sábado, 10 de enero de 2015

Tardes de melancolía

Todo se vistió de silencio,
y el mar en calma se revolvió
para devolvernos
fotogramas de un recuerdo
que habíamos tratado de olvidar. 

El tiempo se puso el traje añil
de las tardes de melancolía.
Nadie dijo que vivir fuese fácil.
Nadie la dijo a tiempo que la quería.
Silencio y tempestad.
Dolor. Dolor. Sin más.

Agachó la mirada al suelo gris
y cruzó vagamente la mirada
por las dependencias semi-derruidas.
Se marchó. Sin mirar atrás. Corría.

Como quien odia mas el pasado
que quien echa de menos lo vivido.
De aquella lágrima que se deslizó
por su cara solo queda el surco
por el que recorrió la mejilla
hasta caer al suelo hundido.

Lo bueno de las lágrimas es
que son como nubes negras,
Cuando se derraman
la paz se apodera de todo
y solo queda un mal recuerdo.

Recogió del suelo
una pequeña maleta cartón
con sus pertenencias.
Quiso dejar atrás sus recuerdo, 
y se marchó sin más.
Caminó hacia un nuevo despertar.

Me olvidé de escribir

Me olvidé de escribir.
Me aleje del papel y sus dudas,
de la tinta y su firmeza,
me alejé de la poesía y de las historias,
las cambié por dormir contigo
y contemplar tu piel desnuda.

Cambié el blanco del papiro,
por tus cabellos rubios platino.
Me cansé de sentir por otros,
e hice lo que me propuso el destino.
Nos dejamos llevar...
Y el resto lo omitimos.

Fuimos amantes constantes,
distantes distraidos.
Amores como los de antes.
Fuimos mas de lo que fuimos
antes de comenzar el camino.
Fuimos... quizás nunca nos fuimos.

Del silencio al ruido
solo nos separa un latido.
Del amor al odio
solo una copa de vino.
Del amor al olvido
solo bastan otros labios
que no son los mios.

Me olvidé de escribir,
aunque creo en las señales del sino.
Me marché sin que os diéseis cuenta,
nunca me echasteis de menos,
y ahora vuelvo sin que mi verdad aparezca,
escribiré cuando me apetezca.