la tinta de sus bolígrafos. A todos ellos se les enfría el sentimiento y hace mella en ellos el sufrimiento sin saber bien lo que les corre por dentro. A todos, sin excepción, a los que murieron de amor, a los que vivieron con la decepción. A todos, porque a todos les late el corazón.

Tumbado en esta tierra mojada de un bosque cualquiera, me acuerdo de los días en que escribía al desaliento, a la crueldad, al dolor de las agujas que se clavan en tu reloj del tiempo. Me acuerdo de bohemia, de como se reían de mi por sentir.

Me acuerdo de como me miraban porque creía que era feliz, y lo era. Lo era a costa de exponer el corazón a los elementos, al sol, a la lluvia, al fuego de mi incendio, a la helada del rechazo de unos sentimientos inciertos.

Y ese era yo, exponía mi piel al sol sin protegerme, y mi corazón latía sin que mi cabeza lograse entenderle. Estaba averiado, estaba incompleto, estaba sintiendo aunque aun no comprendo, aquel TIC TAC del reloj que detenía un sentimiento. Solo ocurría. Solo llegaba de noche, y sin dar las claras del día, se iba. Tenía un nombre. Se llamaba poesía.

Ella vivía en cualquier bar, en el humo de un cigarro apunto de consumirse, en el beso que aquella tarde no me diste. Ella vivía en donde otros labios morían sin decir te quiero, ella no lo sabía entonces, pero ahora sabe que sin ella muero. Ella, que vive escondida entre las telarañas de mis rincones, sabe que no la olvido. Sabe que aún nos queda camino, y esta es una carrera de largo recorrido. "Stop the clock", cuando la ilusión se haya dormido.

Susurrame a lo lejos, que sepa que estás ahí. Susurrame cuando aún no esté dormido. Que todo el mundo sepa que vives para ser testigo, del amor que duele bajo unos pies que pisan cristales rotos y fundidos. Para ser la gaviota que vuela con este amor hasta tu boca, para sentir que estoy contigo. Para que sepas que te quiero, aunque a veces parezca que estoy dormido. Para que sepas que te cuido, aunque esté lejos, porque caminas conmigo.

A todos los poetas se les seca la tinta y otros se les llenan las manos de tiña. El calor de un día de sol sin fuego, el volcán que escupe hielo. El adiós sin beso, y el huracán de un latido antes de decir te quiero. Las tres estrellas que cuelgan de tu manido pelo. El amor que llega sin esperarlo da miedo. A todos los poetas se les seca la tinta y otros escriben aunque el papel se lo lleve el viento. Las palabras quedan en el corazón de los que quieren seguir sintiendo.