miércoles, 5 de julio de 2017

In Humanos

Somos tan poco, que poco es demasiado para calificarnos. No somos nada, e incluso la nada tiene algo más que nuestras conciencias. Conformistas y egoístas. Necios en cuerpos que no nos corresponden.

No tenemos ni una pizca de amor por el prójimo, ni le cuidamos a él, no somos precavidos con nosotros. Inhumanos sin piel con piel. Seres indeseables, lo que Dios nunca soñó que fuésemos a ser.

Si yo fuese padre... Me odiaria profundamente por traerte a un mundo tan inhumano. Si yo fuese tú, me odiaria por darte una vida si es que la vida se puede llamar así. Porque no somos justos desde el mismo momento que hoy alguien que ríe mientras come y otro llora por inanición.

Somos bastante menos que un boceto en un lienzo en blanco. El garabato de un niño tiene más sentido que nuestros actos. Insensatos, insensibles, incómodos, incorrectos. Tenemos vida que es más de lo que merecemos tener. Introspectivos.

El agujero de nuestro ombligo fue la única vida cierta que percibió nuestro cuerpo. Algunos incluso lo están llegando a perder. Bacterias de carne y hueso. Contaminantes con el medio. Humanos nos llaman sin llegarlo a ser. Nuestra madre es el último ser lo más parecido a un humano que llegamos a ver.

Ahora deja de caer... y eleva tu voz y grita porque la vida la puedes cambiar, con un roce de piel, con una caricia y el buen acto que olvidaste hacer... ahora camina y vuela si lo necesitas, solo es cuestión de tener fé, intenta creer. Cree en ti mismo y cree en mí porque de nuevo puede volver a amanecer.

Que el peso de tu alma te sujete en el suelo. Que nadie nos haga perder. Que vivir sea un acto de vida  que me haga creer en el inhumano ser que hoy da vueltas sin sentido al Sol mientras que el Sol sigue esperando alumbrar un mundo mejor.

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